Análisis de Hollow Knight: Silksong – Una espera que ha merecido la pena

Arte promocional de Hornet empuñando su aguja frente a un fondo abstracto de fuego y seda en Silksong.

Tras casi siete años desde su anuncio y con un silencio absoluto a su alrededor, ya tenemos entre nosotros el esperadísimo Hollow Knight: Silksong, y en este análisis os contamos qué nos ha parecido.

Ha llovido mucho desde que Hollow Knight salió al mercado. En febrero de 2017 salió a la venta un pequeño juego que, tras arrasar en un Kickstarter, nadie se esperaba que fuese a cambiar irremediablemente el panorama del juego indie. Pero así fue.

A su lanzamiento le siguieron varios DLC, todos ellos gratuitos, hasta la eterna espera del que iba a ser la gran y última expansión: Silksong. Tras años de espera, supimos que lo que iba a ser el broche de oro del juego principal, un DLC en el que manejaríamos a un personaje nuevo, finalmente sería un juego independiente debido a la envergadura del mismo.

Casi siete años después en los que imperó el silencio, Hollow Knight: Silksong ya está entre nosotros. ¿Mereció la pena la espera? Joder, ya os digo yo que sí.

Telalejana, vuelta al hogar

Nuestra historia comienza con una Hornet enjaulada y privada de sus poderes que, por un golpe de suerte, logra escaparse de sus captores -no sin antes sobrevivir a una caída bastante larga- para comenzar, debilitada, una aventura que la llevará a recorrer la nueva tierra de Telalejana.

A diferencia del primer juego, Hornet no es una protagonista muda, y entablará conversaciones con todos los bichos racionales con los que se encuentre. Claro esta, el juego no viene doblado a ningún idioma, pero los diálogos están tan bien escritos que sabes identificar la personalidad de cada bicho con apenas 2-3 frases.

Dicho tal, la historia en este Silksong está más presente. Tenemos un objetivo claro: descubrir por qué nos habían capturado y para qué. Esta tarea, que parece sencilla, nos llevará a recorrer un mapa tremendamente variado pero siempre con un único objetivo: ascender. Algo que, sin duda, contrasta con el primer juego, donde lo que teníamos que hacer era descender.

El juego, además de la trama principal que nos tendrá dando vueltas a lo largo de tres actos -si queremos el final verdadero- cuenta con bastantes misiones secundarias que iremos descubriendo a medida que desbloqueemos los asentamientos de los bichos, así como conociendo personajes nuevos.

Dichas misiones son de lo más variadas y siempre traen recompensa. Ya sea matar a un enemigo poderoso concreto, buscar una determinada cantidad de objetos o llevar algo del punto A al punto B sin romperlo, las misiones secundarias nos aportarán rosarios (la moneda del juego), herramientas con las que personalizar la jugabilidad de nuestra Hornet o mejoras permanentes, como los trozos de máscara que nos aumentarán la vida.

Hornet observa una gran jaula dorada y ornamentada en medio de un bosque verde y exuberante en Silksong.

Con esto quiero decir que nada en Silksong es desperdiciable. Para que os hagáis una idea, completar el juego en los tres Actos me ha llevado cerca de 65 horas y lo he completado al 85%, habiendo zonas grande de mapa que ni he visto. Una locura, vaya.

Pero volviendo a la parte narrativa, Hollow Knight: Silksong se esfuerza por contarnos una historia, tanto por los medios habituales de conversación y texto, como por el escenario. Y es que el escenario cuenta mucho, si lo quieres ver.

Una de las críticas que recibió el juego fue la de los famosos “bancos de pago”, es decir, checkpoints que solo podemos activar si depositamos cierta cantidad de rosarios y que, en algunos casos, se cierran al separarnos unos metros de dicho banco.

Por supuesto estos bancos son los minoritarios, pero es que además están muy vinculados a una zona concreta -no todos, debo aclarar, pero sí la mayoría-. Dicha zona es un área del mapa reservada como castigo de los bichos pecadores, los cuales tienen que gastar su dinero a modo de penitencia. Es decir, si querían descansar, deben pagar. Si querían confesar un pecado, debían pagar.

Son este tipo de detalles los que demuestran el mimo y cariño que los desarrolladores pusieron durante todos estos años a Silksong. Pero bueno, vayamos con el tema principal: la dificultad.

Una tierra bonita, pero despiadada

Git Gud. El meme que surgió con los primeros Dark Souls es la frase que parece decir Hornet al final del primer juego cuando decide ayudar a nuestro pequeño caballero. Un meme que viene a decir que el juego no es difícil y que simplemente debes mejorar.

Y sí, es cierto que en la actualidad es una expresión casi peyorativa que busca señalar que el jugador es un vago que no se esfuerza o que simplemente es malo jugando, pero, en sus inicios, me gusta pensar que era una frase con un significado diferente.

Un significado que yo, personalmente, siempre he aplicado en los juegos difíciles que te dan un abanico de opciones para encarar cada combate. Los Dark Souls y derivados no son juegos difíciles de por sí, simplemente son exigentes. En Dark Souls -por ir al origen- cuando te encuentras con una barrera es tan simple como subir de nivel a tu personaje, mejorar tu arma o cambiar de equipamiento. O simplemente ir a otro lado, algo que se eleva a la máxima potencia en Elden Ring.

Esto mismo sucede con Silksong. Rompamos la baraja y dejémoslo claro: es un juego difícil y que busca ser difícil. Su planteamiento como DLC o secuela muy directa está patente en la dificultad, que está muy por encima de la del juego original. Y no creo que esto deba pillar de nuevas a nadie. El juego original era exigente, ¿por qué este debería serlo menos?

Hornet descansa sentada en un banco de hierro dentro de una caverna llena de musgo y vegetación en Silksong.

Silksong, como buen metroidvania que es tiene en el escenario y en sus desplazamientos una de las principales fuentes de esta dificultad, a veces por encima de los propios bosses. Moverse por Telalejana es difícil y hasta el más tonto de los enemigos puede hacerte un descosido.

Generalmente se señalan dos puntos de dificultad: las arenas de combate y el recorrido hasta los jefes. Sobre lo primero debo decir que, si bien estoy de acuerdo en que se abusa de estas arenas de combate, no me han parecido especialmente difíciles salvo un par de ellas, ya bien entrados en el juego.

Y sobre el segundo punto… vale, estoy de acuerdo en que para algunos jefes hay que recorrer un camino demasiado largo y peligroso, que hace que nuestro personaje llegue mermado al combate pero, ¿de verdad es para tanto? Solo recuerdo dos paseos tortuosos hasta el jefe de turno.

Curiosamente, las quejas en torno a la dificultad que he escuchado rara vez se refiere a los jefes. Y son jodidos, eh. En la recta final hubo uno de ellos que me tuvo a un tris de querer abandonar el final verdadero del juego… pero no lo hice, ¿sabéis por qué? Porque mejoré, como pide el meme.

Mejorar el Silksong implica dos cosas: la primera es la más obvia: mejora tu arma, mejora tu vida, tus herramientas y tus recuperaciones. La segunda, quizá igual de obvia, es la complicada: mejora tú como jugador.

Baila a su son de la canción

Creo que centrar el análisis de Silksong en su dificultad no es una decisión, es una obviedad. Podemos derrochar litros de tinta hablando sobre su excelente apartado artístico y la personalidad que han sabido imprimir en su diseño, pero lo que hizo grande al primero, su núcleo y también el de esta secuela, es el mismo: la dificultad.

Antes he dicho que mejorar en Silksong implicaba dos cosas, y ahora quiero centrarme en la segunda, luego volveré a la primera. Así pues sí, mejorar tú como jugador.

La dificultad en Silksong es la misma dificultad que tiene un baile o una coreografía. En un baile debemos saber movernos al son no solo del ritmo de la música, sino al son de nuestro compañero. Un baile perfectamente medido, en el que cada movimiento viene precedido de otro y cada acción tiene una reacción.

Silksong, a diferencia de lo que pueda pasar en juegos como Elden Ring, tiene unas pautas muy claras: si el enemigo hace esto, tú puedes hacer esto. Si tú haces esto, el enemigo hará esto otro. Es un videojuego muy telegráfico en sus ataques y en la forma de responder a ellos.

Por supuesto, aprenderse un baile es difícil y tendrás que ensayar una y otra vez hasta hacerlo perfecto pero amigo, es que el baile es un arte, no pretendas dominarlo a la primera.

Hornet explora una zona boscosa y pasa junto a una misteriosa estatua de piedra cubierta de musgo en Silksong.

Y no creáis que esto lo aprendí pronto en el juego, no, lo aprendí con el penúltimo boss, aquel que casi me hizo abandonar la partida a las puertas del final verdadero. Lo aprendí tarde porque, hasta entonces, me había servido con mi simple habilidad a los mandos, algo que resultó insuficiente para este jefe.

Karmelita me lo puso jodido porque me rendía antes de empezar a jugar. En lugar de bailar a su son, de reaccionar a sus movimientos con los míos y a tomármelo con paciencia, decidí luchar de una forma diferente a la habitual, una que evitaba, precisamente, el enfrentamiento. Craso error.

Fue tras varias horas de frustración cuando dije que hasta aquí, iba voy a aprender a moverme como ella. ¿Y sabéis qué? Resultó ser uno de los combates más bonitos que tuve. Y con esta mentalidad disfruté como pocas veces lo he hecho de un combate final.

Es cierto que el juego se pone un pelín injusto cuando el combate es contra varios enemigos, o contra un jefe y sus masillas, pero al final la filosofía es la misma: no es un baile de dos, ahora es una coreografía, así que toca aprender a bailar con más gente.

Y paciencia. Si algo recomiendo siempre en los juegos difíciles es la paciencia. Mi filosofía es tomarme los combates como una carrera de fondo, no como un sprint, por lo que simplemente tengo que aprender a esquivar y a golpear cuando esté seguro de poder hacerlo.

Toda esta chapa es para deciros que sí, que Silksong es difícil y que Git Gud, pero en plan bien.

La exploración nos hará mejores

Antes he dicho que una forma de mejorar en el juego es mejorar tu arma, herramientas, vida y todo lo que conlleva al personaje y no al jugador. Pues bien, exploremos esta idea.

Silksong es un metroidvania y, como todo buen metroidvania que se precie, la exploración lo es todo. Con la exploración podremos mejorar al personaje con los típicos upgrades de vida y de daño de arma, pero Silksong va un paso más allá.

Por un lado tenemos las herramientas, que son una suerte de emblemas que nos equiparemos en los bancos del juego y que nos darán mejoras tanto activas como pasivas.

Las hay de tres colores: rojas, amarillas y azules. Las herramientas rojas vienen a ser trampas y armas a distancia que nos permiten afrontar el juego desde una perspectiva más táctica en la que no importará tanto nuestra habilidad como sí la forma en la que usemos dichas herramientas. Por ejemplo, podemos llenar el suelo con pinchos, lanzar un boomerang o utilizar una especie de mosca mecánica para que ataque por nosotros.

Las herramientas azules centran más su habilidad en el apoyo. Aquí encontraremos herramientas que nos protejan al curarnos, que nos curen más, que nos curen rápido o, por ejemplo, que imbuya de veneno nuestras herramientas rojas, mejorando su ataque.

Hornet desbloquea un sello brillante en un árbol antiguo dentro de una caverna oscura en Hollow Knight: Silksong.

Finalmente, las herramientas amarillas son aquellas destinadas a las mejoras más activas. Aquí encontraremos la brújula, el poder movernos más rápido, un mayor esquive o reducir nuestro retroceso al atacar.

La combinación de estas herramientas nos permite adaptarnos a cada situación e ir cambiando nuestra forma de jugar según lo que creamos la estrategia más adecuada. Pero eso no es todo, hay que hablar de los blasones.

Los blasones cambian diametralmente la jugabilidad de Silksong. No, no exagero. Dependiendo del blasón que equipemos atacaremos de una forma u otra. Por ejemplo, el blasón por defecto nos ayuda a generar mas seda -lo que nos permite curarnos- con cada golpe, además de hacer el ataque hacia abajo en diagonal y no en vertical. Otro blasón hará que el ataque hacia abajo sea como en el primer juego. Otro blasón nos permitirá curarnos a base de golpes al enemigo, pudiendo ser muy provechoso en un combate que se base en el intercambio de golpes. Con otro blasón atacaremos más rápido y débil, pero con otro más lento y fuerte. Y así con todo, podremos personalizar nuestro estilo al máximo y adaptarnos a cada situación

Finalmente, también podremos encontrar diferentes ataques especiales, que van desde el básico ataque hacia delante hasta el querido parry, pasando por ataques más convencionales como la generación de seda a nuestro alrededor que Hornet nos hacía en el primer juego.

Total, que explorar nos permite encontrar todo tipo de mejoras para nuestro personaje que sin duda nos ayudarán para cuando nos quedemos atascados en algún jefe.

Pero, ¿cómo es la exploración en Silksong? Amigo, siéntate, y respira.

Un mundo sin fin

Telalejana, como he mencionado, es un mapa grande, demasiado grande y con demasiados secretos.

Voy a admitir una cosa: he jugado a muchos metroidvanias y la exploración es lo que peor llevo. Me cuesta muchísimo recordar donde están las cosas a las que debo volver más tarde cuando tenga cierta habilidad u objeto, por ello siempre acabo tirando de guías.

Y Silksong no se queda corto en absoluto. Durante nuestra partida iremos mejorando a Hornet con habilidades tales como el doble salto, el planeo, la posibilidad de agarrarnos a paredes y un largo etcétera más que nos permitirá dar las vueltas que queramos por el mapa si queremos encontrar mejoras para nuestro personaje.

Esto, sin duda, sumado a la cantidad de secretos que encontramos por el mapa, hace que el juego se vuelva largo, muy largo, si queremos completarlo en su totalidad. Eso sí, Silksong es de los juegos que mejor premia la exploración, así que no dudéis en hacerlo.

Hornet se enfrenta a una multitud de enemigos con cabezas de campana en una oscura mazmorra de Silksong.

Una secuela a la altura

Puf, mucho he dado la turra para decir lo que se puede sentenciar con una sola frase: sí, Hollow Knight: Silksong está a la altura de lo esperado.

Su mundo, sus personajes, la historia, la banda sonora, cada combate y cada enemigo derrocha y evidencia el mimo que ha tenido el juego. Es un título que, si bien no es perfecto, creo que es lo que buscaría cualquier fan del género y cualquier amante de los juegos difíciles.

Mucho se ha hablado sobre las expectativas, sobre la dificultad artificial -llegando a señalar como algo malo que es a Hollow Knight lo que Dark Souls 2 fue al primer Dark Souls, ni puta idea tiene esta gente– y sobre que no es para tanto teniendo en cuenta el tiempo que han tardado en desarrollarlo. Ha generado mucho ruido a su alrededor que ha impedido ver lo que de verdad es: un auténtico juegazo.

Porque sí, Silksong cumple con creces todo lo que prometió y no solo supera al original, sino que, pienso, eleva el género debido a la calidad y al detalle que derrocha en cada pixel del juego.

Hornet lleva mucho tiempo ocupando un hueco en nuestras cabezas debido a lo esperado del lanzamiento de este Silksong, pero ahora Hornet ocupará un hueco en nuestro corazón, pues ya está aquí, con nosotros, y ha resultado ser todo lo que habíamos soñado y más.

Hornet se para al borde de un precipicio sobre un lago subterráneo oscuro en una captura de gameplay de Silksong.
Este análisis ha sido posible gracias al apoyo que habéis brindado a Orgullogamers. Muchas gracias, Orgullosetes.

Arte promocional de Hornet empuñando su aguja frente a un fondo abstracto de fuego y seda en Silksong.
  • La cantidad de contenido que tiene
  • Los combates cuando haces click con ellos
  • Personajes memorables
  • El recorrido a veces es demasiado largo
  • Puede abrumar
  • El Acto 3 es un pico de dificultad
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