Análisis de Wildkeepers Rising – Una fantasía dibujada a mano que nos conquista con sus criaturas

Tres criaturas voladoras de Wildkeepers Rising lanzan ataques de fuego contra enemigos oscuros en una batalla aérea épica y dinámica.

En nuestro análisis de Wildkeepers Rising descubrimos un roguelike que fusiona Vampire Survivors con Pokémon en un mundo dibujado a mano.

Hay algo profundamente reconfortante en descubrir que la escena indie aún es capaz de sorprendernos. En medio de un mercado saturado de roguelikes que buscan replicar la fórmula mágica de Vampire Survivors, Wildkeepers Rising llega con una propuesta que, si bien bebe de las fuentes esperadas, consigue aportar suficiente personalidad propia como para justificar cada una de sus horas de juego. Desarrollado por Lioncode Games —un dúo indie con más ambición que recursos—, este bullet heaven nos invita a explorar un mundo de fantasía donde la captura de criaturas místicas se convierte en el eje de una experiencia que oscila constantemente entre lo familiar y lo exótico.

El encanto visual como carta de presentación

Lo primero que atrapa de Wildkeepers Rising es, sin lugar a dudas, su propuesta visual. El juego adopta un estilo artístico dibujado a mano que no oculta sus influencias: los testigos de Jim Henson y Studio Ghibli se dan la mano en cada escenario, cada criatura y cada elemento interactivo de este mundo fantástico. Aunque diría que va más allá de la inspiración, pues aunque pueda atufar a arte de juego flash o de móvil, no se le puede negar que tiene su carisma propio que lo hace reconocible.

Los tres entornos principales —que se expanden a cuatro en esta versión completa con la reciente incorporación de Frostpyre Peak— están diseñados con un nivel de detalle que invita a pararse a descubrirlos solo por darle placer a la retina, algo paradójico en un género donde la acción frenética suele ser protagonista absoluta. Recorremos bosques encantados hasta cuevas sombrías, pasando por un volcán helado que mezcla lava y escarcha en un contraste visual muy molón; cada localización tiene su propia identidad. Los mapas no son meras arenas abiertas; incorporan caminos estrechos, puentes, obstáculos naturales que obligan a pensar estratégicamente cómo nos movemos para que los enemigos no nos arrinconen, añadiendo una capa táctica que muchos de sus contemporáneos ignoran.

El world building de Wildkeepers Rising merece mención aparte. La premisa es atractiva: un mundo donde los Wildkeepers y sus Guardianes —criaturas ancestrales con poderes místicos— una vez protegieron la tierra juntos, hasta que un evento catastrófico los separó. Ahora, con el planeta asediado por hordas monstruosas, tres Wildkeepers (Ophelia, Korin y el Jefe Aldric, más la reciente incorporación de Ivy y Milo) deben restaurar el equilibrio rescatando a estos seres olvidados.

La historia funciona como marco narrativo sólido, ofreciendo contexto suficiente para justificar nuestra cruzada de captura y combate. Sin embargo, es aquí donde el juego muestra una de sus fisuras más evidentes: la ambición narrativa supera la ejecución. Los personajes, aunque molan en diseño y tienen sus propias habilidades distintivas, carecen de la profundidad que el juego parece querer otorgarles. Sus motivaciones permanecen en el territorio de lo funcional, sin llegar nunca a conectar emocionalmente con el jugador de forma significativa.

Combate contra hordas de enemigos usando mascotas invocadas mientras el temporizador marca 2:54 minutos restantes.

La jugabilidad es la síntesis perfecta de tres mundos

Si hay algo que Wildkeepers Rising consigue con maestría es la fusión de mecánicas aparentemente dispares en un todo coherente. La comparación con Vampire Survivors es inevitable —comparten ese ADN bullet heaven donde los ataques son automáticos y la estrategia reside en el posicionamiento—, pero la incorporación del sistema de criaturas eleva la experiencia a otro nivel.

A diferencia de otros juegos del género donde los upgrades son mejoras pasivas abstractas, aquí cada Guardian es una entidad con personalidad propia. Funcionan de manera autónoma, atacando a enemigos cercanos y acumulando energía para soltar sus habilidades límite, que podemos activar manualmente pulsando el botón asignado. Esta mecánica de timing activo rompe con la pasividad tradicional del género y nos obliga a estar constantemente evaluando el campo de batalla.

La construcción de equipos se convierte así en un ejercicio de sinergia. Con más de veinte Guardianes disponibles (y cinco nuevos en la versión 1.0), las combinaciones posibles son prácticamente infinitas. Algunos ofrecen escudos defensivos, otros limpian áreas completas con ataques elementales, y unos pocos proporcionan buffs que potencian al resto del equipo. El juego te invita constantemente a experimentar, a descubrir qué combinaciones funcionan mejor para tu estilo de juego, para cada misión específica, para cada entorno con sus particularidades.

Esta dimensión estratégica recuerda inevitablemente a Pokémon, pero también al sistema de colaboradores de Sword of Mana, donde la elección de compañeros modificaba radicalmente tu aproximación al combate. Wildkeepers Rising captura esa esencia de construcción táctica sin perder el ritmo vertiginoso que define al género bullet heaven.

Otro acierto que distancia al juego de la competencia es la diversidad de objetivos. No todo es sobrevivir durante X minutos en una arena. Aquí encontramos misiones de defensa de puntos específicos, enfrentamientos contra jefes que requieren estrategias particulares, e incluso objetivos de exploración, como recogida de coleccionables, que aprovechan esos mapas complejos de los que hablábamos antes. Esta variedad mantiene la experiencia fresca durante más tiempo del que cabría esperar, aunque también expone uno de los problemas más significativos del juego.

Pantalla de selección de hechizos mostrando tres árboles de mejora: armas, aumentos y arcanos con el blindado activo.

La montaña rusa de la dificultad

Wildkeepers Rising sufre de un desequilibrio que puede frustrar a los jugadores menos pacientes y resilientes. Las primeras horas presentan una curva de dificultad pronunciada que puede resultar intimidante. Los enemigos te sacuden de lo lindo, los recursos escasean, y cada muerte te deja perplejo al no entender qué fue eso que te reventó. Eso sí, es el tipo de desafío que, cuando lo superas, genera una satisfacción genuina, esa sensación de «esto arranca, coño».

El problema surge cuando, tras desbloquear suficientes Guardianes y mejorar el árbol de progresión permanente, el péndulo parece que oscila violentamente en dirección contraria. Aunque nada más lejos de la realidad. El sistema de mejorad de pasivas y equipamiento, aunque satisfactorio inicialmente, termina rompiendo el juego en dos direcciones: haciendo demasiado fácil los niveles principiantes pero siendo insuficientes para superar los siguientes con una soltura coherente.

Esto termina siendo un problema importante, ya que el bucle del juego es siempre el mismo: superar niveles de rescate de Guardianes, conquistas o recogida de puntos, además de arenas contra jefes. Si jugamos en dificultad Casual, la experiencia resulta excesivamente sencilla, pero al subirla nos enfrentamos a niveles en los que sobrevivir es casi imposible, obligándonos a dar con una build muy específica para avanzar. Para los masoquistas esto sonará a ambrosía, pero a quienes disfrutamos del género por la libertad que ofrece al experimentar con builds, nos corta las alas.

Jefe Aldric ofrece misiones en la plaza del pueblo de Wildkeepers Rising con opciones de menú visibles.

Localización ejemplar y rendimiento problemático

En un detalle que merece reconocimiento, Wildkeepers Rising cuenta con una traducción al castellano completa y cuidada. Respiro aliviado al no encontrarme con otro trasvase automático; se nota el trabajo de localización genuina, con textos que suenan naturales y mantienen la coherencia con frases hechas al castellano. Creo que es para destacar, pues para el público hispanohablante, esto elimina una barrera de entrada que muchos indies simplemente ignoran. Estamos en 2025, y no «cuesta» tanto a las carteras localizar tu juego correctamente, por mucho que seas un estudio chiquito.

Sin embargo, donde el juego tropieza estrepitosamente es en el apartado técnico. Para ser un título con gráficos 2D dibujados a mano, el consumo de recursos es injustificadamente elevado. Tras probarlo en mi Asus Rog Ally Z1 Extreme, el juego llegaba a exigir más potencia (TDP) de la que suelen requerir juegos AAA para poder moverse a un framerrate estable. Claro está, no hablamos de bugs o crasheos —el juego es estable en ese sentido—, sino de una optimización claramente deficiente que hace que la máquina trabaje mucho más de lo necesario.

Este problema de rendimiento es particularmente frustrante porque no hay razón técnica aparente para ello. Los efectos visuales, aunque numerosos cuando la pantalla se llena de enemigos y proyectiles, no justifican ese consumo desproporcionado. Es el tipo de fallo que puede parecer menor sobre el papel, pero que en la práctica limita la accesibilidad del juego y genera una sensación de falta de pulido que contrasta con la calidad del resto de apartados.

Menú de gestión de Wildkeepers mostrando tomo de escarcha con probabilidad de congelar en el inventario.

El valor de lo indie: precio, contenido y futuro

Con un precio de salida de 9,99€ en Steam (con descuento de lanzamiento del 10%), Wildkeepers Rising ofrece una relación calidad-precio difícil de cuestionar. Cada partida dura entre 20 y 30 minutos, y el contenido disponible promete decenas de horas para completarlo al 100%, experimentar con todas las combinaciones de Guardianes y superar todas las misiones en sus diversos niveles de dificultad.

El juego viene del modelo de Early Access, uno que le ha sido beneficioso. Las actualizaciones constantes basadas en el feedback comunitario han añadido contenido significativo —un cuarto entorno completo, nuevos Wildkeepers, más Guardianes— y han pulido muchas aristas. El lanzamiento de la versión 1.0 marca un hito importante, aunque Lioncode Games ya ha confirmado que el soporte continuará con versiones para consolas en camino y posibles expansiones futuras.

Esta filosofía de desarrollo iterativo y comunicación abierta con la comunidad genera confianza. Son solo dos personas desarrollando el juego, lo que hace aún más impresionante la cantidad de contenido y pulido (al margen del rendimiento) que han conseguido. Se puede palpar la pasión que le meten a cada actualización, además de que son bastante majos respondiendo por Discord a los problemas que les trae la comunidad.

Personaje sobre círculo mágico rodeado de criaturas fantásticas en un mundo onírico de colores púrpura y coral.

Wildkeepers Rising es una propuesta sólida con margen de mejora

Wildkeepers Rising no es perfecto, pero tampoco pretende serlo. Es un ejemplo de cómo la escena indie puede tomar géneros consolidados y añadirles suficiente personalidad propia como para destacar en un mercado saturado. Su estilo visual es encantador, su sistema de Guardianes añade profundidad estratégica genuina, y la variedad de misiones y entornos mantiene el interés más allá de lo que cabría esperar de un bullet heaven.

Los problemas están ahí, innegables: la dificultad es un churro donde no estaremos cómodos a no ser que encontremos placer en repetir una y otra vez la misma misión hasta que nos salga, por RNG, la build correcta; la narrativa promete más de lo que entrega mientras que el rendimiento técnico necesita urgentemente una revisión profunda. Pero estos fallos no ensombrecen por completo los aciertos. Hay algo especial en la forma en que el juego combina la acción frenética de Vampire Survivors con la construcción táctica de equipos que recuerda a los mejores RPGs de acción clásicos.

Para quien busque un roguelike con suficiente personalidad para destacar, con un precio accesible y la promesa de mejoras continuas, Wildkeepers Rising es una apuesta segura. No revolucionará el género, pero tampoco es esa su intención. Lo que ofrece es una experiencia sólida, visualmente atractiva y mecánicamente satisfactoria que merece su oportunidad, especialmente si te atraen las criaturas fantásticas y disfrutas estando en tensión en pantallas repletas de enemigos y proyectiles.

Lioncode Games ha creado un mundo precioso al que dan ganas de mudarse, poblado de criaturas que piden ser rescatadas y con combates que recompensan tanto la táctica como el saber posicionarse. El viaje no es perfecto, pero es innegablemente encantador. Y a veces, en el mar de clones y copias que inunda el mercado indie, este encanto vale millones.

Más sobre Wildkeepers Rising

Este análisis ha sido posible gracias a un código ofrecido por Evolve PR

Tres criaturas voladoras de Wildkeepers Rising lanzan ataques de fuego contra enemigos oscuros en una batalla aérea épica y dinámica.
  • Apartado artístico excepcional
  • Mecánicas de guardianes bien implementadas
  • Traducción cuidada y variedad de contenido
  • Curva de dificultad desequilibrada
  • Optimización técnica deficiente
  • Narrativa que no va más allá
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