Aunque Monument Valley 3 se trate de una tercera entrega, no ha perdido su esencia, y conseguirá maravillarnos con la belleza de sus puzles como la primera vez.
Cuando anunciaron el año pasado un nuevo Monument Valley, la tercera parte, me hizo muchísima ilusión, y es que se trata de uno de mis juegos de puzles favoritos; después de tantos años se merecía una nueva entrega. Y por fin he podido disfrutar de esta maravilla.
Para quien no conozca la saga ni haya jugado a los dos anteriores, diré que se trata de un juego de puzles un poco especial, porque nada es lo que parece. Nuestra forma de resolverlos consistirá en intentar descifrar escenarios que, de primeras, no tienen mucho sentido. Y es que todo está lleno de ilusiones ópticas.
Para jugarlo no es necesario haber disfrutado de las entregas anteriores, pues las historias no están conectadas. Pero sí que lo recomiendo mucho, porque nos ayudará a interiorizar el funcionamiento de las mecánicas.
No se trata de juegos especialmente complejos, aunque en este último sí he notado que han subido un poco la dificultad y lo he agradecido. Más que nada porque, en cuanto te haces al uso de mover plataformas, a dónde tienes que mirar y qué buscar en el escenario, se vuelven bastante sencillos de resolver.

Pero no penséis que, porque el juego sea asequible, va a ser aburrido. Para nada. Y es que cada uno de los escenarios que nos van presentando tiene un cuidado y un cariño que es imposible no disfrutar. Desde la banda sonora, acorde a la ambientación de cada mapa —que además va respondiendo en función de cómo nos movemos y qué tocamos—, hasta la evolución propia del acertijo: cómo va creciendo y cambiando delante de nuestros ojos con cada pequeño paso que damos para resolverlo.
No importa que haya jugado a tres juegos distintos, aunque muy parecidos. Cada vez que me adentro en esta pequeña aventura no puedo evitar maravillarme por lo que han conseguido construir. Y tengo que decir que los anteriores los he jugado dos veces y, aunque ya sabía lo que iba a pasar, no importa.
También hay que reconocer la labor tan importante que hace el apartado gráfico. Monument Valley siempre ha destacado por ser un juego precioso —en cuanto ves las imágenes, queda bastante claro—. Está caracterizado por su uso de los colores y sus contrastes. Pero en esta última entrega le han dado otra vuelta de tuerca y se siente totalmente diferente.
Aunque es cierto que el segundo tenía algún que otro mapa más oscuro, este va un pasito más allá, porque tiene escenarios no solo enteramente negros mezclados con rojo, sino que también han optado por despojarnos totalmente del color y hacerlo todo en blanco. Además, han añadido más estilos artísticos: tenemos un pasaje que parece dibujado a mano, con sus elementos particulares que no encontraremos en ningún otro sitio.

Y es que este juego sí que tiene historia. Para nuestra desgracia —o no—, el faro ha dejado de dar luz, creando una situación de desolación en el mundo que nos tocará salvar. Así que este se volverá un lugar gris y vacío, y solo encontraremos algo de vida y color cuando viajemos a otros lugares para restablecer el equilibrio.
El motivo por el que, a diferencia de los anteriores, sí he sido capaz de entender qué estaba pasando es que tiene más diálogos, sobre todo con los personajes importantes. Sigue habiendo muchísima expresión corporal que entenderemos a través de otros elementos, como la música y el escenario, pero para contarnos lo importante han usado el lenguaje, y no de forma abstracta como ocurría en el resto.
No solo han innovado con esto; también han añadido mecánicas nuevas que he disfrutado muchísimo. Entre ellas, un barco que podemos manejar —si habéis jugado a los anteriores, os va a hacer mucha ilusión encontrároslo— y que nos permitirá movernos por el agua y admirar un poquito más los escenarios. También he notado que el juego no es tan cuadriculado y nos deja un poco más de libertad.

Con el paso del tiempo también han aprendido más cosas, y han introducido algo que me ha parecido muy positivo: un pequeño indicador, muy sutil, pero suficiente para que tu cabeza lo use de forma instintiva y sepas dónde tienes que colocarte. Al final, cuando empiezas a girar e intercambiar dimensiones, es complicado ver hacia dónde puedes desplazarte. Con estas pequeñas marcas todo es mucho más sencillo y casi ni se notan.
Por desgracia, sigue siendo un juego corto, aunque creo que un poco más largo que los demás, ya que tenemos la historia principal, una secundaria que aporta un pelín de profundidad y, al final, unos niveles extra en los que tendremos que ayudar a la gente del pueblo resolviendo un único escenario. Este último no me ha gustado mucho; lo he sentido como relleno.
Después de terminarlo, puedo decir que ha sabido mantener muy bien su esencia, aportar algo de innovación —que le hacía falta— y, sobre todo, emocionarnos con su precioso apartado gráfico y sonoro. Desde luego es una parada obligatoria para todos los amantes de la saga.
Si buscáis un juego sencillo pero tremendamente bonito, que no deje de sorprenderos y que además os haga pensar un poquito y emocionaros, os lo recomiendo muchísimo, tanto si habéis jugado a los anteriores como si no. Y si una vez terminado os quedáis con ganas de algo más desafiante, A Little Perspective es una buena opción para continuar.
Monument Valley 3 está disponible tanto en PC como para dispositivos móviles y Switch; por la belleza de sus escenarios, os aconsejo que uséis el primero para jugarlo.

Amante de los juegos cozys, pero sobre todo indies. Obsesionada con Portal desde la primera vez que lo jugué. Y cuando no estoy jugando escribo recomendando cositas. Madre de tres gatos.

- Perfecto para relajarte.
- Es precioso.
- Está muy cuidado.
- Es corto.
- La jugabilidad a veces puede ser pesada.


