El efecto ancla en los videojuegos

Por Daniel Viñambres #
William, protagonista de Nioh, como ejemplo del efecto ancla en los videojuegos: empuña su katana ensangrentada flanqueado por dos yōkai en la tormenta.

Últimamente sufro un efecto ancla producido por la nostalgia que me impide disfrutar de los videojuegos como antes.

Tengo casi treinta y dos años y llevo jugando videojuegos desde que cayó en mis manos una Game Boy con el Pokémon Amarillo. Vamos, que soy más viejo que el sol y tengo más callo en esta industria que las manos de un cantero. Los videojuegos ya no me generan el impacto que antes y rara vez siento «cosquillas» en el estómago cuando se anuncia o cuando sale un nuevo juego. Puede que el último que me maravillara fuera Elden Ring, del que no hace tanto, pero la realidad es que siento que los videojuegos ya no me ilusionan como antes.

Y ojo, no es que me hayan dejado de gustar o que juegue menos. De hecho, creo que juego más que nunca, pero cada día me siento más outsider de esta industria. Me siento fuera de lugar porque no encumbro los nuevos lanzamientos. Fuera de lugar porque la conversación alrededor de cada juego me resulta manida, cargante y poco novedosa. Cada nuevo lanzamiento es el GOTY. Cada nuevo juego, un sobresaliente. Ya no existen juegos buenos sin más: o son muy buenos o muy malos. Se ha perdido el gris entre tanto blanco y negro.

Durante todo este tiempo he echado la culpa a los jugadores, pensando que ya se ha perdido el criterio y que tragamos con cualquier cosa sin importar si realmente es un buen producto o no. He pensado que la mayoría de los jugadores se dejan llevar por el hype del momento y sobredimensionan cada lanzamiento, y esto es algo que en cierto modo mantengo, pero la realidad puede que sea otra. La realidad es que el problema no lo tienen otros, lo tengo yo.

No se trata de un problema de elitismo, para nada. Se trata de un problema de nostalgia, de anclaje. El efecto ancla es un término utilizado para referirse al sesgo producido por una primera impresión que nos afecta con posterioridad. Este efecto es el que a mí, como jugador, me impide disfrutar al máximo de las nuevas entregas de una saga y que, a su vez, me hace querer volver a sus precuelas. Un efecto que me provoca jugar con nostalgia, con el sentimiento constante de «está bien, pero estaba mejor el anterior». En definitiva, me hace preferir lo que ya conozco.

Samurái de Nioh 3 vestido de blanco junto a dos guardianes espectrales alados, uno dorado y otro azul.

Secuelas no tan buenas

Esta sensación es la que estoy experimentando últimamente con más fuerza. Con lanzamientos como Borderlands 4, Resident Evil Requiem o Nioh 3 tengo la sensación de que estoy ante tremendos juegazos, pero que, en el fondo, prefiero los anteriores. Y ojo, muchas veces este sentimiento es racional y se basa en cosas concretas, pero… ¿es siempre así?

Con Borderlands 4 he sentido uno de los mayores desengaños de los últimos tiempos. Después de tanto tiempo esperando un nuevo juego principal de la franquicia, y con el rebufo de todo lo anunciado —que apuntaba a mirar más a Borderlands 2 que a Borderlands 3—, la decepción ha sido mayúscula: una decepción que me costó asumir. De hecho, mirando las opiniones de los jugadores en los principales foros, vi que mi valoración iba bastante a contracorriente de la opinión mayoritaria: a la gente le gustaba más que Borderlands 3.

A mí no. Asumo que la jugabilidad es mejor —la mejor de la saga, de hecho— y que se esfuerza por innovar alejándose del fan service. El mundo abierto es ágil, las armas son divertidas y la trama, pese a sentirse algo inconexa respecto a la historia principal de la saga, no está protagonizada por dos niñatos youtubers. Sobre el papel, admito que suena bien y mejor que Borderlands 3, pero, para mí, ni de puta coña. Y eso que lo tengo bien reciente, pues lo rejugué hace poco.

A Borderlands 3, jugué muchas horas en PS4. Fue mi juego de cabecera y el pozo en el que me sumergí durante una pandemia que, mientras otros se dedicaron a jugar a Animal Crossing, a mí me sirvió para adentrarme en el meta del juego y explorarlo al infinito. Las mejoras de calidad de vida, las jugables y las gráficas de Borderlands 4 no superaron a su predecesor, que siempre tendrá un hueco en mi corazón sin importar lo que venga después.

Algo similar me está ocurriendo con Nioh 3, el último juego de Team Ninja que me ha vuelto a robar el corazón tras la decepción que supuso Rise of the Ronin, pero, aun así, siento que le falta algo y pienso con mucha nostalgia tanto en Nioh 1 como en Nioh 2. ¿Es malo Nioh 3? Para nada. De hecho, posiblemente, sea el perfeccionamiento de la fórmula que empezaron con Nioh 2, donde se empezó a dejar de lado el género soulslike para virar hacia uno más propio, en el que, sin dejar de lado la dificultad de los bosses y el diseño interconectado del mapa, se apuesta por una mayor espectacularidad en detrimento de la máxima dificultad que ofrecían las entregas anteriores.

Personaje de Borderlands 4 con sombrero y máscara empuña dos armas entre paredes de hielo azulado.

Resident Evil Requiem ha sido el juego con el que más he sufrido esto. La crítica, tanto la profesional como la aficionada, ha encumbrado el juego a unas cotas reservadas solo para Resident Evil 2 y 4. Algo que no hemos hecho aquí en Orgullogamers, donde nos dejó algo fríos y, a mí, personalmente, pese a gustarme mucho, lo que me ha generado son ganas de volver a jugar a alguno de esos otros dos juegos, porque considero que son mejores, más puros, más reales.

El efecto ancla me tiene encallado en una época en la que disfrutaba más de los videojuegos, quizá porque estaba en otra etapa de mi vida en la que pude quemarme con los videojuegos y ya no los concibo de otra forma que no sea esa. Quizá simplemente es una mala racha en la que me siento más nostálgico y prefiero lo ya conocido en lugar de lo nuevo. Pero es que, cuando me planteo esto, en el fondo sigo pensando igual: el juego anterior al actual es mejor que el actual. Y quizá no sea el único, viendo que las expectativas por el remake de Black Flag y de los God of War griegos están por las nubes.

En cualquier caso, debería volver a esos juegos del pasado para revivir el recuerdo y valorar si realmente estaba en lo cierto o soy un viejo que ya no disfruta de lo nuevo porque no lo entiende.

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