Impresiones de Pigface – Gánate el pan con violencia y caos

Asesino con máscara de conejo sostiene un bate frente a cuerpos caídos y fábricas al fondo en Pigface.

Pigface es un FPS brutal y adictivo donde escondernos tras una máscara para deleitarnos con una violencia calculada y mortífera.

A menudo, el estrés del día a día nos genera pensamientos nada buenos, como «cómo me apetece estamparle la cabeza a este malnacido contra la mesa», pero se quedan en eso, en meros pensamientos intrusivos que, una vez suspiramos, desaparecen… pero, ¿qué pasaría si realmente dejásemos salir la violencia que llevamos dentro e hiciésemos de ella nuestro medio de vida? Eso es lo que nos propone Pigface a través de los ojos de una mujer, de nombre desconocido y víctima de un pasado tormentoso, siendo una «limpiadora» que debe hacer trabajos de lo más sangrientos para poder sobrevivir.

Francotirador apunta con mira láser en un enfrentamiento nocturno bajo un tono rojizo en Pigface.
Usar el escenario a nuestro favor es clave: disparar a barriles explosivos, lanzar enemigos contra pinchos, atraerlos a minas…

La satisfacción de la violencia es el vehículo que nos mueve en Pigface

Títulos como Drakengard o Metal Gear Solid nos intentan hacer ver, mediante sus narrativas, que la violencia es algo feo y que está mal. En el primer caso, el empacho de violencia y lo desquiciado de nuestro protagonista nos indican que, justamente, ese no es el camino, mientras que en el segundo caso, Hideo Kojima nos cuenta en sus cuidadas cinemáticas y discursos el dolor que sufren aquellos que llevan un camino marcado por la violencia. Pigface rema en dirección contraria a esta corriente.

El pasado de nuestro avatar está marcado por el consumo de drogas y las deudas —presumimos que a una organización de la mafia— y ella es secuestrada para que sea una limpiadora, o lo que es lo mismo, una sicaria que debe recuperar pruebas y enviar mensajes sangrientos a las bandas que nuestro contratista nos indique. Con esta premisa llevando las riendas, iremos atravesando diferentes localizaciones mientras no dejamos un alma con vida, sin más motivación que la de vivir un día más para poder seguir matando y así poder sentir algo.

En Pigface vamos a matar, y mucho. Por ello, todo lo que rodea a esta mecánica goza de un pulido endiablado, haciendo que cualquier enfrentamiento desemboque en una deliciosa adicción. En clave de First Person Shooter, podremos cargar un arma blanca y otra de largo alcance. Cómo las usemos ya depende de nosotros. Con esto quiero decir: con un cuchillo podemos pegar tajos o apuñalar, pero también podremos lanzarlo —para dejar a alguien clavado a una pared— o usarlo para empujar y hacer que un contrario se caiga por una cornisa. Lo mismo ocurre con las armas de fuego, siendo atractivo vaciarles el cargador cuando son automáticas, pero más interesante es si tienen fuerza de choque, como las escopetas, pudiendo empujar a varios enemigos a la vez, chocando entre ellos. Estos solo son algunos de los ejemplos de lo que permite la creatividad de Pigface.

Pasillo oscuro y deteriorado iluminado por una tenue luz verde, ambiente opresivo de Pigface.
Para curarnos, tendremos que echar mano a una suerte de jeringas que actúan como estimulantes, siendo una acción similar a la vista en juegos como Max Payne.

Recuperando el sentimiento de hace varias generaciones a través de su carisma visual

Para que lo anterior funcione, Pigface hace algo muy bien: la casquería. El sistema de ragdolls va en consonancia con la cinestesia, sobresaliendo por las brutales sensaciones a los mandos que supone disparar un arma de fuego o golpear con una pala a un enemigo. Cuando ponemos el ojo en una cabeza, y vemos cómo nuestra bala la revienta, es una explosión de dopamina tremenda.

Esto se construye con éxito gracias a su apartado visual, utilizando un 3D muy similar a los juegos de acción de la era PlayStation 2 y Dreamcast. El cómo conjuga la iluminación con entornos sucios y opresivos, me recuerda a los niveles de juegos como el primer Max Payne, reflejando con acierto la insalubridad de entornos dominados por las drogas y la violencia, siendo espacios ajenos a la civilización donde cualquiera puede desaparecer, sin que a nadie le importe.

No obstante, los mapas tienen bastante trabajo por detrás. Permiten la verticalidad, disponen de múltiples rutas para llegar a los objetivos y son escenarios coherentes en su cohesión, sintiéndose como arenas cerradas pero preparadas para que la creatividad de las matanzas no se frene por su culpa. Dicho esto, Pigface no es un título para aprensivos. El ver cuerpos mutilados está a la orden del día y la violencia extrema es el núcleo de su identidad. No llega a los niveles intolerables de Manhunt, pero sigue siendo un poco fuertecito si no estás habituado a juegos tan explosivos en ese sentido.

Jugador observa desde la maleza un cartel que dice “My Husband Is Dead” en un escenario sombrío de Pigface.
Aunque el juego apremia el ser agresivos, también podemos jugar siendo sigilosos. Ir agachados y con silenciadores también es una buena estrategia y el juego nos deja espacio para recrearnos en ello.

Un bucle que funciona y te atrapa dentro de su simpleza

Aunque lo bien que se siente matar a los mandos es el punto más destacable de Pigface, diría que el segundo punto a tener en cuenta es lo bien que funciona su loop. Es algo muy sencillo: estás en tu apartamento, escoges en el portátil tu siguiente trabajo, te subes a la furgoneta, te pertrechas, sales de ella y das rienda suelta a tu carnicería. ¿Qué te has muerto? No pasa nada, inmediatamente apareces otra vez fuera de la furgoneta. Esto es algo muy rápido, pues el juego no quiere que pierdas el tiempo en trámites que no sean estar repartiendo leña. En este sentido, recuerda mucho al loop de roguelikes como Hades o juegos como Hotline Miami, bebiendo de este para inspirarse en más elementos.

Pero Pigface sabe recompensar al jugador por matar mucho y bien. A lo largo de los niveles encontraremos pruebas de la enemistad de la banda que estamos atacando con nuestro contratista. Si las recopilamos, obtendremos un bonus de dinerito extra al acabar la limpieza. Nuestros bolsillos engordarán, todavía más, si cumplimos encargos secundarios (como matar a objetivos extra, poner explosivos, destruir fuentes de datos y un largo etcétera). Con ese dinero podremos hacer varias cosas: mejorar nuestro apartamento, comprar más y mejores armas, equipación e incluso accesorios para nuestras armas que nos permitirán ser unos asesinos más meticulosos.

También hay espacio para secretos y coleccionables. La clave de nuestra identidad es una suerte de máscaras que provocan distintos estados de ánimo a la protagonista. Las encontraremos rebuscando en los escenarios, en sitios de difícil acceso, o eliminando a enemigos muy escondidos. Las máscaras podremos portarlas en las misiones venideras y conjuntarlas con nuevos atuendos, accesibles desde el baño de nuestro apartamento. Aunque dichos atuendos no aportan nada práctico a la experiencia, las máscaras sí, otorgándonos bonus como más velocidad, recuperación pasiva de salud o ralentización del tiempo al apuntar con una mirilla, entre otras ventajas pasivas, lo que supone un aliciente muy importante a la hora de motivar al jugador para querer hacerse con ellas.

Refugio con ordenador, notas y rifle en la pared, zona de preparación del jugador en Pigface.
En la furgoneta podremos equiparle accesorios a nuestro armamento y escoger el equipo con el que queremos abordar la misión.

Pigface nos recuerda que la violencia sigue siendo una respuesta positiva

Pigface me ha retrotraído a mis tiempos con PlayStation 2, donde lo que importaba a la hora de jugar no era saturarte con tutoriales, cinemáticas o 50.000 mecanismos de recompensa para generarte adicción. Este juego consigue eso siendo más simple que una piedra, pues lo poco que ofrece lo hace de manera sobresaliente, siendo un FPS rápido, divertido y sangriento. No hay colorantes ni condimentos extra: lo que ves es lo que hay, siendo una experiencia cimentada en su cinestesia e insalubridad estética, donde por no haber, ni hay un HUD que te indique tu estado con barritas de salud.

En su estado actual —un early acces con apenas un mes de vida— ofrece un contenido muy robusto y sólido, pero también uno que solo dura dos telediarios. En menos de 4 horas, si eres un poco ágil y no mueres demasiado, podrás acabarte todos los contratos disponibles. No obstante, son horas de calidad y que valen cada euro que piden y si el roadmap no falla, cada mes irán añadiendo actualizaciones con más contenido o correcciones importantes.

Yo tengo claro que estaré pendiente de lo nuevo que vayan metiendo al juego. Pigface me ha dejado muy contento y ha sido una sorpresa en toda regla. Un indie perfecto para los que busquen curarse la nostalgia provocada por Hotline Miami o Manhunt.

¿Quieres saber más sobre Pigface?

Este texto ha sido posible gracias a un código proporcionado por DreadXP. El juego ya está a la venta en Steam, pudiéndose conseguir por 9,75€.

0 0 Votos
Article Rating
Subscribe
Notify of
0 Comments
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
View all comments
0
¡Dinos lo que piensas, comenta!x