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Nintendo eShop y el problema que conlleva su cierre.

El 16 de febrero del presente año, nos despertamos con un noticia que levantó mucha inquietud: a partir de finales de marzo de 2023, no se podrá comprar en Nintendo eShop para Wii U ni para las consolas de la familia Nintendo 3DS. Las reacciones del público no se hicieron esperar; desde duras críticas respecto a las políticas «anti-consumidor» de la empresa hasta acusaciones de atentar contra la preservación del videojuego.

Nintendo fue muy contundente al hacer público el comunicado que explica la postura detrás de la eShop; no tienen planes de seguir manteniendo esta tienda digital, pues se enfocarán en el servicio de suscripción online. Y no sólo eso, porque pronto ya no podremos recargar saldo a nuestra cartera a través de tarjetas prepagadas. Por «suerte», todavía será posible descargar el material previamente comprado, pero no hace falta ser un adivino para suponer que pronto no podremos hacerlo.

Esta decisión acarrea muchos problemas; por un lado, tenemos el conflicto que se genera con respecto a la conservación del software, situación que ya de por sí es muy difícil de lograr. No me voy a detener mucho en esto, nuestro compañero Nicolás Bertoni publicó un excelente artículo donde explica en qué consiste la preservación del videojuego, los métodos para llevarlo a cabo y los problemas que enfrenta el medio para que este procedimiento sea exitoso.

En esta pieza busco contar mi experiencia con la distribución digital, cómo me ha salvado en múltiples oportunidades y el dolor que me produce el fatídico cierre de la Nintendo eShop. Voy a dejar una parte de mi aquí, de mi historia como videojugadora y como el mercado digital me ayudó a seguir con esta pasión.

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Venezuela y sus políticas sobre videojuegos

Soy venezolana de nacimiento y toda mi vida he vivido en este país. Desde muy niña mi tiempo libre era enteramente dedicado a los videojuegos. Ya en los años 2000 era una ávida videojugadora que apreciaba el medio como algo más que simple entretenimiento. Las consolas que tuve en casa fueron casi todas de Nintendo (portátiles y caseras), la única excepción fue en la sexta generación de consolas, donde me decanté por la PlayStation 2. También poseía un buen PC que me permitía jugar títulos que no estaban disponibles en Nintendo.

En esos tiempos era fácil conseguir videojuegos en ediciones físicas, como en cualquier país. Podías encontrar promoción de tiendas especializadas en forma de vallas publicitarias en las calles y catálogos de juegos para comprarle a tus hijos en Navidad. Incluso llegaba prensa especializada en videojuegos, como fue el caso de la emblemática Club Nintendo, de producción mexicana. Vamos, que los videojuegos eran accesibles y asequibles. Y así fue por muchos años antes que saliera una publicación política gubernamental en contra del entretenimiento electrónico.

La publicación en cuestión fue una ley para la prohibición de videojuegos y juguetes bélicos, publicada en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, edición número 39.320 de fecha 3 de diciembre de 2009. Esta ley tenía por objeto prohibir la fabricación, importación, distribución, compra, venta, alquiler y uso de videojuegos y juguetes bélicos. Era bastante radical; prohibía todo tipo de publicidad o forma de difusión que, de cualquier manera, incitara al uso o adquisición de videojuegos considerados bélicos y violentos.

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Las consecuencias de la ley

El castigo era muy severo y, en mi opinión, desproporcionad. Quien importara, fabricara, vendiese, o distribuyese videojuegos violentos era sancionado con prisión de tres a cinco años. Y para más inri, la pena impuesta mediante sentencia definitivamente firme, implicaba el decomiso y destrucción de los videojuegos considerados inadecuados en esta ley. Este procedimiento era una competencia exclusiva de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, conforme a lo previsto en las leyes que regulan la materia. ¿Se imaginan al ejército llevándose los productos de videojuegos de las tiendas? Pues sí, en Venezuela fue una realidad.

En aquel entonces yo todavía era una estudiante dedicada 100% a la escuela y no tenía suficiente dinero para comprar todos esos juegos que estuvieron en oferta; las tiendas comenzaron a liquidar su mercancía porque, de lo contrario, serían sancionados y perderían mucho dinero con los decomisos de los productos. Recuerdo que el último videojuego que compré en físico en ese momento fue Resident Evil: The Darkside Chronicles para la Nintendo Wii.

La distribución digital en Venezuela

El problema con dicha ley era que no distinguía un Call Of Duty de un Animal Crossing; simplemente todo videojuego y videoconsola fue retirado. Sin embargo, quedaba una salida: la distribución a través de tiendas digitales. En teoría, a la ley se escapaba esto pues no era una distribución directamente hecha por venezolanos. Aún así, no dejaba de ser un privilegio ya que debías tener tarjeta de crédito o comprar las tarjetas prepagadas. Estas últimas aún se podían conseguir, pero debías rebuscar.

La distribución digital fue, por mucho tiempo, la única forma de obtener títulos de forma legal, lo que permitía apoyar tus títulos favoritos. Fue la única forma que tenía para seguir jugando. Sé que a muchos no les agrada la distribución digital y defienden el formato físico a capa y espada, incluso con videojuegos cuyas empresas sólo publican a través de este medio. Pero si no fuese por las plataformas digitales, probablemente habría dejado el gaming.

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Adiós, Nintendo eShop

Sé que las tiendas digitales no van a durar para siempre. Mantener los servidores cuesta dinero y, si los videojugadores ya no se muestran interesados, es esperable que las empresas cancelen estos servicios. Sin embargo, creo que la Nintendo eShop de WiiU y 3DS tenía mucho más que dar. Duele mucho que títulos exclusivos de la tienda digital se van a perder y duele mucho no ver un avance mayor en el servicio Nintendo Switch Online. Me dueles, Nintendo, porque crecí como jugadora con tus consolas. Creo que, por ahora, sólo seguiré en Steam, cuyas políticas de adquisición de juegos es mucho más amigable con el consumidor.

Por YamiGlen

No recuerdo cuando hice mi primer Hadouken, solo sé que luego de eso me apasioné por competir en juegos de lucha. Le entro a un jueguito de cartas que tienen fama de estar poseídas por el Diablo. Exodia... ¡Manifiéstate! También me gusta desgranar juegos tratando de ver un poco más allá del simple acto de ejecutar comandos.

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Ricardo Charco

Antes que nada, enhorabuena por el artículo. Desconocía ese momento que os tocó vivir con la industria del videojuego debido a esa ley.

Por otro lado, entendiendo el tema del coste de mantenimiento de los servidores, creo que se podrían buscar alternativas (como que cada generación NO tenga su propia eshop, si no generar una donde recoger todo). Y si esto no es factible, buscar otro método como movimiento drástico, para no perder los videojuegos de generaciones anteriores (teniendo en cuenta que en el caso de Nintendo tiene algunos cuantos títulos que son exclusivos digitales) a título personal, como Nintendero, llevo tiempo disgustado con la compañía, por sus políticas anticonsumidores.

Todo esto nombrado anteriormente no quita que me parezca esencial que exista el formato digital. Creo que tiene muchos aspectos positivos como que pueda rebajar precios del producto a medio corto plazo (ya que no tiene tanto gasto de producción como el físico) llegando a más personas que no tienen la capacidad adquisitiva para absorber las novedades de cada mes, así como también evita el problema de falta de stock…

En definitiva, gracias al formato digital he podido jugar a muchos videojuegos que, de existir únicamente el formato físico, no hubiera podido comprar.

Un saludo!

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