Los videojuegos como arte no pueden estar por encima de los videojuegos como juego
Recientemente leí en una red social una «polémica» donde una persona decía que juegos que exigen rejugarse para acceder a finales secretos (citando Silent Hill y otros) no «respetaban su tiempo». Dejando a un lado las filias y fobias que pueda tener por los juegos que citaba, el debate se llevó por dos vertientes: personas que defendían que los finales alternativos eran «visión del autor« (que solo se respeta si te gusta el juego, claro) y personas que decían que, por culpa de estas opiniones, el «medio» no era lo suficientemente maduro. Ambas me han indignado, porque al final silenciaban o intentaban silenciar una opinión particular.
Los videojuegos a estas alturas son una industria potente, de las más potentes, de hecho. Lo suficiente para que tras un título haya gente cada vez más formada y especializada, permitiendo, por ejemplo, invertir en músicos para que compongan bandas sonoras que quitan el hipo (te escucho a ti, Clair Obscur: Expedition 33).
Además del arte por el arte, hay una maquinaria económica que entiende que esto hace los videojuegos comercialmente atractivos. Este componente artístico es innegable, pero, por otra parte, hay una vertiente comercial para vender el juego, que en ocasiones también implica llenarlo de contenido vacío. Entiendo a quienes opinan que un juego les hace perder el tiempo, porque existen intereses en que duren lo suficiente para justificar su precio (y esto no es visión de autor).

Es decir, los videojuegos no solo son la música, las cinemáticas, las decisiones narrativas…, sino decisiones comerciales. Hasta la elección de la tipografía empleada está bajo el escrutinio de la visión empresarial. A día de hoy, para vender los juegos sandbox se emplean comparativas de lo grandes que son los mundos con respecto a regiones reales o entre otros mundos sandbox. Por otra parte, también una parte intrínseca de los videojuegos son sus mecánicas o jugabilidad. La jugabilidad es la base de los videojuegos; sin ese elemento de interacción, estaríamos delante de películas. El cómo se permite a las personas interactuar en los escenarios, mundos o personajes define géneros, estilos… y es una parte vital del «medio». Es decir, que los videojuegos son, ante todo, entretenimiento.
Cuando se apela a la madurez del medio, significa únicamente la aspiración de que los videojuegos sean algo más allá de lo que son artísticamente y que el resto de usuarios sean capaces de valorarlo por encima del producto. Es decir, valorarlo de forma inmaterial y su impacto cultural. Suena todo muy estupendo, pero la realidad es que esa visión no debe compartirla todo el mundo, y mucho menos que te invalide opinar, más si cabe si es uno de los muchos puntos de vista sobre los que estudiar un videojuego. Para que estos sean un medio maduro no se le puede exigir a terceras personas que sean también analistas o que analicen el videojuego de la forma cerrada en la que lo consideran quienes defienden esta visión cultural. Además de que se debe estudiar también la parte que es propia de los videojuegos, que incluye valorar qué necesidad hay de poner varios finales secretos o por qué para acceder a ellos debas consultar qué hay que hacer en una wiki en el año 2025.
Continuando con el tema, quisiera a continuación citar a un usuario llamado Nirro, quien me respondió así por Mastodon cuando hablé de esta polémica: «el aporte cultural de matar 700 ratas por 15XP y un palo». Reitero con esta sentencia simplista que muchas decisiones de los videojuegos no atienden a criterios artísticos o para dejar huella, sino que se hacen porque es divertido a nivel del usuario. Como jugadores podemos y debemos valorar nuestra experiencia con elementos que no se han concebido desde un punto artístico, sino de entretenimiento. Así que si una persona dice que se siente decepcionada, irritada o que no se valora su tiempo, entiendo que es interesante para el medio y como usuarios saber el porqué. Al igual que yo me quejo de tener que aguantar personajes hablándote sin soltarte el brazo (lo llamo directamente ruido).

Al final parece que existe alguna clase de tiranía en el análisis de videojuegos en la que los usuarios deben estar a merced de lo que otros consideran visión de autor. Cuando entre esos usuarios hay gente que puede estar igualmente formada en videojuegos o tener un bagaje de experiencia que le permite evaluar mecánicas, sensaciones… y también elementos artísticos. Por alguna razón hay una serie de individuos que son capaces de opinar de todos los aspectos del juego como si estuviesen formados en música, pintura, arquitectura, programación… que miran al resto por encima del hombro, como si fuesen los únicos capaces de ver los videojuegos de la forma que lo hacen, como si fuese un conocimiento elevado. Pero a la vez son incapaces de ver los videojuegos fuera de esa visión o en términos más mundanos. Esto igualmente les da potestad para impedir al resto hablar. Creo que todos somos maduros para opinar y leer opiniones ajenas, dándoles importancia cuando la merecen.
Concluyo sintetizando todo en: es cierto que hay suficientes elementos en un videojuego que den pie a un «análisis» como si fuese arte, pero no todo lo que es un videojuego da pie únicamente a esos análisis. Los videojuegos son productos de consumo también y, por supuesto, entretenimiento. Eso deja margen para toda clase de opiniones que impliquen valorar negativamente mecánicas o componentes de gameplay, como el forzar a rejugar títulos para desbloquear contenido de final de juego. Estemos o no de acuerdo con esas opiniones, apelar a estas alturas a la visión del autor o a la necesidad de madurez en el medio es mezquino.
Entiendo que el cariño y aprecio que tienen las personas por ciertos videojuegos hagan que algunas deseen que estos aspiren a algo más y que tengan la reputación a nivel intelectual como la pintura, pero estudiarlos o disfrutarlos desde el entretenimiento no los minusvalora, sino que se les trata como lo que han sido y no dejarán de ser: juegos.

Ingeniera de minas que no trabaja de lo suyo (da igual cuando leas esto). Está fascinada por la Xbox Series S y el Game Pass.

