Recolecta orbes, gestiona patos y reconstruye la secta en All Hail the Orb
All Hail the Orb es un cliquer un poco especial, y es que mezcla bastantes elementos. Si esperáis que sea uno de esos juegos para tener abiertos y mirarlos de vez en cuando, ya os adelanto que es todo lo contrario.
Empezamos de una forma inocente: una escena en blanco y negro, un orbe en el centro de la pantalla sobre un pilar un poco extraño y muchas frases alrededor que nos insisten con bastante intensidad en que cliquemos sobre la esfera. Está claro que nada malo nos va a pasar.
Después de obedecer esas vocecillas sin maldad, aparecerá un bicho bastante mono que nos informará de que nos encontramos en lo que antes era una secta, pero que por causas que desconocemos fue destruida. Y lo más importante de todo: parece ser que su jefe ha quedado dentro de la bola. Para liberar al señor malvado de las tinieblas, nos tocará volver a reconstruir todo el tinglado. Si después de jugar Cult of The Lamb al os habíais quedado con ganas de adoración, aquí vais a tener una poquita.
¿En qué consiste All Hail the Orb?
El juego en sí es bastante sencillo: cliquear en cosas que nos dan puntos y usar estos para mejorar los generadores y que nos den más puntos. Esto no es nada nuevo. Pero no se quedará solo aquí, y es que, según vayamos avanzando, iremos descubriendo más monedas, más salas y, lo mejor de todo, más patos. ¿Qué hacen los patos aquí? Pues no lo sé, pero más os vale tenerlos contentos.

Para no agobiarnos con tantas cosas —aunque al final a mí me ha pasado—, empezaremos solo con una sala y una moneda. Podréis ver que hay infinidad de puertas cerradas que iremos abriendo poco a poco según subamos de nivel. Porque sí, aparte de todo lo que recolectamos, también es necesaria la experiencia. Cada vez que subamos de nivel, el rey pato nos otorgará una mejora y, a veces, si tenemos suerte, podremos elegir entre varias. Al principio de la partida seremos nosotros quienes se encarguen de recoger las bolitas de experiencia, pero según avancemos en el juego lo harán nuestros súbditos acuáticos.
Y es que es lo mejor del juego: que desde bien prontito nos da la opción de tener adeptos que se encargarán de esas tareas tan pesadas como darle al clic del ratón. Esto nos permitirá quedarnos en segundo plano viendo a gente trabajar, que siempre es muy entretenido. Pero ya os he dicho que de inactividad tiene poquito, y es que siempre hay algún elemento que gastar, alguna sala que mejorar, algún sectario al que devolver al trabajo porque está alargando demasiado su descanso, o incluso gestionar ánades.
En general, no soy muy fan de los juegos de gestión; al final tenemos a tanta gente y tantos patos que se me hace imposible organizar a nadie. Más adelante tendremos la opción de pintarles las túnicas para que sepamos a qué sector pertenecen, junto a una mejora de sus estadísticas, pero esto me lo he saltado un poco y, como vuelven solos al trabajo, pues he pensado que quién era yo para explotar a nadie.
Otra de las tareas que no podemos delegar es la granja de setas. Aunque me ha gustado, todo va tan rápido que he terminado un pelín agobiada. Empezaremos con un terrenito minúsculo, plantando pequeñas semillas que irán creciendo y se expandirán por sí solas. Así que nuestro trabajo aquí será ampliar el terreno vendiendo lo que cosechemos y, además, controlar la población, porque iremos descubriendo champiñones más valiosos, que son los que nos interesa tener. Pero es que se reproducen tan rápido que a veces es imposible.

Una cosa que tiene el juego muy chula es que, para que no nos perdamos entre las veinte salas disponibles —en verdad no son tantas y se ven de un vistazo, pero como a veces hay que hacer zoom (una es una señora mayor y no ve bien de lejos)—, contamos con una leyenda arriba, visible en todo momento, que nos indica si hay alguna mejora disponible; simplemente con pinchar, nos desplazará la cámara hasta esa habitación.
También cuenta con premios dentro del juego por conseguir los logros de Steam. No dan mucha recompensa, pero oye, está gracioso. Cada vez que desbloqueamos uno, nos otorgarán puntos especiales —por si se os hacían pocos— que podremos canjear por cursores del ratón; hay alguno bastante curioso, aunque no son muy variados. Músiquilla que podremos cambiar a nuestro gusto, un cañón de confeti —totalmente necesario y sin el que el juego no sería lo mismo— e incluso un pato que tiene más forma de lombriz, pero quién soy yo para juzgar a nadie.
Lo mejor de todo —y es que soy una chica sencilla— es que está cargado de humor y, además, se nota que le han puesto muchísimo cariño a las descripciones, tanto de las mejoras como de los patos. Para que luego yo me haya leído la mitad. También tenemos la opción de ponerlo en idioma pirata; he estado muy tentada a jugarlo así, lo malo es que, quitando las expresiones propias, el resto está en inglés.
Conclusión: ¿merece la pena All Hail the Orb?
Si buscáis algo bonito, que os saque una sonrisa y que os tenga todo el rato haciendo cosas más allá de clicar, os lo recomiendo mucho. Ahora, si sois gente que se agobia fácilmente y que no lleva bien los colores brillantes, pues siento deciros que no es para vosotros.
Pincha aquí para saber más sobre All Hail the Orb
El juego está en Steam por 6,89€. El análisis ha sido posible gracias a una clave ofrecida por LeGingerDev.

Amante de los juegos cozys, pero sobre todo indies. Obsesionada con Portal desde la primera vez que lo jugué. Y cuando no estoy jugando escribo recomendando cositas. Madre de tres gatos.

- Muchas cosas para hacer
- Humor
- Patos
- Puede saturar un poco


