El tesoro más valioso está justo detrás de la valla.
En un panorama de videojuegos dominado por mundos abiertos masivos y narrativas cada vez más complejas, a veces lo más refrescante es volver a los fundamentos: la pura y simple alegría de jugar. Backyard Pirates!, desarrollado por el estudio independiente Cosmic Brew —a los que tuve el inmenso placer de entrevistar hace unos meses—, no es solo un juego; es una máquina del tiempo que nos transporta de vuelta a nuestra niñez.
La premisa de Backyard Pirates! es simple: encarnamos a un niño (o niña) que, junto a su tripulación de amigos, ha decidido que su jardín trasero o el patio del cole es un vasto océano gobernado por piratas. El juego no se molesta en crear un mundo de fantasía digital; en su lugar, utiliza un estilo artístico ingenioso que superpone elementos de piratería —banderas garabateadas, sombreros de papel de aluminio, krakens dibujados con tiza— sobre un entorno de patio trasero.
La atmósfera de calle noventera es un logro en sí mismo, utilizando pistas ambientales familiares (el zumbido de un cortacésped, el tintineo de un camión de helados, ladridos) y reinterpretándolas a través del filtro de la imaginación infantil. El juego se siente cálido y familiar, como solo un juego en la infancia puede ser. Es un testamento a la idea de que la mejor tecnología gráfica no siempre se encuentra en una consola, sino en nuestra propia imaginación.

Construcción, saqueo y combate con juguetes
Backyard Pirates! se asienta firmemente en el género de supervivencia y construcción ligera, pero con un giro lúdico. En lugar de talar árboles para obtener madera, el jugador «saquea» la casa y el garaje en busca de «recursos»: tubos de PVC, sábanas viejas, juguetes rotos y, por supuesto, ese material fundamental para cualquier navío: la cinta adhesiva. La mecánica es intuitiva y deliciosamente libre. El juego premia la inventiva: puedes construir un telescopio funcional a partir de un rollo de papel higiénico o un cañón que dispara bellotas con la ayuda de un resorte.
El objetivo principal es construir y mejorar tu «base pirata» —un fuerte, un árbol o incluso una casa del perro— y defenderla de las amenazas de otros piratas. Aquí es donde el juego introduce su peculiar sistema de «combate». Las batallas no son sangrientas; son justas de bolas de agua, lanzamientos de arena o, en los niveles avanzados, duelos con espadas hechas de ramas. Los enemigos van desde los «Cobardes» (las criaturas del jardín, como ardillas o pájaros, que intentan robar tus provisiones de galletas) hasta los temibles «Vecinos Mayores» (otros niños que vienen a desafiar tu supremacía).
A medida que tu fuerte se vuelve más grande y extravagante, vas desbloqueando nuevas «habilidades» que son simplemente actos de imaginación más complejos, como la habilidad de «Comandar la Tormenta» (que se traduce en encender el aspersor del jardín en el momento justo) o la «Invisibilidad» (esconderse detrás de una toalla).
Este juego no solo simula la piratería; simula la forma en que un niño entiende la piratería. La satisfacción no proviene de la eficacia militar, sino de la brillantez con la que implementas una solución improvisada desde la propia inventiva e imaginación infantil.

El caleidoscopio de la fantasía: pintando el mapa del tesoro
Visualmente, el juego utiliza una paleta de colores cálidos y saturados que recuerdan los veranos interminables. El juego usa elementos interactivos —el barco, las armas, los mapas— con un diseño deliberadamente infantil y low-fi. Por ejemplo, el minimapa es un pedazo de papel arrugado con flechas dibujadas a mano, y el HUD se asemeja a una libreta de notas. Este dualismo visual es crucial: mantiene al jugador constantemente consciente de que, debajo de la épica aventura, yace la inocente realidad del juego infantil.
La música acompaña este sentimiento utilizando melodías simples, a menudo tocadas con instrumentos que suenan caseros, como una armónica o un xilófono, evocando el espíritu aventurero y despreocupado de la infancia.
Más allá de las mecánicas de juego, el verdadero tesoro de Backyard Pirates! reside en su núcleo emocional. Es una meditación sobre el poder de la imaginación para transformar la realidad. En un momento en que la tecnología nos ha hecho, paradójicamente, menos imaginativos, el juego nos obliga a participar en ese proceso creativo.
La sensación de logro al construir un barco majestuoso a partir de chatarra no es solo el resultado de una fórmula de videojuego; es el sentimiento que obteníamos al terminar un proyecto de tecnología en el cole: esos trabajos llenos de cinta de carrocero, silicona y mucha cola de pegamento a los que dábamos forma con nuestras sierras de marquetería.
Conclusión: amistad y la magia de crecer en Backyard Pirates!

El modo multijugador cooperativo es brillante, ya que requiere comunicación, negociación y, lo más importante, el acuerdo mutuo de suspender la incredulidad. Para que un plan funcione, todos los jugadores deben aceptar que el sofá es lava o que el jardín es realmente un mar lleno de tiburones. Este requisito implícito de «jugar a creer» promueve una colaboración genuina y divertida que se siente más cercana a la interacción social en la vida real que la mayoría de los títulos en línea.
En conclusión, Backyard Pirates! es una joya nostálgica. No es un juego de acción trepidante ni un RPG de fantasía profunda, sino un simulador de creatividad. Es para aquellos que recuerdan cómo era usar un palo como varita mágica y una pelota como una bomba a punto de estallar. Es un juego esencial para cualquiera que quiera reconectarse con el pirata aventurero que todos fuimos y aún llevamos dentro, y una prueba de que la mejor aventura siempre ha estado esperando cerca de casa.

Redactora en mis ratos libres, en Orgullogamers, en Nivel Oculto y en mi blog, de mi pasión favorita: los videojuegos.
En mis ratos ocupados, soy directora y apuntadora de un grupo de teatro infantil, jefa de Comunicación de Orgullogamers y responsable de comunicación de ElectroJocs.
También hago otras cosas, pero son muy aburridas.

- Evoca con éxito la nostalgia de la infancia.
- Multijugador megadivertido.
- Su presentación visual es ingeniosa, mezclando gráficos hiperrealistas del entorno con diseños low-fi.
- Mecánicas demasiado simples.
- En Nintendo Switch aún tiene algunos errores.
- Peca en ser demasiado infantil en su reto.


