Crisol: Theater of Idols nos demuestra que en nuestro país podemos hacer títulos que miren de tú a tú a los padres del survival horror.
Empecé 2026 con muy mal pie en esto de los videojuegos. Una desgana enorme me invadía y juego que empezaba, juego que abandonaba porque sentía que no me estaba aportando nada, ni jugándolos con calma, incluso aquellos de mis sagas favoritas. Sin embargo, nunca me hubiera imaginado que el debut de un estudio madrileño me haría romper esa desidia con un juego del que solo conocía su arte inconfundible. Crisol: Theater of Idols apuntaba maneras y poco a poco iba mostrando sus cartas en cada tráiler y nota de prensa, hasta que, una vez en mis manos, descubrí su secreto para ser uno de los juegos que salvará este 2026.

Hispania, la España oscura y preciosa que nunca habíamos imaginado
Crisol: Theater of Idols tiene claro que quiere ser una obra de autor, alejándose de todas las malas praxis que nos tienen ahogados en esta industria. No hay ninguna señal que nos haga sentir que esto es un producto, un servicio o algo que busque robarnos nuestro dinero a cambio de un tiempo perdido. Al revés. Crisol empieza sin dar rodeos, con un menú minimalista que nos deja en shock por el enorme trabajo que desprende su modelo de fondo, una especie de Virgen retorcida, acompañado de un tema musical melancólico con un coro de una mujer.
Sin más dilación, empezamos una nueva partida y las vibraciones que nos llegan al cerebro son las del éxtasis de un juego que podríamos haber disfrutado hace 15 o 20 años. Con un prólogo extenso y exquisito, Crisol nos introduce en la epopeya de Gabriel, un elegido del dios Sol que deberá investigar la caída a la herejía de Tormentosa, una ciudad inundada por la lluvia y la sombra de un dios rival que busca poner en jaque al mundo entero. Tormentosa se encuentra en algún lugar de Hispania, una versión oscura de nuestro país, que mezcla su cultura con tecnología retrofuturista, tintes bio y steampunk y un buen empape de las corrientes lovecraftianas (sobre todo las acontecidas en el cuento corto del autor de 1917: Dagon).
Tormentosa es el escenario que nos ocupará la totalidad de la aventura de Crisol, siendo una urbe recargadísima de detalles y de la que sus autores han sabido dotar de un carisma endiablado. Cada elemento colocado, cada camino, cada cartel… Todo nos habla como un interlocutor más que sabe narrar con total acierto el pasado del lugar, sin necesidad de más apoyos. Como ejercicio de lenguaje ludológico, el diseño de Tormentosa me parece increíble y es lo que se busca en escenarios donde la aventura es lineal. Si tuviese que ponerle un pero, sería a la necesidad de mancillarla con marcas visuales para indicar el camino, con una pintura amarilla burda que roza la barrera de lo extradiegético.

Crisol: Theater of Idols no es el BioShock que te prometieron
Una constante que he visto en redes sociales —y otros análisis— es la comparación de Crisol con BioShock, el shooter ambientado en una ciudad submarina de Ken Levine. Pues en lo que a mí respecta, no estoy de acuerdo. Si bien es cierto que hay un leve aroma a BioShock en lo que al prólogo del juego respecta, puestos a analizarlo al completo, no veo ningún paralelismo más allá de que ambos se juegan en primera persona y de que gozan de una ambientación poderosísima. Por lo demás, ni se juegan igual, ni transmiten lo mismo, ni siquiera en sus mecánicas más nucleares se parecen.
Crisol apuesta por un combate mucho más limitado y parco de opciones, pero sintiéndose intencionado y casando bien con el alma de la propuesta. Los enemigos que nos salen al paso son muy resistentes, por lo que no consistirá en disparar sin más o usar poderes para poder salir airoso de los enfrentamientos. Aquí deberemos usar la cabeza y economizar los disparos para frenar a los enemigos o desarmarlos, pues las balas usan un recurso de doble filo: nuestra salud. Cada vez que recarguemos un arma, esta absorberá nuestra sangre, vaciando nuestro medidor de vida, por lo que deberemos gestionarla tanto para aguantar golpes como para poder defendernos con nuestras armas. Esta «limitación» está diseñada con un equilibrio sorprendente, pues por un lado nos obliga a jugar con estrategia y por otro, el poder absorber la sangre de cadáveres o el poder recuperarla mediante inyecciones nos permite tener un mínimo de solvencia sin que tengamos que rehuir de los enfrentamientos.
Aun así, diría que los combates no son el epicentro de su propuesta. Si tuviese que decir un referente para Crisol: Theater of Idols, sin duda diría los Resident Evil modernos. En Crisol he visto mucho de Resident Evil 7 y Village, pero también del remake de Resident Evil 2. El diseño de algunos puzles —necesitando de la vieja confiable de papel y boli para resolverlos—, backtracking para abrir nuevas zonas, el tener un refugio o centro de operaciones para guardar partida, su sistema de mejoras de armamento, lo limitado de los recursos para que no nos sintamos John Wick o que haya un enemigo con complejo de Nemesis, que nos pondrá en tensión en más de una ocasión, hace que se empape de lo mejor de las obras de Capcom. Y en cuanto a opciones en los escenarios, lo veo parejo a Dishonored, aunque sin llegar tan lejos, ya que aquí no tenemos los poderes de Corvo o Emily para fliparnos.

Crisol: Theater of Idols entiende que el jugador es un ente activo
Siguiendo con lo que decía de los escenarios, Crisol: Theater of Idols bebe un poquitín de nada de Dishonored a la hora de tener desvíos, zonas secretas o puntos de interés, ajenos al camino principal, que solo serán visibles si estamos atentos o si tenemos los requisitos necesarios para llegar a ellos (como una llave o herramienta particular). Este interés por encontrar zonas secundarias se recompensa con objetos que nos servirán para mejorar las habilidades del personaje, más acervo para entender la religión rival a la nuestra o para desbloquear nuevas piezas sonoras de su apabullante banda sonora.
Por ejemplo, en el capítulo 1 podremos desbloquear una escopeta recortada si conseguimos unas cizallas que nos permitan romper las cadenas que protegen su vitrina. Estas cizallas se consiguen avanzando en la historia, pero a excepción de unos carteles que vemos por la ciudad anunciando el arma como un premio en una armería, no tenemos ninguna pista más de su existencia. No hay indicaciones en la interfaz, no hay ningún NPC que te lo avise, no hay nada más que esa pista visual y bien integrada en el diseño del escenario. Este tipo de cosas me flipan, porque alcanzar el equilibrio entre ser demasiado expositor o demasiado abstracto en la información que das al jugador es condenadamente difícil, pero en Vermila Studios han conseguido dar con la tecla.
Es que esta fijación tan detallista podemos vislumbrarla también en que los carteles aparecen deteriorados y con la tinta escurriéndose si están en el exterior, a causa de la lluvia, pero ese mismo cartel, si lo vemos expuesto dentro de una casa, aparecerá en perfectas condiciones. Lo normal es suponer que copiarían y pegarían un modelo del cartel, como un asset más, por doquier, pero fijándonos en estas cosas entendemos el alma y cariño que Vermila Studios ha depositado en intentar hacer una ambientación condenadamente perfecta para Crisol.

Cuando el Sol no alumbra en Tormentosa: lo que no me ha gustado
Hasta ahora solo podía quitarme el sombrero con la propuesta de Vermila Studios, pero hay un par de cosas que voy a comentar que no me han gustado demasiado. La primera es el tema de sus puzles. Aunque esto pueda sonar a contradicción con lo anterior, sí que he notado una falta de pistas o de ayudas a la hora de solventar algunos puzles. Algunos son sencillitos, pero hay otros en los que me he vuelto loco para encontrarles la solución por culpa de que la pista que daban o bien era muy confusa o llevaba a interpretaciones erróneas en vez de ayudar.
Otra cosa que no me ha gustado, pero tampoco es algo que me vuele la cabeza, es el tema del doblaje al castellano. Siendo un juego español y ambientado en una España ficticia, es obvio apostar por un doblaje en nuestra lengua materna; sin embargo, no quedé muy contento con el resultado de las actuaciones, siendo interesantes las del padre Arroyo, Dolores o la de Gabriel, pero molestas las de Mediodía o la de los NPC de los recuerdos de sangre, siendo casi siempre las mismas voces (o actuadas igual). Personalmente, y aunque me funen por ello, me gustó más el doblaje inglés, aunque seguí optando por el doblaje castellano por la ambientación.
Por último, destacar que en lo técnico no es un videojuego perfecto. Jugado a 2K y con todo en alto con una 9070 XT de AMD, mi tasa de cuadros por segundo se mantuvo en una media de entre 90 y 100 FPS, pero también he sufrido rascones en algún momento (aunque no tan regulares como para resultar molestos). Probado en Asus ROG Ally con Linux en Steam Game Mode, los resultados me han sorprendido más, manteniéndose a unos 60 casi rocosos jugando a 1080p con una configuración mix entre medio y alto. Hablando de tal, eché en falta en las opciones gráficas algún supersampling de tecnologías específicas más allá que XESS de Intel, pues este no es que funcione bien si usas procesadores gráficos de AMD (como en mi caso) y está muy por debajo de otros como el DLSS de Nvidia o el FSR de AMD. También señalar que he sufrido bugs que dinamitaron mi primera partida y que he tenido que empezarla de cero, pero bueno, desde el estudio aseguran que esos problemas se corrigieron con el parche de lanzamiento, así que no lo tengáis muy en cuenta.
Crisol: Theater of Idols no se cree más de lo que es y aun así brilla con originalidad
El título de Vermila Studios brilla con luz propia. Crisol: Theater of Idols apuesta todo a su ambientación y hace un ejercicio casi sobresaliente en motivar al jugador a completar su aventura. Bebiendo de la fórmula del survival horror moderno, se esfuerza en darnos una propuesta lineal que nos atrapa y no nos suelta hasta terminarla. El acervo de esta Hispania es maravilloso y uno se queda con ganas de devorar más sobre su cosmología, religión y personajes.
Hace un uso genial del backtracking, los combates son resolutivos sin necesidad de dar un arsenal cuantioso, gracias a sus gotas de estrategia, y la gestión de recursos está perfectamente equilibrada para los estándares del género. Sus peros son pocos, centrándose en las ayudas ambiguas para algunos de sus puzles o en asperezas en el rendimiento (al menos en PC; desconozco qué tal tira en PS5 y Xbox Series).
Sea como sea, la balanza se inclina mucho más para el lado del sobresaliente. Crisol: Theater of Idols es una maravilla patria de la que estar orgullosos. Un doble A con muchísimo carisma, hecho con cariño y que entiende más de narrar siendo un videojuego que muchos AAA millonarios japoneses o estadounidenses. A poco que gusten los survival horror o los juegos donde no te traten de tonto, Crisol es un sí para tu juegoteca.
Más sobre Crisol: Theater of Idols
Esta reseña ha sido posible gracias a un código para Steam ofrecido por Best Vision. Crisol: Theater of Idols está por 17,49€ en Steam, estando rebajando a 15,74€ con motivo de su lanzamiento, el día 10 de febrero de 2026.
Director de Orgullogamers y el terror del SEO. Me flipan los JRPG, los Hack & Slash y los juegos con historias inusuales de esas que te dejan roto por dentro. Me encargo de que Orgullogamers no se hunda poniendo parches de cinta adhesiva.

- Ambientación poderosísima.
- Gran equilibrio entre reto, exploración y gestión de recursos.
- Buena narración usando los escenarios.
- Alguna aspereza técnica.
- Desajuste en la dificultad de sus puzles.
- La calidad del doblaje se me queda corta.


