Be My Horde nos pone en el vestido de una lich que busca destruir un reino. Un roguelite del estilo de Vampire Survivors cuya mecánica se centra en la resurrección.
Parece que la moda de los survivorlike no cesa. Tras pasar por Orgullogamers cositas como Time Treker, Devil Jam o Card & Guns, sumamos al repertorio a Be My Horde, la propuesta de Polished Games que está dando mucho de qué hablar por su aportación para refrescar la fórmula: la nigromancia.
Esta mecánica se convierte en el núcleo de la experiencia y su integración debe ser satisfactoria para que no se convierta en un survivorlike más que pasará sin pena ni gloria. Sigue leyendo y descubrirás su destino.

Be My Horde: el survivorlike donde luchan por ti
Aunque a priori pueda sonar baladí, Be My Horde es capaz de cimentar su propuesta survivor alrededor de una sola mecánica que funciona. A través del dominio de la nigromancia, nuestra protagonista, Moriana, pasa de ser una dama de palacio a una entidad sobrenatural capaz de controlar a los muertos. Siendo una suerte de lich, Moriana dará el salto a los terrenos del Reino, desprovista de armas. ¿Cómo consigue sobrevivir contra las huestes infinitas de aldeanos y caballeros al servicio del Rey? Usando los cadáveres de sus enemigos y reviviéndolos como zombis.
Todo gira alrededor de la nigromancia en Be My Horde. Mientras Moriana revive todo cadáver que encuentre en el mapa —al inicio tendremos que hacerlo manualmente con un botón—, el ejército de muertos que se formará a nuestro alrededor será el que luche en nuestro nombre. Cuantas más unidades tengamos, mayor será nuestro poder de ataque, pero la cosa no termina ahí, pues la gracia del juego es intentar derrotar a las unidades más poderosas del ejército enemigo para sumarlas a nuestras filas, pues serán más resistentes y harán mayor daño.
Por supuesto, esto no sería divertido si no hubiese una variedad generosa de unidades. Al inicio de cada partida, podremos resucitar aldeanos que solo suponen una amenaza si forman un gran número. Sin embargo, conforme el tiempo avance, irán apareciendo otros tipos de enemigos con propiedades y habilidades únicas, como mercenarios capaces de hacer daño en área, clérigos que curan al resto de unidades, hasta ovejas que, una vez convertidas, pueden inmolarse siendo una bomba de gases venenosos.
Be My Horde hace esto genial, siendo un loop muy interesante y adictivo el querer ir aumentando nuestro ejército de no muertos. Esto se complementa con la capacidad de hacer builds de hechizos que aprenderemos conforme nuestra lich suba de nivel. Con una buena build, seremos capaces de aumentar nuestro ejército rápidamente, siendo muy satisfactorio el contar con decenas o cientos de unidades en pantalla limpiando todo como una marea de muerte imparable. En este sentido, me ha recordado a los Caminantes Blancos de Juego de Tronos. Si el objetivo del estudio era emular a este enemigo de la serie de HBO, lo ha conseguido con creces.

La personalización es un punto clave de que Be My Horde funcione
Otra parte de la experiencia del juego consiste en mejorar la cripta de Moriana. Aquí podremos invertir las almas cosechadas en cada partida —el equivalente a la moneda o estadística de mejora del juego— para construir tótems de adoración demoníaca. Cada uno de ellos nos dará mejoras para la partida: más unidades revividas en cada conjuro de resurrección, más salud, velocidad de movimiento, etc. También hay otros que atienden al factor más estético, como un espejo que nos permite cambiarle el traje a la protagonista, o que afectan a las unidades de no muertos, permitiéndoles mejorar sus estadísticas de resistencia y daño para ser unidades más poderosas que sus contrapartes vivas.
La posibilidad de mejorar la cripta hace que no sea un incordio repetir cada partida. A las ganas de superarnos y aguantar más, se suma la expectativa de recompensa de almas, haciendo que cada intento, por fútil que sea, tenga suficiente beneficio como para que sintamos que nuestro tiempo se respeta. Y las mejoras se sienten: conforme vayamos mejorando los tótems, iremos notando que aguantamos más tiempo en las partidas, hasta el punto de llegar a completarlas —derrotando al jefe final— al poco tiempo de empezar a jugar. En mi caso, conseguí derrotar al Rey del primer mapa en su dificultad inicial antes de la hora de juego.
Una vez consigamos completar las partidas, iremos desbloqueando dificultades mayores, donde los enemigos poderosos irán apareciendo con más frecuencia y antes, teniendo que afinar las mejoras de los tótems y las builds de hechizos para poder sobrevivir. Hablando de los hechizos, suponen un empuje adicional para el daño de nuestros ejércitos, pudiendo desde lanzar rayos, crear un área de daño hasta invocar tumbas con muertos adicionales que reviven para reforzar nuestras huestes. En este sentido, recuerdan a las armas —habilidades activas— de Vampire Survivors, pues Moriana utilizará los hechizos cada cierto tiempo, pudiendo mejorar el enfriamiento también en los tótems.

La debilidad de Be My Horde: arte y contenidos
Aunque a nivel jugable su loop de resurrección y mejoras me parece que tiene un equilibrio exquisito, no siento lo mismo para lo que recubre al videojuego. El arte, aunque me gusta que presente esa dualidad entre el vitralismo y lo campy (no se corta en mostrar gore), los diseños de los personajes me parecen demasiado descuidados para un juego que busca crear sensaciones visuales. Creo que un enfoque animado pero con las proporciones mejor definidas habría alcanzado mejor ese estatus de buscar la fascinación y la incomodidad al jugador, o incluso apostar por lo contrario: abrazar el vitralismo al 100 %, imitando el aura de juegos como Pentiment, habría tenido sentido para Be My Horde.
Sin embargo, tanto la música como el doblaje me parecen que tienen muy buen nivel. Amber Lee Connors (I-No en Guilty Gear Strive o Furina en Genshin Impact) es la actriz de doblaje que da voz a Moriana, buscando dotar de esa sensualidad peligrosa al personaje. Por su parte, la banda sonora, compuesta por David Vasc, está repleta de temas metaleros y de jazz que se complementan de manera genial, otorgando ritmo y personalidad a los mapas.
Y sobre la optimización, nada que temer o reprochar. El juego no es ningún portento visual en lo gráfico, por lo que lo puede mover casi cualquier ordenador que tengáis por casa. En mi caso, 144 FPS sostenidos (llegando a los 500 si desactivo el vsync) en todo momento jugando a 4K con una 9070 XT de AMD, y 120 FPS sólidos como una roca a 1080p (14 TDP) jugando en mi Asus ROG Ally Z con Linux (por lo que la experiencia en Steam Deck será similar).

Be My Horde suma puntos como no muertos a sus filas
Las sensaciones de jugar a una experiencia similar a Vampire Survivors desde la perspectiva de la nigromancia me ha parecido muy atractiva y satisfactoria. La idea de sustraer el papel activo al jugador en el combate, para que lo sean tus minions, funciona muy bien para un juego de este género, más gracias a las mejoras de los tótems y la cuidada curva de progreso que proporciona al jugador, para que no sienta cada derrota como si fuese darse contra una pared.
Creo que sus decisiones artísticas restan al proyecto y no están al nivel de lo demás, sintiéndose un trabajo más amateur y al que se ha dedicado menos tiempo en comparación. Por fortuna, en mi caso es algo que he podido pasar por alto y no me ha impedido pasarlo bien, pero creo que puede ser un punto que hará que más de alguno se aleje de la obra.
Dejando esas cuestiones a un lado, Be My Horde es un rico caramelito para cualquier fan de los survivorlike. Aunque está en early access, las actualizaciones son recurrentes y notorias, siendo actualmente una experiencia más que recomendable. Eso sí, puede que se haga algo corta para los que no les convenza repetir los mismos mapas (el del Reino y el Infierno) en dificultades mayores una vez consigan derrotar a sus respectivos jefes finales.
Más sobre Be My Horde
Esta reseña ha sido posible gracias a un código ofrecido por Polished Games. Podéis haceros con él por el módico precio de 4,99€ en Steam.
Director de Orgullogamers y el terror del SEO. Me flipan los JRPG, los Hack & Slash y los juegos con historias inusuales de esas que te dejan roto por dentro. Me encargo de que Orgullogamers no se hunda poniendo parches de cinta adhesiva.

