The Mound: Omen of Cthulhu atrapa con su selva viva y su locura, pero tropieza en bugs y voces que apagan la magia de Lovecraft.
Es salir un juego de Cthulhu y allá que voy sin mirar atrás. Pero, no siendo muy amiga de los juegos online y multijugador, por muchos tentáculos que tenga, siempre se me hacen bola. Este ha sido una bola muy grande, tentaculosa y selvática, y no solamente por ser online… Hoy os vengo a hablar de The Mound: Omen of Cthulhu.
Como ya he dicho, Lovecraft, su mundo y sus terrores me fascinan. He disfrutado cada juego que ha salido, bueno casi, que en toda bolsa de patatas, siempre sale una pocha. Este juego lo tenía en la lista de deseos desde que se anunció, a pesar de que era para 4 jugadores y de que yo no soy muy de los juegos multijugador.
Para seros sincera, si lo que buscáis es un Call of Cthulhu, seguid con vuestro camino. The Mound: Omen of Cthulhu poco o nada se asemeja al mundo creado por Lovecraft, quizás su misoginia, de la que os hablaré más adelante, pero a decir verdad, tan solo tiene locura y un par de dioses. Pero no me enrollo más y os cuento su historia.

Arrasa con lo que veas y generoso no seas
Nuestra historia comienza en un galeón español, con su cura cristiano y todo, en el que vamos subidos por diferentes motivos. Los motivos serán diferentes según el personaje que elijamos. Tampoco hay mucho donde elegir: The Mound: Omen of Cthulhu no cuenta con un sistema de clases; aquí solo cambia la historia del personaje y algún diálogo.
Como si de un campo de nabos se tratase, y teniendo en cuenta el año de nuestro señor de 1652, no esperéis muchas mujeres: 3 varones y 1 mujer para elegir —Alfonso de la Torre, Leonor, Don Rodrigo de Medina y el fraile Gaspar— (un hombre y una mujer más si tenéis el DLC, que en mi caso pude jugar a la edición tocha). Todos llevan las mismas armas y son igual de endebles frente a la locura de la selva.
Con nuestro personaje andrajoso y de historia muy chunga, en mi caso, la dama había matado a varias personas con una navaja andaluza; nos dispondremos a hablar con el capitán. El motivo de esta expedición es recoger los tesoros y objetos peculiares que encontremos en las selvas y playas, matando y masacrando a todo lo que se nos ponga de por medio.
Cada expedición cuesta x dinero y, puesto que nuestro inventario es irrisorio, contaremos en nuestro equipo con la inestimable ayuda de Fray Perico y su borrico (buey en este caso), que en su hermoso carromato tendremos un baúl para depositar todos los objetos, enseres e ídolos que encontremos.
El objetivo es superar —o al menos alcanzar— la cifra que ha costado la expedición antes de volver a subir al galeón.
Lo gracioso del tema es que hay objetos que sí o sí debes llevar contigo y te quitan espacio para armas o víveres de curación, y otras veces te cargas a un explorador perdido al hombro para tumbarlo en el carromato, y eso no ocupa espacio. Es un peso pluma. Y el carromato no estará de continuo con nosotros, sino que deberemos llamarlo de seguido para ir descargando lo recogido.
Habrá objetivos obligatorios en cada expedición, como conseguir libros, ídolos de seres antediluvianos o rescatar a alguien. Sí o sí, esos objetos o enseres deberán ir en el carro antes de volver al galeón.

Por el caminoooo voy, canta conmigo Lovecraft
Teniendo claro todo lo anterior, es el momento de tocar pasto, bueno, tocar arena y selva. Siguiendo la regla de oro de Los Simpson «A los monstruos no mirar», nos adentraremos en una selva boscosa, húmeda y que, de tener el PC capacidad para sacar aromas, sería maloliente y con olor a muerte.
¿En qué cabeza cabe, teniendo escritos de expediciones perdidas en la locura y la muerte, ver como buenísima idea buscar tesoros por esas islas? Pues a nuestro capitán le parece genial. Y no estamos nosotros para llevarle la contraria, la verdad.
Con un equipo de dicharacheros exploradores, nos adentraremos en un lugar lúgubre, del que saldrán bestias infernales que escupen, y su primera acción es atacarnos. Pero no importa: se mueren a dos espadazos y tres flechazos. Eso sí, deberemos ir todos juntitos, cuanto más juntos, mejor. La selva intentará separar al grupo, tentando con tesoros o rutas, para así poder engullirnos.
La selva y sus caminos están vivos, son un ente sintiente que tiene razón y pensamiento. Está quemada, dolida y se muere. Sus armas son el engaño, la locura y la creación de seres infernales para su defensa. La mecánica principal del juego es comunicarse con tus compañeros, pero en real y por micro. Algo que vi bastante intrusivo y que me molestó bastante es que, a los 20 segundos de conectar el juego, me pilla el micrófono sin poder rechazarlo o bloquearlo. Sí o sí debe estar conectado.
Volviendo a esa mecánica, el juego juega bastante con ella, y es que, al separarte tú u otro compañero del grupo, sus voces se oyen distantes, o incluso no se escucha nada si te has adentrado tú solo y has dejado al grupo atrás. Es en ese momento cuando la selva cobra vida, y por mucho que utilices los comandos para pedir ayuda a tus compis, tu cordura menguará y verás visiones.
No estamos locos, que sabemos lo que queremos
Voy a permitirme autonombrarme medio experta en jueguitos de Lovecraft, al menos en los que he podido catar. Y en este, la locura y las visiones son lo mejorcito del juego. ¡Ay, en cuántos agujeros, fuegos y engaños he caído, creyendo que llegaba a la playa, que me acercaba a mis compañeros o que incluso encontraba un ídolo gigante que me salvaría el culo de la expedición!
Todo eran engaños y triquiñuelas de la selva, por querer ir sola, o porque mis compañeros me habían dejado sola. Pero es aquí, en esta locura, donde el juego cobra vida y quiere destacar, a pesar de sus bugs, que son numerosos, para qué mentir.
The Mound: Omen of Cthulhu no es un juego de rol al uso; no va de masacrar o de saquear, sino que es más un juego de estrategia en el que hay que saber muy bien en qué lugar hemos dejado el bote, dónde está el carromato y cuánto podemos llevarnos. Nuestras armas son insuficientes y endebles contra los enemigos. Y la mejor salida, a pesar de la locura y las visiones, es crearnos un mapa mental del camino recorrido para después volver.
La dificultad del juego se incrementa exponencialmente en cada contrato de expedición que firmemos. A más misiones cumplidas, más se irán desbloqueando, aunque siempre podemos visitar lugares ya saqueados por si nos hemos dejado alguna coseta.
Para jugar en solitario, solo está disponible el Prólogo, que es como una especie de tutorial ampliado de lo que podemos hacer y de qué nos vamos a encontrar. Todo lo demás es online y en grupos de 4 personas.

¿Cthulhu? No tengo niño, solo tengo selva
A modo de conclusiones debo decir que el juego me ha decepcionado bastante. Está verde como la barba tentaculosa de nuestro señor Cthulhu. The Mound: Omen of Cthulhu tiene ideas muy buenas, pero muy mal llevadas. Los enemigos son planos, sin apenas carisma, y a la 3ª o 4ª vez que te aparecen ya ni asustan ni nada. Puedes escabullirte y sudar de ellos muy fuertemente.
Entrar en partida online es tedioso y costoso: el juego se cierra, el carro va su bola y sus mecánicas hacen cosas raras, como la de ir marcha atrás con buey y todo. Los tesoros o ídolos en ocasiones se quedan pillados y, por mucho espacio que haya en el carromato, no te deja meterlos.
Por no hablar del control del personaje y de lo mega ortopédico que es, tanto por la selva, subiendo escaleras o barrancos, como en combate, que ya ni te cuento: el personaje va a su ritmo y pasa del teclado, de ti, de todo.
Lo más horroroso es que es un campo de nabos, que sí, que estamos en el siglo XVII y que las mujeres valían menos que un rastrojo rulero, pero, coñe, me estás dando la fantasía nebulosa de Lovecraft, con dioses primigenios y una selva con «Ents»; que menos que meterme un par de personajes más femeninos, no sé, una monja misionera o una pulpeira gallega que con sus cuchillos rebane tentáculos… Al menos H. P. (misógino) Lovecraft estaría contento.
Y para mí el mayor fallo (para mí, repito) es que el juego, siendo de un equipo chileno, con personajes españoles, muy españoles, tenga sus voces en un inglés americano bastante pobre y planito. No es que sea algo muy importante para la jugabilidad, pero sí es algo chocante. Leñe, que el mercado está plagado de juegos en inglés y, habiendo actores de doblaje tan maravillosos tanto en LATAM como en España, pues no deja de sorprenderme.
The Mound: Omen of Cthulhu ha salido muy verde, tanto que parece un early access más que un juego con todas las de la ley, con parches diarios, con una buena idea, pero con la sensación agridulce de que las prisas no son buenas. Cumple a medias con lo prometido; me ha faltado algo más de picardía, de locura saqueadora… No sé, tiene mecánicas muy chulas, como la del micro y cómo juega con los sonidos y la distancia, pero luego otras muy malas, como la de quedarte pillado en una escalera; al principio pensé que era por las sayas de mi personaje, pero me pasaba lo mismo con los hombres.
En definitiva, yo le daría un tiempo de reposo, como a los escabeches, que maceren y le metan ingredientes, y luego, ya si eso, iría de cabeza a por él.
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Redactora en mis ratos libres, en Orgullogamers, en Nivel Oculto y en mi blog, de mi pasión favorita: los videojuegos.
En mis ratos ocupados, soy directora y apuntadora de un grupo de teatro infantil, jefa de Comunicación de Orgullogamers y responsable de comunicación de ElectroJocs.
También hago otras cosas, pero son muy aburridas.

- El enemigo Selva está muy bien conseguido
- Ser pirata saqueador siempre mola
- La locura y las visones son de lo mejor del mundillo Lovecraftiano
- Bastante intrusivo que no te deje quitar o controlar el micro, a no ser que lo desenchufes
- El online está desierto
- Bugs que cierran el juego o te hacen perder el contrato


