Monster Crown: Sin Eater es una secuela que retorna con todas las células renovadas para intentar consolidarse como otro «Pokémon-killer» con confianza y sin tonterías.
Uno de los subgéneros de los RPG emergentes de los últimos años se está convirtiendo también en uno de mis favoritos. Sí, os estoy hablando de los mal llamados Pokémon like: videojuegos que erigen sus cimientos a base de las ideas que convirtieron en un hito al Pokémon de Game Freak. Algunos son malas copias, pero otros deciden escoger el camino de aportar sus ingredientes para forjar una identidad propia, revitalizando lo que conocemos del Pokémon original, y en muchas ocasiones hasta superándolo para ser mejores videojuegos (al menos que las últimas iteraciones de Game Freak).
¿Es el caso de Monster Crown: Sin Eater? Pues sin adelantaros demasiado de lo que hablaré a continuación, puedo confirmaros que la obra de Studio Aurum es de las que han escogido el camino correcto.

Abrazando el estilo de Game Boy Color al igual que los primeros Pokémon
Monster Crown: Sin Eater tiene muchas fortalezas, pero una de las más llamativas es, sin lugar a dudas, su apartado visual. Al igual que sucedía con la primera parte —podéis leer el análisis del Monster Crown original aquí— se le otorga vida mediante un pixel art de 16 bits, con sprites que recuerdan a las mejores producciones de la vieja portátil de Nintendo. Sin embargo, en vez de contentarse con copiar a Pokémon, Monster Crown: Sin Eater luce un estilo muy propio, con un juego de colores fríos y apagados muy característico que acompañan a diseños entre lo bizarro y lo alucinógeno, dándonos criaturas que parecen salidas de pesadillas retorcidas y emplazamientos solo posibles en la imaginación de alguien de otra dimensión. Por supuesto, esto no lo digo en un sentido peyorativo, sino todo lo contrario: este estilo le va como anillo al dedo a Monster Crown: Sin Eater, ya que su propuesta es mucho más madura, oscura y, diría que, angustiosa en comparación a otros Pokémon like que tenemos en Steam y otras tiendas.
Lo que no va tan en consonancia, pero que igualmente me sigue pareciendo un acierto, es su banda sonora. Son piezas que también recuerdan a la época de los 16 bits, con una composición más compleja, pero sus ritmos me evocan más a juegos de beat ‘em up que a una aventura por turnos propiamente dicha. No obstante, me sigue pareciendo muy buena, con algunos temazos con coros, pianos y guitarras eléctricas hechos con tal pasión que parecen sacados de un Final Fantasy de Super Nintendo.

Paliza descomunal en lo narrativo a cualquier Pokémon
Si antes dije que el apartado visual y artístico es uno de los baluartes más importantes de Monster Crown: Sin Eater, ya ni hablemos de lo que me ha parecido a nivel narrativo.
Todos podemos estar de acuerdo en que Pokémon —salvando alguna excepción, como las ediciones Negra y Blanca— tiene historias que son peor que anodinas. Su propósito no es otro que el de estar ahí para acompañar sin dar demasiado sentido o lógica a lo que hacemos, o al menos así era en las primeras ediciones, hasta que a Game Freak se le subieron los humos y comenzaron a intentar escribir cosas más «complejas» que dan una vergüenza ajena insoportable. Por ello, no es difícil encontrar Pokémon like que le superan sin mucho esfuerzo, y es el caso del juego que tenemos entre manos.
Monster Crown ya nos metía de lleno en una historia que no estaba mal, con un tono ya más oscuro que cualquier entrega de Pokémon; pero es que Monster Crown: Sin Eater va un peldaño más allá y nos trae una historia bruta, madura y oscura, que me ha tenido muy metido en la aventura. En ella somos Asur, un granjero cuya familia y negocio son atacados por una especie de organización de híbridos. Después del traumita, Asur decide coger el toro por los cuernos y emprender su camino de venganza, recorriendo todo el mundo para conseguir los monstruos más fuertes con los que finiquitar a la misteriosa organización y limpiar el honor de su familia.
Como decía, Monster Crown: Sin Eater no se anda con tonterías. Aquí el concepto de la muerte se mastica sin muchos miramientos —las criaturas mueren en algunas escenas, por ejemplo— y vemos cómo se reflejan injusticias por doquier. No hablamos de las típicas situaciones de malos malísimos o tonterías de abusones que entendería un niño de tres años, sino de tramas peliagudas con sus capas que a veces encierran microhistorias que nos dejan jodidos por dentro. Además, el juego cuenta con un sistema de decisiones en las conversaciones que nos puede llevar a un total de cuatro finales diferentes, lo que amplía su rejugabilidad si nos enganchamos a su historia o sistema de combate.

Si te gusta coleccionar criaturas, con Monster Crown: Sin Eater te vas a empachar
El juego se cimienta en un sistema de combate por turnos 1 contra 1 como veníamos conociendo de la primera entrega. Aquí no hay muchos cambios, manteniendo el sistema de concentración, que nos permitirá potenciar los ataques de las criaturas, o el poder luchar con el propio entrenador, suponiendo el final de la partida si este cae en batalla. Lo novedoso aquí es que, sumado al sistema de fusiones y crianza de la primera entrega, ahora tenemos el sistema true cross-breeding, dando lugar a más de 1000 criaturas diferentes a través del emparejamiento. Obviamente, es un sistema que yo no exploté demasiado, pues con llevar a mi equipo firme de criaturitas me bastaba; pero sí que está guay el poder llegar a esas cotas de personalización para hacerte equipos capaces de romper el juego, o simplemente por alimentar a nuestro coleccionista interior: vale mucho la pena.
Pero Monster Crown: Sin Eater se caracteriza por poseer más cualidades genuinas. Por ejemplo, la dificultad aquí no es apta para cardíacos. La forma de conseguir objetos de curación es por mochilas que hay tiradas por las rutas, las cuales se resetean cuando descansamos en las posadas. Pero esto es un arma de doble filo, pues también hará que los otros domadores de monstruos quieran volver a luchar contra nosotros (y es difícil esquivarlos). Las tiendas que nos permiten conseguir objetos de curación o para atrapar otras criaturas —que, por cierto, se consiguen haciendo que firmen pactos— no son accesibles en los inicios de la aventura, por lo que la curva de aprendizaje empieza siendo muy, muy dura hasta que nos hacemos a su filosofía. He de decir que, una vez dentro, el juego se vuelve adictivo y gratificante como pocos en su peculiar subgénero.
Pero lejos de parecerme esto un error, creo que su dureza acompaña a su narrativa bestia y a su tono tan oscuro: es un Pokémon like para sufrir en la piel de su protagonista mientras poco a poco nos transformamos en alguien badass que será capaz de partirle la cara a cualquier incauto que se nos acerque.
Monster Crown: Sin Eater mira a Game Freak y le dice «pathetic»
Otro punto positivo, sobre todo si lo comparamos con su entrega predecesora, es que apenas me encontré bugs o problemas de rendimiento. Vale que el juego simula a un título de Game Boy Color, pero incido en que la primera parte salió con muchos problemas que me hicieron rechinar los dientes. Monster Crown: Sin Eater es harina de otro costal, pues me ha parecido muy sólido, y eso que he jugado a una versión más temprana que la que tendréis vosotros en la tiendas. Lo he probado en un PC de gama alta con Windows 11, un portátil de gama baja con Linux y también en una handheld PC (Asus ROG Ally, con Bazzite) para hacerme una idea de cómo tiraría con una Steam Deck, y en todas las situaciones el juego ha rendido de vicio.
Pues como ya suponía antes de empezar el juego siquiera, Monster Crown: Sin Eater ha dejado a las últimas entregas de Pokémon barriendo el suelo. Su cóctel formado por el apartado artístico, la banda sonora, el sistema de crianza, la dificultad y la narrativa madura explota con un sabor demencial en nuestros paladares de jugones. Si eres de los que —como yo— vienen quemados de la franquicia de Game Freak, aquí te encontrarás con un juego que no te tratará como a un tonto y que te hará sentir que aprovechas el tiempo: con una curva de aprendizaje dura, pero que sabe recompensar tu paciencia.
Si te ha gustado este análisis y quieres saber más de Monster Crown: Sin Eater
El juego se estrena el próximo 30 de abril de 2026 para Steam, Xbox Series, PlayStation 5 y Nintendo Switch, pudiendo disfrutar de una demo gratuita en sus páginas. Esta reseña ha sido posible gracias a un código ofrecido por Red Art Games.
Director de Orgullogamers y el terror del SEO. Me flipan los JRPG, los Hack & Slash y los juegos con historias inusuales de esas que te dejan roto por dentro. Me encargo de que Orgullogamers no se hunda poniendo parches de cinta adhesiva.

- Estilo artístico molón y bizarro.
- Historia adulta y madura.
- Curva de dificultad dura pero justa.
- El sistema de crianza abruma.
- Está solo en inglés.
- Los menús son algo confusos.


