Análisis de Devil Jam, un roguelike metalero que mezcla el caos de Vampire Survivors con la actitud de Hades. Brutal, adictivo y con mucho ritmo infernal.
Menuda temporada se nos está quedando de roguelikes que buscan emular el éxito de Vampire Survivors, mezclando los sistemas de los bullet hell con una progresión que engancha más que las novelas turcas. En esta ocasión, os traigo el análisis de Devil Jam. Se trata de otro exponente del género que intenta aportar su granito diferenciador, como hizo Wildkeepers Rising con sus criaturas, pero cambiando las bestias guardianas por riffs de guitarra en el infierno.
Cuando la vida no es suficiente para disfrutar de tu música
A diferencia de otros, Devil Jam no se empeña en ofrecernos una narrativa que nos pegue a la pantalla. El juego va directo a lo que va: ofrecernos arenas donde disfrutar potenciando a nuestro personaje mientras acabamos con cientos de enemigos.
No obstante, sí hay un trasfondo cuidado que se nos inyecta en el cerebro sin necesidad de diálogos infinitos ni cinemáticas que paren la acción. El juego narra mediante su arte y los mensajes de ánimo (o desánimo) que nos envían las entidades más poderosas del infierno, las cuales nos echan un cable con sus bendiciones, como si estuviésemos jugando a Hades. No le hace falta más: con eso ya vislumbramos que el núcleo de la trama no es otro que haber firmado un contrato con el Diablo —como si de una discográfica se tratase— para seguir tocando nuestra música tras superar la vida mortal. Pero hay un problema: la música está prohibida en el Infierno, por lo que las huestes del inframundo saldrán a darnos caza en cuanto nuestro instrumento empiece a sonar.
De esta manera, sabemos qué pasa, por qué pasa y cuándo pasa sin irnos por las ramas. Los rogue survivor —acuñados así por un servidor— se deben al ludus, no a la exposición narrativa. Por eso considero que Devil Jam lo hace de manera cojonuda al narrar sin necesitar herramientas complejas ni llevarnos de la manita. Para mí, esto lo hace de 10.

Devil Jam es Hades x Vampire Survivors, pero no es el único en su especie
Este binomio de juegos ya lo hemos visto en más ocasiones, y creo que el mejor exponente es Death Must Die, pues entendió perfectamente lo que hacía grandes a esos títulos y los juntó en una experiencia demoledora que, además, bebía de la ambientación de Diablo. Mientras en Hades los dioses se nos unían al superar una estancia, en el juego de Rogueside Games las entidades del infierno —encarnadas en el Diablo o los pecados capitales— acudirán cuando subamos de nivel, ofreciéndonos sus bendiciones en forma de habilidades pasivas o notas musicales.
Las notas musicales son, en realidad, habilidades de daño que deberemos equipar en una suerte de mástil de guitarra o pentagrama con 12 espacios. Una onda BPM recorre cada hilera al ritmo del autoataque del personaje, ejecutando las técnicas equipadas en los espacios cuando pasa por encima de ellos. Esto es muy interesante, pues da libertad al jugador para configurar los ataques de forma combinada y en un orden concreto. Además, algunas habilidades mejoran o añaden efectos a otras según el espacio en el que las equipemos, desatando sus mejoras cuando el riff pasa por su zona.
Tras muchas horas, confieso que el sistema funciona a las mil maravillas, permitiendo crear miles de combinaciones diferentes, con utilidades dispares. Creo que es la joya de la corona de Devil Jam, picándonos a probar nuevas builds en cada run y fliparnos cuando conseguimos una combinación efectiva, siendo muy gratificante tanto el proceso como el resultado.

El Backstage, nuestro centro neurálgico a lo Hades
Pues sí, Devil Jam también tiene un punto de retorno al morir: el Backstage. Aquí podremos realizar las gestiones pertinentes para mejorar a nuestro personaje, comprar nuevas habilidades y mejoras, desbloquear entidades demoníacas, cambiar oro por ingredientes e ir completando los objetivos que Satán nos encomiende. De hacerlo, seremos recompensados no solo con dinero, sino también desbloqueando nuevas tiendas para el Backstage y hasta nuevos personajes controlables.
También tenemos un tocadiscos que sirve para aumentar la dificultad y añadir modificadores a las batallas, algo muy agradecido, aunque insuficiente para paliar los problemas que detallaré en el siguiente apartado.
Su diseño me encanta. No solo entra por los ojos gracias al estilo cel shading tan molón, que nada tiene que envidiar al de Hades, sino porque su disposición es lógica sin renunciar a la ornamentación o la sobrecarga propia de un sitio tan diabólico como idílico. Es fácil deducir dónde está ubicado cada personaje y hacia dónde tenemos que ir para volver al campo de batalla.

Devil Jam es muy divertido, pero su fuego se apaga rápido
Lo que ya no me ha gustado tanto son las arenas de combate. Estas son procedimentales, cambiando cada vez que entremos. Además de enemigos, encontraremos equipos de sonido destartalados que podremos romper en busca de dinero y botiquines, así como diferentes altares que nos otorgan mejoras para sobrevivir más tiempo en cada intento. Por supuesto, tampoco faltan los jefes, que nos obligan a participar de forma más activa para aprender sus patrones de ataque, pues pueden llegar a ser muy puñeteros.
¿Cuál es el problema entonces? La falta de variedad. Siempre es la misma arena azul diabólica. Aunque los enemigos cambien, los altares también e incluso el orden de los jefes que nos ataquen, el hecho de combatir siempre en el mismo bioma acaba saturando rápido. Y esto es una constante en todo el juego, no solo aquí. Se me hacen pocas las misiones de Satán, y muy iguales la mayoría. Hay pocos personajes desbloqueables, tanto para jugar como NPC. Para ser un lanzamiento 1.0 —sin ser early access— me parece corto de contenidos, sobre todo cuando la abundancia suele ser una de las características más típicas del género.
En menos de diez horas podemos acabarnos el juego sin muchos inconvenientes. Intentar conseguir todos los logros y completar las misiones de Satán quizá nos lleve a la veintena, pero es una tarea demasiado repetitiva que no enganchará a muchos.

Otro Rogue Survivor para la saca… y ya van
Devil Jam me ha convencido. No se va a convertir en mi rogue survivor favorito —ese título lo seguirá ostentando el mismo Vampire Survivors—, pero aporta lo suficiente y lo hace bastante bien como para ser un juego a tener en cuenta. Ofrece una buena sinergia entre su arte cel shading metalero y un gran rendimiento (60 FPS estables en mi Asus y 144 con mi RTX 3070), con una narrativa escueta pero efectista y un tono macarra potenciado por su música, que le va como anillo al dedo.
Una pena que no todo tenga que salir perfecto, porque si no fuera por su falta de contenido y diversidad, habría sido un juego sobresaliente. Sigue siendo muy divertido y pica a seguir consiguiendo mejoras y echando runs, una detrás de otra, motivados por su curioso sistema de equipar y potenciar habilidades.
Por suerte, es un título barato: por 7,99 € podemos echarle el guante en Steam, estando ahora mismo de oferta por su lanzamiento a 7,30 €. Si tenéis mono de bullet hell roguelike, sigue siendo un gran caramelito.
Más sobre Devil Jam
Este análisis ha sido posible gracias a un código ofrecido por Evolve PR
Director de Orgullogamers y el terror del SEO. Me flipan los JRPG, los Hack & Slash y los juegos con historias inusuales de esas que te dejan roto por dentro. Me encargo de que Orgullogamers no se hunda poniendo parches de cinta adhesiva.

- Arte cel shading demencial.
- Música pegadiza y atronadora.
- Uso de habilidades innovador.
- Poco contenido para ser de este género.
- Se vuelve monótono rápido.
- Progresión poco afinada para jugadores menos dedicados.


