Análisis de Denshattack! – Descarrílame esta

Por Marcos Casal #
Emi salta desde las vías mientras un tren de Denshattack! avanza rodeado de bandas rivales.

Denshattack! lo apuesta todo a una idea extravagante inspirándose en lo mejor que el imaginario nipón pudo habernos parido: trenes que grindan las vías. Veamos si el experimento de Undercoders ha sido un éxito o una fumada sin sentido.

Qué curioso me resulta darme de bruces con un juego cuyo ADN no puede ser más japonés pero cuyos desarrolladores son de aquí al lado: Barcelona. No sé qué clase de chute se metieron, pero madre mía, orgullosetes, Denshattack! puede ser cualquier cosa pero indiferente no va a dejar ni a tu abuela. La idea es tan loca como suena: pilotar trenes a toda velocidad con 800 millones de mecánicas y submecánicas para superar niveles esquizofrénicos donde cualquier locura que tu imaginación pudiese crear tomará la forma de un bache más a sortear en tu camino.

HUD de Denshattack! mostrando una combinación de trucos con multiplicador x4 y puntos en pantalla.
Casi todo suma puntos en Denshattack! y es que esquivar obstáculos in extremis o hacer las piruetas más peligrosas sumen más, es un tema, pues nos llevará a forzar la maquinaria (nunca mejor dicho) hasta salirnos de la vía, o casi.

Si Tony Hawk y RENFE tuviesen un hijo

Ese sería Denshattack! Aquí, sin ir más lejos, pilotamos una serie de trenes con los que podremos hacer toda clase de piruetas, grindear barandillas, planear en el viento y otras locuras imposibles. El quid de la cuestión reside en terminar los niveles, escenarios repletos de vías y un sinfín de obstáculos, en el menor tiempo posible mientras cumplimos con los desafíos que nos piden, recogemos coleccionables y batimos las marcas de puntos impuestas a base de los trucos más locos que nuestro stick derecho del mando nos permite realizar.

Sobre el papel parece que es mucha cosa para asimilar de entrada, y así es, querido orgullosete. Aunque el juego se esfuerza en ir introduciéndonos nuevas mecánicas de forma paulatina nivel a nivel, sigue siendo abrumadora la cantidad de cosas que se nos pide en los niveles, niveles donde todo va a una velocidad vertiginosa. Denshattack! no quiere que seas un PRO nada más cojas el mando, sino que busca que aprendas a base de hostias, en sentido literal. Completar los niveles sacando las mejores medallas —las de oro— es una tarea de por sí titánica y que se antoja imposible de entrada, pero es que simplemente acabar los niveles tampoco es una tarea sencilla. El nivel de exigencia concentrado en unos pocos minutos donde deberemos realizar un montón de cosas, como ejecutar saltos para cambiar de vías, utilizar el botón correcto en cuestión de microsegundos para combinar con la siguiente mecánica o simplemente evitar los ataques de trenes enemigos, es una locura y costará bastante de entrada hacerse uno con la experiencia.

No obstante, a base de repetir los mismos niveles (no es un juego para nada aconsejable si lo que buscas es rushear la historia), iremos haciendo clic con lo que el juego quiere de nosotros. Una vez nos salga por instinto el pulsar el botón correcto para sortear el escenario, podremos probar a hacer cabriolas en los saltos para conseguir esos puntos bonitos. Y vaya, orgullosete, cuando entremos en sintonía, entenderemos lo bien que funciona todo y el nivel de profundidad que alcanza el músculo jugable de Denshattack!, siendo una droga que nos empujará a repetir o a probar un nuevo nivel, sin parar, hasta que las horas del reloj vuelen más que nuestro tren durante una estación de tifones en Japón. Aun así, no puedo evitar mencionar que hay alguna mecánica que noto rota o que no funciona lo bien que debería, como el imán (una de las últimas habilidades que obtendremos en la historia), pues es objeto de algunos bugs molestos que hacen que el tren se nos vaya fuera de pantalla o que el mismo efecto de imantarnos a la siguiente vía no funcione bien y sigamos pegados a la vía original. Y no es algo leve, pues ocasiona que tengamos que repetir tramos o niveles de manera completa por fastidiarnos las rachas de puntos.

La banda sonora es una pasada. No dejan tono, matiz o género japonés sin tocar. Escuchadla, porque es de esas OST que valen la pena llevarse en tu playlist.

Japón concentrado en una historia alegre, futurista y sobre todo, épica, capaz de mirar de tú a tú a cualquier shonen de calidad

Sin más preámbulos, en Denshattack! tomamos el protagonismo con Emi, una cocinera de ramen que tiene su propio sistema personal de Just Eat para sus clientes: envío rápido por tren, donde ella misma es quien lo pilota haciendo cualquier movida impensable con tal de cumplir con las entregas calentitas. Lejos de quedarse en esta premisa, ya lo suficientemente original de por sí, Emi conocerá a Fernando, un friki de Denshattack, un movimiento cultural de este Japón distópico que habitamos, donde las diferentes bandas del país ejercen dominancia en base a su destreza con sus trenes tuneados. Fernando, impactado por el nivel a los mandos de Emi, la convencerá para participar en un viaje con el objetivo de competir contra estas bandas, donde la escalada de la épica es tan bestia que el guion bien lo pudo haber escrito Imaishi de Trigger, el padre de Tengen Toppa Gurren Lagann o de algunos de los mejores capítulos de Star Wars: Visions.

La historia de Denshattack! nos va nutriendo de personajes histriónicos y muy interesantes, salidos de tribus urbanas japonesas como las gyaru, los bosozoku o el visual kei. Todos tienen personalidades muy marcadas y un desarrollo bien escrito, que se irá construyendo conforme Emi los vaya derrotando y haciéndose su amiga, cumpliendo con el tropo (aunque en este juego, a modo de parodia) tan manido de la amistad de los anime y manga shonen. Además, tanto los personajes como el mundo en el que habitan tienen una energía y alegría contagiosa, resaltada por el arte tan original y vibrante que posee el videojuego. El color vehicular de la obra es el amarillo, y no creo que sea casual, pues el amarillo es el color de la felicidad para los nipones y tiene una gran relación con el sistema ferroviario japonés al ser el color que porta el Doctor Yellow, el tren que se usa para inspeccionar el estado de las vías en el país del Sol Naciente. Esa alegría y fuerza se transmiten también por el trazo de sus dibujos o cómo se muestran los menús, siendo limpios, concisos y con efectos que recuerdan por momentos a los de Persona 5. Los menús son ágiles para el ojo y funcionan rápido, sin tiempos de carga y sin pasos entre medias, lo que va parejo al sentimiento de velocidad de los trenes protagonistas de la obra.

Y el juego es consciente de su fortaleza narrativa. No solo por sus personajes, escenarios o setting en sí, sino también que lo demuestra haciendo que echemos el freno de tanto nivel dopamínico con los fanzines, una suerte de revistas que podremos completar con los coleccionables que encontremos en los niveles y que detallan, todavía más, aspectos concretos de este mundo tan histriónico, por los onsen, baños de aguas termales donde Emi podrá profundizar en los detalles más personales de cada uno de sus amigos o los distintos talleres y tiendas, donde además de comprar sprays para tunear nuestros trenes o comprar nuevos bólidos con propiedades únicas para facilitar (o complicar) más los niveles, conoceremos a personajes secundarios que se irán complejizando conforme más visitas hagamos a sus establecimientos.

Emi comenta en alto, con Fernando a su lado, sobre una receta de su abuela en una escena de Denshattack!.
Siendo un juego patrio, era de esperar que la localización estuviese a la altura, y así es. Cada personaje usa un registro que le viene como anillo al dedo, aunque no hay doblaje castellano (ni se le espera). Jugarlo en doblaje japonés es imperativo.

Denshattack! es muy loco en todo lo que nos ofrece, pero su existencia es un hito para celebrar

Denshattack! se aleja de cualquier atisbo de repetitividad posible. Cada nivel es un microcosmos en sí mismo donde es imposible no sorprenderse por cada nueva ocurrencia del estudio. Da la sensación de que hicieron un brainstorming y no se dejaron nada de lo escrito en la pizarra para incluir en su videojuego. Es que, por poneros algunos ejemplos, lucharemos con nuestro tren contra mechas, tendremos que frenar una invasión de kaijus, participaremos en un concierto tocando notas con nuestro tren como si de un Guitar Hero se tratase o incluso podremos pilotar bajo el mar o sobre el hielo. Y esto no es nada, orgullosetes, porque si mencioné que el guion parece obra de Imaishi —y sois fans de las obras de este señor— entenderéis por dónde irán los tiros con los últimos niveles del videojuego. Ahí lo dejo: epicidad pura y dura.

Además, que el juego, quitando algunos bugs que ya mencioné párrafos más arriba, técnicamente funciona genial. 144 FPS con mi 9070 XT a 4K y no me ha tosido en ninguna de mis pruebas, manteniéndose a 1080p y 60 FPS todo el rato, en mi ASUS ROG Ally con SteamOS. Es una delicia visual y a los mandos, pese a que sea durillo hacerse con algunas mecánicas y la distribución de botones me parezca bastante confusa, por repetir algunos para hacer las mismas acciones o parecidas, haciendo que nos equivoquemos cada dos por tres. Por ejemplo, que el botón para derrapar o volver a la pista sea el mismo gatillo o que el de saltar no haya que pulsarlo para llegar a carteles, sino para despegarnos de ellos, lo cual parece ilógico (al menos en mi cabeza). Aun con todo, son males menores que no consiguen enturbiar la pedazo de obra de arte que es.

Para ir cerrando el análisis, Denshattack! es, posiblemente, uno de los juegos del año. Y lo digo sin que me tiemble la mano sabiendo que este 2026 va a estar plagado de obras muy importantes para el medio. Es increíble que un estudio pequeñito de Barcelona haya parido semejante juegazo y haya entendido tan bien la cultura japonesa, tanto a un alto como a un bajo nivel. A poco que os hayan gustado juegos como OlliOlli o el legendario Jet Set Radio, esto es igual pero con trenes, que digo, es mucho más gracias a su historia tan original, personajazos y su complejidad a los mandos, donde los jugadores más hardcore van a hacer chiribitas con los ojos (estoy seguro de que el juego es carne de YouTube donde la gente sacará auténticas locuras de combos). Sin más, jugadlo, no os arrepentiréis.

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Denashattack! está disponible en Steam, Nintendo Switch 2, PlayStation 5 y Xbox Series. Puedes conseguirlo por 19.99€ en la tienda de Valve. Este análisis ha sido posible gracias a una clave ofrecida por JF Games.


Emi salta desde las vías mientras un tren de Denshattack! avanza rodeado de bandas rivales.
  • Su mundo, personajes e historia.
  • Original en todo lo que se propone.
  • Arte y música olímpicos.
  • Algún que otro bug molesto.
  • Puede hacerse duro de entrada.
  • Control confuso para alguna mecánica.
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