Borderlands 4 y la pérdida de identidad

Por Daniel Viñambres #
Claptrap de Borderlands 4 con los brazos abiertos sobre una rueda, en un callejón nocturno con estética cel-shading.

Recientemente he estado jugando a Borderlands 4 y mi decepción ha sido mayúscula al encontrarme con un Far Cry con loot.

Siempre he sido fan de Borderlands. Desde su secuela, la cual me he pasado varias veces, siempre me ha gustado jugar los juegos de la saga. Todos, sin excepción, incluso los spin-off como los Tales of o el bastante reciente Wonderlands. No obstante, pese a que el anuncio de Borderlands 4 me generó interés, hace mucho tiempo que dejé de tener hype por los juegos, así que no fue una compra de lanzamiento, sino más bien tardía y una vez que se arregló su rendimiento.

Dicho esto, y pese a que fue Borderlands 2 el que me encandiló, fue la tercera entrega de la saga la que me metió de lleno en su universo: la jugué hasta desarrollar completamente al personaje —Zane, por supuesto— y me metí de lleno en el meta del juego, mirando builds y demás. Vamos, que fui un comido del mismo.

Borderlands 4, por su parte, lo encaré con una intención clara: exprimirlo hasta sacarle el Platino y ya, pues la vida adulta y el backlog no me permiten meterme tanto de lleno en un juego sin cansarme soberanamente mucho antes. Empecé con fuerza, con ilusión y con ganas de ver qué me ofrecía de nuevo una de mis sagas fetiche, pues apenas había visto nada del juego. Quizá por ello, por ir con unas expectativas moderadas y encontrarme algo que no las cumplía, la decepción ha sido mayor.

Zane, el Buscacámaras de Borderlands 4, empuña una pistola junto a su doble holográfico en un entorno neón.

Un juego que renuncia a su identidad

El principal problema de Borderlands 4 quizá radica en su planteamiento. Entiendo que en pleno 2025 lanzar un juego de semimundo abierto pueda chocar… pero es que es la gracia principal de la saga. Fijarse en Breath of the Wild o Elden Ring creando un mapa dividido en tres secciones claras y una sección final, en el centro, que no se desbloquea hasta completar las otras tres en el orden que quieras está bien, pero simplemente no es Borderlands, es Far Cry. Al final, el mundo abierto sirve para que vayas de aquí para allá a toda hostia porque el trayecto no importa ni se siente divertido más allá de un par de actividades que se resumen en lo mismo que te vas a encontrar durante todo el juego: aniquilar hordas de enemigos.

Y eso que el juego se esfuerza por ofrecer algo diferente —aunque muy manido— en cada zona: una verde, otra árida y otra nevada. Cada zona cuenta incluso con fauna diferente… pero no se sienten distintas en ningún momento, pues en todas harás exactamente lo mismo y lucharás de la misma manera contra los enemigos. Lo cierto es que he echado de menos las hormigas y cómo había que buscarles el punto débil, por ejemplo; algo sencillo pero efectivo.

Pero quizá en lo que más se nota la pérdida de identidad es en el tema de las armas. En Borderlands es fundamental conocer las armas y, concretamente, su fabricante. Así pues, sabes que Jakobs te da potencia bruta a cambio de un cargador más pequeño, Torgue te da balas explosivas y Tediore armas que, al recargar, explotan. Cada fabricante tiene una serie de características que te hacen preferir o no sus armas independientemente del daño que hagan; simplemente buscas el fabricante que se adapta a tu estilo de juego.

Borderlands 4 rompe con eso al crear armas mixtas. Así pues, cuando consigues un revólver Jakobs, puede que tenga un cargador Tediore, por lo que tendrá lo mejor de ambos mundos… sin tener nada en realidad. Sobre el papel suena bien, eso es cierto, pero en la práctica hace que te dé igual el loot y simplemente lo renueves cada poco sin importar las características del arma en sí, pues si no tiene X tendrá Y. Romper así el loot hace que el juego pierda uno de sus principales atractivos, pues está bien presumir de millones de tipos de arma, pero de nada sirve si se sienten igual.

Tampoco me ha parecido acertado todo lo relativo al end game. En Borderlands es muy importante ya que, precisamente, es donde empieza el juego de verdad: más dificultad, más builds, mejores armas… todo cambia y se expande. En Borderlands 4 se ha intentado mejorar añadiendo más opciones, pero más no es siempre mejor. Tener que repetir misiones principales con modificadores aleatorios simplemente no es divertido, es tedioso, como hacer deberes. Claramente lo han querido enfocar como un GaaS y, si bien muchas de las mejoras que añaden son peticiones de la comunidad y se agradecen, otros añadidos se sienten como una checklist que no aporta realmente nada.

Moxxi apunta con un revólver frente al neón de su bar en Borderlands 4, con su característico sombrero de copa.

Una trama que no aporta nada

Pero, sin duda, lo que más me ha cabreado es la trama. Sí, Borderlands no es una saga que destaque por su narrativa, pero la tiene. Desde el primer juego se ha ido desarrollando una trama que involucra a Pandora, a las Cámaras y a las Sirenas. Si bien en Borderlands 3 se rompe el mito de las Cámaras al introducir varias, en Borderlands 4 la cosa escala aún más.

La premisa es buena: un planeta-prisión gobernado por el Cronoguardián, un tirano que se asienta sobre una Cámara. El planeta ha permanecido oculto durante milenios, atrapando y no dejando salir a cualquier nave que pasara cerca. No obstante, cuando Lilith hizo desaparecer la luna teletransportándose con ella al final de Borderlands 3, parece que su destino fue Kairos —el planeta del que hablo—, rompiendo así el «hechizo» protector del mismo. Y hasta aquí todo bien: parece que tenemos un villano a la altura y un hilo argumental con el que seguir desarrollando la trama… pero todo se diluye.

Para empezar, el villano no tiene NADA de presencia. Sí, tiene esclavizado a todo un planeta, pero con él apenas interactuarás hasta el final del juego, pues tus villanos principales son los regentes de cada una de las tres zonas y, encima, salvo un personaje, el resto no tiene carisma. Por poner ejemplos con Far Cry —ya que lo hemos mencionado—: si Jack el Guapo en Borderlands 2 tiene la presencia de Vaas en Far Cry 3, el Cronoguardián en Borderlands 4 tiene la presencia de Antón Castillo en Far Cry 6: puntual, residual y, al final, patética. Aunque pesada, creo que prefiero la presencia de los Calypso de Borderlands 3.

Pero tampoco se salva la trama por su aportación a la saga. Si bien es cierto que los Buscacámaras de cada juego brillan en el siguiente, aquí al nuestro se le da una mayor presencia al aparecer en las cinemáticas e interactuar. El problema es que el resto de los personajes que vuelven se sienten como un mero guiño: Zane, Amara, Claptrap y Moxxi sirven de hilos conductores, pero no tienen especial peso, no toman decisiones ni hacen nada relevante. Sin ir más lejos, en Borderlands 3 todo está más armonizado y sí sentías que eran personajes importantes, llegando incluso alguno a morir. Aquí me da la sensación de que su presencia es testimonial y obligada, como para rellenar cupo.

Y digo esto porque el impacto del juego en la trama general de la saga es menor. Sí, sirve para saber qué pasa con Lilith y la Sanctuary III, pero ya. El único avance es ese: conocer el paradero de Elpis, aunque sus personajes no se desarrollan demasiado ni sientes que la historia realmente avance. Se siente como un interludio, un producto menor como el que pudo ser Pre-Sequel, solo que este ya nació con eso en mente, mientras que Borderlands 4 no.

El Cronoguardián, villano de Borderlands 4, extiende los brazos rodeado de fragmentos dorados y luz sobrenatural.

Lo que pudo haber sido

Y pese a todo, Borderlands 4 es un buen juego. Jugablemente es espectacular, frenético, preciso y con un game feel superior a los anteriores y muy superior a la media de juegos del género. Es divertido porque su fórmula lo lleva siendo desde el primer juego y, pese a muchos errores, sigue funcionando como un reloj. El contenido opcional y secundario es agradable y llevadero, sabe apretar pero no ahoga y te da la turra lo justo. El problema es de base: resulta ser una base inestable y muy diferente a lo que estamos acostumbrados en la saga, pero sobre ella edifica algo sólido y fuerte.

Una estructura con defectos que, en muchas ocasiones, no está a la altura por buscar los ejemplos fuera de casa en vez de en la suya propia. Y sí, Borderlands 2 y Jack el Guapo son irrepetibles, pero se puede hacer mejor sin tener que perder la identidad. Borderlands 4 es un buen juego en el que se nota la ilusión y las ganas, pero las ideas nuevas rompen con la identidad de la saga para terminar aportando poco o nada.

0 0 Votos
Article Rating
Subscribe
Notify of
0 Comments
Oldest
Newest Most Voted
0
¡Dinos lo que piensas, comenta!x