Los mejores juegos del año 2017 para la redacción de Orgullogamers.
Los Game Awards 2017 han concluido. Los premios han sido otorgados. El juego del año se lo lleva Nintendo con su Zelda: Breath of the Wild. Se podrá estar más o menos de acuerdo con los resultados de la gala de premios, pero eso es lo que hay; no deja de ser una opinión. Ellos han elegido, ahora nos toca a nosotros contaros cuál ha sido el videojuego que ha ocupado nuestra atención durante todo este 2017.
Sabéis que somos muchos en esta página, tantos como «juego del año» vais a encontrar aquí, porque a fin de cuentas es eso… ¿Se puede elegir un «mejor juego de»…? Bueno, la respuesta objetiva es un rotundo sí, pero como a nosotros nos gusta perdernos por lo subjetivo, os traemos lo que a nosotros nos ha parecido el juego del año para cada uno. A fin de cuentas, también es una opinión, solo que a nosotros no nos gusta ponernos límites en las opciones de juego.

Carles
La llegada de 2018 está a la vuelta de la esquina y, después de una larga trayectoria llena de anécdotas, terribles cancelaciones, nuevas propuestas y momentos realmente únicos, toca revisar la lista de todos aquellos títulos que han puesto el pie en el mercado este año y que, de una forma u otra, han estado presentes —y en muchos casos siguen estando— en nuestras recientes sesiones de juego.
Los debates e intercambios de ideas que inundan la Red acerca de aquellas obras que han sido nominadas a GOTY (en los VGA) no han hecho más que crecer estos últimos días; sin embargo, al final, todos sabemos —introspectivamente— que resulta completamente irrelevante quién pueda, o no, llevarse ese denominado «premio». En mi caso, en esta ocasión, escoger la obra a la que yo le otorgaría el premio al mejor videojuego del año no me ha resultado nada sencillo: tantas buenas ideas puestas en escena, tantas intencionalidades videolúdicas distintas, tan poco tiempo… Aun así, aquí estoy, frente a una sempiterna página en blanco que hay que rellenar y no me llegan las palabras, justo cuando más las necesito.
A lo largo de este año he tenido el placer de poder adentrarme en múltiples mundos ficcionales; algunos de ellos me parecieron francamente novedosos, mientras que otros —cuya existencia pensaba ya conocer— se me han presentado bajo miles de variables, y todas ellas han permitido que mi paseo por esos respectivos mundos resultara refrescante y verdaderamente placentero.
Si bien es cierto que este año ha estado plagado de grandes resurgimientos y miradas nostálgicas hacia el pasado, el hallazgo de un nuevo autor que, hasta el momento, había sido completamente desconocido para mí ha sido uno de los muchos motivos que me han llevado a escoger Nier: Automata como mi videojuego favorito del año. Hace unos meses, en esta misma web, le dediqué a la nueva producción de Yoko Taro un pequeño artículo (que os invito a leer), y en él, aparte de hablar acerca de la estructura perspectivista que sostiene la obra, mencionaba cómo el título en cuestión, allá a mediados de verano, ya se había ganado completamente mi corazoncito.
En el panorama de los videojuegos, la relación existente entre estos y la filosofía es, sin duda, un tema francamente interesante, al igual que, por desgracia, uno bastante precario; no obstante, Nier: Automata ha logrado llevar a cabo muchos conceptos que, en un principio, parecían intrazables: ha demostrado que su puesta en escena no es meramente superficial o pretenciosa (aunque, si bien es cierto, en algunos puntos concretos esto último que he mencionado podríamos debatirlo ampliamente).
Pese a todo, el logro que mejor define a Nier: Automata es el hecho de haber conseguido equiparar, a un mismo nivel, la diversión descabellada del género hack & slash (evidentemente exaltando la identidad de PlatinumGames) con la trascendencia filosófica propia del pensamiento existencialista. Además, uno de los puntos fuertes de la nueva producción de Yoko Taro es que el sistema general de la obra no es excesivamente dependiente de su componente más destacable que, como he comentado, viene a ser toda esa clase de corrientes de pensamiento filosófico. Podría dar mil y un motivos por los que Nier: Automata me ha calado hondo, y también mil y un motivos de por qué he decidido escoger este título como mi videojuego favorito del año; pero una de las razones más destacables que elevan la buena construcción de Nier: Automata como videojuego es que en todo momento la balanza está desequilibrada y, obviamente, a favor de la obra: Yoko Taro experimenta con cada perspectiva dada al marco metanarrativo del juego, y eso creo que no solo fortalece su consistencia como sistema (a grandes rasgos), sino que también refuerza la presencia de la filosofía como elemento crucial.
Por último, creo que solo me queda reiterar lo mismo que dije al final de aquel artículo que le dediqué a este maravilloso videojuego: si lo que busca Yoko Taro es que cada proyecto en el que trabaje conlleve la misma dedicación que ha compuesto a Nier: Automata, creo que merecerá la pena tener el ojo puesto en todo aquello que nos pueda ofrecer en el futuro. It’s a whole new world.

Xupalagamba
Lo dije en verano cuando lo terminé y lo repito: mi juego del año es el único que he podido jugar de este año. A pesar de haber probado otros que, aun así, no quiero destacar tanto como este. The Sexy Brutale. Si, como yo, ya no queréis otro fps más, otro mundo abierto más, otro metroidvania más, otro roguelike más… Si, como yo, al mirar las rebajas de Steam andáis buscando algo distinto, The Sexy Brutale es vuestro juego.
Os explico: The Sexy Brutale es un juego en el que hay que evitar que distintos personajes, dentro del casino llamado Sexy Brutale, sufran un asesinato cruel a manos del servicio del lugar. Sin embargo, algo extraño pasa: cada vez que acaba un día, el tiempo da marcha atrás a las 12 del mediodía. De esta forma, podemos resolver cada asesinato pudiendo ver cómo ocurre para idear un plan que lo evite. Un plan, porque no podemos encontrarnos con el resto de personajes en la misma sala (mientras vivan).
Así, nos convertimos en una mezcla entre Sherlock Holmes y Bill Murray, resolviendo asesinatos y empezando el mismo día una y otra vez. Pasamos la mayor parte del tiempo observando al asesino, a los cómplices y a la víctima. Y cada vez descubrimos secretos del casino para poder averiguar cómo salvar a nuestro muerto. Lo mejor de este juego es ese sentimiento de ser como un pequeño ratón, de escudriñar entre bambalinas y ser escurridizo y astuto.
La mecánica de mirar a través de las mirillas de las puertas hace que esta sensación se magnifique, pues no podrás verlo todo; estarás siempre espiando, y cuando alguien se acerque a la puerta, deberás correr o esconderte, pues no puedes estar en la misma habitación que él.
En definitiva, un juego distinto, con un estilo precioso y una ambientación maravillosa. Entiendo a quien no quiera jugarlo, pero es lo más interesante que he podido ver este año.

Pepalexx
En un año que desde ya se puede considerar como uno de los mejores de la historia de los videojuegos, la elección del GOTY suele ser complicada, y en este caso lo ha sido. Breath of the Wild, Horizon: Zero Dawn, Cuphead… todos tremendos juegos y todos merecedores de ser jugados ya por los amantes de los videojuegos. Pero uno tiene que elegir qué juego considera que es mejor, y digo «considera» porque tal elección es totalmente subjetiva. Para mí, Mario Odyssey es el videojuego del año, no porque sea el más innovador o rompa esquemas en la saga —ese honor lo tiene Breath of the Wild—, sino porque para mí era el que más difícil lo tenía: venimos de dos maravillosos Galaxy y un muy notable (y fresco) 3D World.
En este punto todos nos preguntamos: ¿qué se van a inventar con el nuevo Mario para esa pequeña maravilla llamada Switch? La respuesta para mí ha sido bien sencilla: diversión, diversión en mayúsculas. Un juego lleno de contenido por descubrir, un juego para estar horas delante de la pantalla o para disfrutar si tienes media hora libre, ya que en tan poco tiempo puedes encontrar varias lunas (las estrellas de este juego). Con un argumento sencillo que solo nos da pie para arrancar y descubrir a la gran novedad de la entrega —Cappy, el gorro que llevamos durante toda la aventura y que nos da la posibilidad de transformarnos en enemigos, partes del escenario u otros NPC—, se aporta un plus a la jugabilidad como en su día lo fue la gravedad en Galaxy.
Pero lo que me lleva a destacar a la última aventura de Mario como GOTY del año es el homenaje constante que tiene el juego a la saga, un homenaje que tira de nostalgia pura y dura en algunos momentos que hacen que a los más veteranos de la saga y los videojuegos en general no hayamos podido evitar emocionarnos en ciertas partes, que el juego nos recompense con una sonrisa cómplice al ver algunos escenarios y algunos trajes. Y de trajes quiero hablar, porque la cantidad de los mismos que se pueden poner a Mario son sencillamente abrumadora y, en algunos casos, geniales: un elemento más para los completistas, eso junto con todas las lunas del juego (un servidor ha parado en 637) que hacen que sea un juego más largo de lo que a priori parece, ya que completar la historia nos lleva poco tiempo, pero esto, en el GOTY del año, es solo el comienzo…
Selecciona para el verdadero GOTY del año: «Zelda: Breath of the Wild» Fuera de coña, el auténtico GOTY es: «Sonic Mania»

Nero
Otro año más y otro año que nos llegan juegazos de todas las índoles y preceptos.
Como es menester, un servidor ha intentado probar la mayoría de los posibles y, como ya os esperaréis, los primeros puestos estarán ocupados por títulos de corte japonés (porque este año se la han sacado, ¡y de qué manera! xD).
Tercer lugar: Tormentor X Punisher
Un juego arcade directo, bestial y visceral donde controlamos a una tipa con muy malas pulgas. Combos, secretos, frenesí, escenarios cambiantes, jefes toca-pelotas, OST de infarto. Lo tiene todo para desencadenar adrenalina y perder horas con piques de puntuación.
Segundo lugar: Injustice 2
Estaba deseoso de jugarlo. Puede que no sea el mejor juego de lucha o que tenga en su interior prácticas un tanto desleales, como hacernos pagar micropagos por skins premium o las famosas cajas de botín tan odiadas; sin embargo, lo bien que retrata el universo DC, la cantidad infinita de horas que absorberán sus modos y su intrincado apartado de personalización le sirvieron para ganarme el corazoncito.
Primer lugar: NieR: Automata
Los que me conocéis del canal sabéis que soy un fan devoto de las obras de este hombre, por su universo tan macabro y tan profundo que tiene construido a través de toda su ludografía. NieR: Automata supuso el techo de este hombre, dándonos su mejor obra: con un sistema de combate made by Platinum Games, una historia compleja llena de mensajes introspectivos y filosóficos, y una aventura de mundo abierto larga, adictiva y tan absorbente que la realidad te sabrá a poco.
Solo por su inmensa narrativa lo auparía al mejor juego de este año, pero es que lo tiene todo: hasta como hack & slash y aventura de mundo abierto se come a muchos juegos del mercado. Ni que decir tiene su banda sonora; Monaca es de esos compositores que toca, y composición que embelesa y nos destroza la vida por su drama y su poderío sentimental.
Este año ha sido bastante duro escoger los mejores juegos. Hay candidatos muy fuertes que, ya sea por falta de tiempo para jugarlos como se merecen o por impedimentos económicos para acceder a ellos, no he podido catar lo suficiente como para votarlos sin caer en la hipocresía. Sin embargo, lo poco que le dediqué a Persona 5 me ha parecido una jodida burrada de J-RPG, más que digno sucesor de P3 y P4; Zelda: Breath of the Wild rediseñó el concepto de mundo abierto tal como lo conocemos; Mario Odyssey nos trajo otra vez al fontanero en una obra que rememora la grandeza de Mario 64, además de plantar cara a XCOM con su RPG táctico junto a los conejos escatológicos de los Rabbids de Rayman; Assassin’s Creed Origins se ha convertido en la redención de una saga quemada y odiada, con un título que hace sombra a todos los anteriores; y, cómo no, sin olvidar gratas sorpresas como Nioh, Horizon: Zero Dawn o el retorno del dios de los W-RPG: Divinity: Original Sin II.
A lo largo de 2018 esperemos que no salgan más títulos magníficos, porque aún nos queda muuuuucho que jugar de este maravillosísimo 2017.

Chuni
Llega diciembre y, como cada fin de año, llega el momento de recordar y premiar aquellas aventuras que nos han tenido horas y horas frente al monitor. Si nos paramos a pensar un minuto en qué videojuegos merecen el galardón al mejor juego del año, tenemos que reconocer lo afortunados que somos por vivir este presente dentro de la industria del ocio y el entretenimiento. Porque son muchos los títulos que merecen ser nombrados.
Aventuras sobresalientes que rozan la excelencia gracias al mimo con el que han sido desarrolladas. Sagas que sabíamos que no nos iban a defraudar o nuevas IP que nos invitan a soñar con un futuro increíble. Aquellos que vivimos con pasión aquella edad de oro del software español seguimos alucinando con las sorpresas que nos ofrece esta industria. Año tras año, y a pesar de creer que poco más se puede innovar, seguimos descubriendo aventuras que nos dejan totalmente alucinados, ya sea por su apartado gráfico, su apartado sonoro, su estilo retro o por su excelente jugabilidad.
Sin embargo, y a pesar de todo lo positivo que tiene este mundillo y que tanto nos apasiona, quisiera aprovechar este artículo especial para ponerle un pero a esta industria. Una crítica constructiva que no llegará a ningún lugar y que quienes toman decisiones ni siquiera escucharán, pero que estoy seguro de que muchos de nosotros analizaremos como se merece, puesto que entiendo que el cariz que está cogiendo el asunto nos impide disfrutar de este mundillo como deberíamos… Y ese asunto no es otro que su excesiva velocidad.
Títulos que merecen el preciado galardón del mejor juego del año podría citar muchos. Aventuras que seguro mis compañeros se dedicarán a nombrar: The Legend of Zelda: Breath of the Wild, videojuego que merece todos los elogios sin ningún género de dudas; Mario Odyssey y su demostración de que todo aquello que se puede imaginar, Nintendo lo intenta crear; aquel Resident Evil 7 y su ambientación tan terrorífica; Horizon: Zero Dawn y su intento de crear un nuevo universo…
Título a título podría continuar citando y no terminar. Pero como os comentaba antes, mi premio va a ir dirigido a una obra que no ha pasado ni un año desde su lanzamiento y que muchos han olvidado ya. Un título excelente, un videojuego esperado durante años, una historia que merece ser jugada una y otra vez… La velocidad de esta industria lo ha terminado por enterrar. No pudo ser nominado el año pasado por el momento de su lanzamiento, y casi nadie se acuerda de él en el año actual debido a su lejana aparición. Una obra que más que un videojuego merecía la catalogación de arte. Aquellos que me conocéis sabéis que hablo de The Last Guardian.
Recordad el anuncio de su lanzamiento, la ilusión con la que lo recibimos. Llevábamos años esperando la salida de una aventura que sabíamos que no nos iba a defraudar. Más de una década, para ser exactos. Las críticas no se hicieron esperar: su apartado gráfico había quedado obsoleto, su apartado técnico había quedado muy atrás, sus caídas de frames eran errores imperdonables en pleno 2017. Todos y cada uno de sus aspectos negativos convertían este título en un videojuego fallido, un videojuego que debía quedar atrás. Olvidado en el tiempo, en el mayor de los silencios.
Sin embargo, todas esas críticas no hablaban de todos los aspectos positivos de la aventura. Pocas historias narradas a través de un videojuego han conseguido transmitir todo lo que transmite esta aventura: el miedo a lo desconocido, la confianza, la verdadera amistad. Vista desde los ojos de un niño y con la mirada atenta de una bestia.
El modo de contar la historia de esta pareja fue simple y llanamente espectacular: te introduce de lleno en la misma, empatizando con los personajes, queriendo ayudarles en todo lo posible.
Acostumbrados a otras aventuras donde la acción o el dinamismo son los verdaderos protagonistas, The Last Guardian nos trasladaba a un cuento, una historia que conforme iban pasando los minutos nos calaba dentro. De manera pausada, sin prisas, entendiendo el comportamiento de Trico. Sus miedos, su rebeldía. Una historia que consigue, mientras la jugamos, convertir a un personaje secundario en el verdadero protagonista. Nos duelen sus heridas, sus lamentos… La relación —ya no entre el niño y la bestia, sino la nuestra con Trico— traspasa todo aquello que hubiésemos podido imaginar.
Por todo esto, por todo lo que el equipo de GenDesign consiguió transmitir con esta aventura, bien merecen mi GOTY. Un videojuego que rejugué nada más terminarlo con mi hija, puesto que entendí que era una verdadera película interactiva que tenía que experimentar. Sus lágrimas en el momento que todos conocemos me demostraron que no estaba equivocado. Ningún videojuego había conseguido transmitirme todo aquello, y The Last Guardian lo acababa de conseguir. Una historia que se resume en Trico: todo el juego gira en torno a él.
Sin más, comienzo a despedirme, aprovechando la ocasión para alabar una aventura diferente y que la velocidad de esta industria ha terminado por enterrar. No dudéis en echarle el guante aquellos que todavía no lo hayáis hecho, porque merece mucho la pena. Ya me contaréis, cracks.

Dani
Debo reconocer que los GOTY me hacen especial ilusión. No por el hecho de otorgar un galardón —totalmente personal y subjetivo—, no, sino más bien por el hecho de mirar hacia atrás y recordar los títulos a los que hemos jugado este año, los buenos y los malos momentos que hemos pasado frente a nuestra televisión, sin importar la edad o los años que lleves jugando, siempre con la misma ilusión.
Este año no he podido jugar a todos los títulos salidos en 2017 que me gustaría; aun así, al hacer la lista, me he dado cuenta de que no he jugado a más títulos de este año de lo que esperaba. De mi GOTY descarto los juegos remasterizados que, por mucho que me hayan gustado, no son de este año. Así pues, juegos como Yakuza Kiwami, la trilogía de Crash Bandicoot y la colección de Kingdom Hearts —aunque en este caso solo he podido pasarme el primero hasta ahora—. También dejo fuera de la lista las expansiones, aunque este año solo he jugado a una: el punto final de Dark Souls 3, The Ringed City.
Con esta premisa, solo me quedan 3 juegos que pueden ocupar el primer puesto de mi GOTY personal: Nioh, Horizon: Zero Dawn y Assassin’s Creed Origins. Los tres me parecen verdaderos juegazos y merecedores del premio. No obstante, debo puntualizar: a Assassin’s Creed Origins no he jugado lo suficiente, por lo que lo descarto, y lo hago precisamente porque no sería justo otorgarle el galardón a un juego al que apenas le he dedicado 10 horas, aunque os digo ya que posiblemente de los tres títulos sea el mejor, o al menos el más disfrutable.
Descartado Assassin’s Creed Origins, ya solo quedan dos: Horizon: Zero Dawn y Nioh. El primero fue el gran exclusivo de Sony este año: un juego muy bien pulido, con unas mecánicas de juego muy divertidas, una historia que, para ser un juego de estas características, consigue atrapar, y un mapeado de ensueño. Tuvo la mala suerte de coincidir en lanzamiento con Zelda: Breath of the Wild, juego que seguro más de un compañero pone como GOTY, y con razón. Horizon: Zero Dawn tiene todas las papeletas para convertirse en mi GOTY, pero… ¿a quién pretendo engañar? La saga Souls es mi favorita después de la saga Metal Gear, y a falta de un Souls este año, los amantes del género hemos tenido Nioh, ¡y menudo juego!
Nioh es un regalo caído del cielo para todos los soulers que este año nos sentíamos huérfanos de un título de nuestro querido, amado y venerado Miyazaki. Otros títulos como Lords of the Fallen o el de sus mismos creadores este año, The Surge, pretenden imitar el género creado —o al menos mejor explotado— por los chicos de FromSoftware, con pésimo resultado. Nioh no solo ha sabido captar la esencia de los Dark Souls, sino que además en muchos aspectos la ha mejorado. Con un combate más pulido, una mayor variedad de armas y estilos de lucha, y una ambientación prácticamente a la altura, Nioh ha hecho las delicias de un servidor. Hacía mucho que no disfrutaba así de un juego. Hacía mucho que no volvía a sentir esa emoción del combate y esa frustración al perder una y otra vez contra el mismo boss. Porque si algo ha conseguido Nioh, es hacer bajar al fango a los jugadores para quienes Dark Souls ya no suponía un gran reto. Sí, Nioh es mejorable respecto a los Dark Souls, pero en un primer combate, el alumno jamás ha superado al maestro. Así pues, al igual que el año pasado mi GOTY fue para Dark Souls 3, este año el galardón se lo concedo a otro souler: Nioh.

Isthar
¡Muy buenas a todos, orgullosas y orgullosos!
Mi Manny de Oro va a ser algo especial y diferente al de mis compañeros, puesto que está tan de moda el DLC que creo necesario hacer un pequeño apartado dedicado al Manny de Oro al mejor DLC de 2017 (también ha sido así en petit comité, porque este año no he jugado a juegos de salida… bueno, a uno solo: Cayne, juego gratuito que me encantó tanto que me hizo comprarme de la misma compañía Stasis; cosas de ser currante y tener que administrar el dinero).
(No dejéis de lado los juegos gratuitos, hay auténticas joyas escondidas.)
Pero bueno, al tema que nos ocupa.
The Oscar goes to… ¡a no! Esther, que eso no es de aquí. ^^’
The Gold Manny goes to Darkest Dungeon: The Crimson Court
*Tiran confeti, traca… se oyen aplausos*
¿Y por qué creo que se lo tiene que llevar? Muy bien, os lo explico:
Es de los pocos DLC que por muy poco dinero (apenas 9 €) te llevas mucho: una nueva mazmorra (el Patio), un nuevo héroe (el Flagelante), nuevos enemigos (los condes, los mosquitos, el fanático…), nuevos objetos (la sangre, objetos únicos, abalorios especiales de la corte), una nueva enfermedad (la maldición carmesí), los distritos, nuevos mapas, nuevas habilidades, nueva historia y nueva BSO.
Bueno, no me enrollo porque ya me explayé en su día en un artículo para una web muy maja. ^^
Y próximamente tendréis para esta misma web un articulito de su nuevo DLC La Rompescudos, aún más baratito que su predecesor (apenas 3 €), que aparentemente trae solo el personaje, pero esconde muuuucho más.
Próximamente en Orgullogamers: La Rompescudos.

Mario Landflyer
¿Elegir un juego del año? ¿De este año? Pues chungo cubata. Sigo sin mi «nueva generación» en lo que respecta a consolas. Y si hablamos de nueva generación en PC, directamente nos sentamos en un banco del parque, pillamos unos litros y nos contamos nuestras penas, porque mi PC no mueve ni el buscaminas. No llega a tanto, pero, por ejemplo, le intenté poner el Fallout 4 y no pasé del vídeo de introducción, de modo que dime tú, amigo, qué lista de «mejor juego del año» voy a hacer yo.
¿Y para qué leñes participas en esta entrada conjunta? Pues porque no quiero perder la oportunidad de acercarme una vez más al distinguido y dedicaros unas palabras. Porque, pese a no haber disfrutado aún de absolutamente nada de los juegos publicados este año, sí hay una excepción que confirma la regla: he podido ver y medio catar el Profanation 2 para hacer una entrada no hace mucho, y eso me ha hecho reflexionar.
Si esto se trata de decir cuál es el mejor juego del año, ¿por qué no hacer memoria y ver a lo que he jugado este año sin importar fecha de publicación? Este año he hecho de profesor. Mi hijo tiene la edad perfecta para ir educándolo en este noble arte. Y ambos nos hemos pegado unas buenas viciadas a las reinas de los 16 bits: Megadrive y Super Nintendo, tirando de emulador en PC que, gracias a los dioses, esos sí que puede con ellos.
¿Y cuáles han sido los «cartuchos» más usados? Voy a nombrar a los tres candidatos, siendo el primero de ellos el más jugado este año y, por ende, mi GOTY… o mejor dicho, mi «Retro-GOTY»:
3 – Sunset Raiders, versión Super NES 2 – Streets of Rage 2, de Megadrive
Y el número 1, y por tanto mi GOTY 2017, va para:
Flashback, de Megadrive — «Va por ti, Mario»
— Redacción de Orgullogamers —
Orgullogamers es tu web favorita de videojuegos, cine, series, cómics y curiosidades sobre todos tus hobbies.

