Collector’s Cove nos promete una aventura marítima y exploración, pero hace aguas demasiado pronto
Cuando probé la demo de Collector’s Cove, me enamoró. Un juego de granjitas en el que íbamos en una barquita impulsada por un dinosaurio monísimo mientras explorábamos islas. ¿Qué más se podía pedir? Pues, después de jugarlo unas cuantas horas, bastantes, tengo que decir que, al igual que me pasó con Discounty, me han podido las expectativas.
Todo empieza cuando un señor pescador, que dice ser nuestro tío, nos lleva a una isla y nos da lo básico para nuestra aventura: las típicas herramientas de estos juegos y su uso. Nada excesivamente complicado. Una vez terminado el tutorial, nos presentará a nuestro collector, el dino.
A este, al igual que a nuestro personaje, podremos personalizarlo como queramos. No es que el juego tenga muchas opciones, pero sí ofrece varios estampados y colores, y eso le aporta un poco más de profundidad al creador de personaje. Además, a lo largo del viaje encontraremos diferentes accesorios extra que ponerle a nuestra mascota.
Cuando tengamos todo listo, empezará el juego, que consistirá básicamente en construir cosas en la cubierta de nuestro bote: sitios para plantar los cultivos, la típica mesa de trabajo… mientras viajamos por mar abierto descubriendo pequeñas islas. ¡Y tan pequeñas!

Una vez que nos encontramos en el navío, podremos indicarle a nuestro «pequeño» colector hacia dónde nos gustaría dirigirnos. Obviamente, el viaje requiere tiempo, y cuanto más lejos nos vayamos, más tardaremos. Mientras estemos navegando, tendremos que mantenerle alimentado si no queremos quedarnos varados en medio del océano esperando a que termine de dormir.
Cuando estemos en la barca, podemos dedicarnos a plantar cultivos, pescar o recoger ítems que nos traerá la marea. Por suerte, esto se puede automatizar bastante pronto, porque he terminado hasta las narices. También tenemos la opción de echarnos a dormir, aunque no hay energía; simplemente sirve para que pasen las horas y nos da un pequeño aumento de velocidad. No me ha gustado mucho que no tenga una opción para elegir cuántas horas quieres descansar, especialmente porque la pesca va por rango horario.
Una vez que lleguemos al destino, lo único que tenemos que hacer es hablar con nuestro pielagosaurio para bajar a tierra. ¿Y qué encontraremos aquí? Depende: las islas se generan aleatoriamente, así que cada una es diferente y van cambiando. Algunas tienen algún pequeño puzzle, pero la mayoría son un trozo chiquito de tierra con un estanque para pescar peces de agua dulce y llenar la regadera. También podemos talar y minar, pero con lo que nos llega al bote es más que suficiente.
Y tengo que decir que estoy un poco decepcionada con esto de las islas. La parte del barco a veces se me ha hecho aburrida, especialmente porque cuando estás terminando de conseguir todos los cultivos y peces de un mapa, te queda poco que hacer. Encima, bajas a tierra y no hay nada más, como mucho un pequeño minijuego para abrir un cofre. Esperaba que fuese un poco más como Luma Island.

Pero no todo va a ser malo. Me ha gustado que el juego no tenga estaciones, sino localidades inspiradas en estas. Empezamos en la zona tropical, que obviamente es la más sencilla, y luego, más adelante, tendremos otras tres por descubrir, cada una con sus recursos propios. A veces, para avanzar en el compendio, necesitaremos ir intercalándolas.
Esto es lo bueno: los cultivos no caducan si cambiamos entre ellas. Y como somos nosotros quienes decidimos ir a una u otra, no tenemos que estar con prisas de conseguir que florezcan las patatas antes de que termine el verano. Lo malo es que, si solo te queda por cultivar un brócoli, tampoco puedes irte a explorar otras zonas y tienes que esperar a que crezca.
El juego básicamente se resume, como su nombre indica, en coleccionar cosas: el Pokémon de los cultivos. Y no vale solo con descubrir qué hay de especial en cada zona, sino que, una vez que hemos conseguido una cantidad determinada de un elemento, tendremos que obtener la versión plus, que nos dará una pista para la premium que daremos de comer a nuestra mascota. Aquí es donde entra la parte adictiva: cada vez que alimentamos con esta a nuestro bicho, subirá de nivel, igual que lo hace la pesca y la granja cuando realizamos estas acciones, y nos darán mejoras que nos pondrán la vida un poco más fácil.
Como apenas tenemos misiones más allá de alcanzar determinado nivel, aunque sí nos guían un poco a través de gaviotas mensajeras, he agradecido lo de subir de nivel el cultivo o el pez, porque a veces nos invita a explorar las diversas opciones que tenemos en el juego. Aunque me hubiese gustado que algunas cosas las explicase un poco más en profundidad. Y, como es de suponer, hay algunas tareas que son más sencillas que otras, lo que me ha hecho plantearme si de verdad merecía la pena pescar ese pez.

Básicamente, esto es lo que ha impedido que dejase el juego, porque, siendo sincera, es bastante repetitivo y un poco falto de contenido. Sí, hasta he echado de menos encontrarme con algún NPC para hablar, con lo poco que me gusta. A veces me ha recordado a un Spiritfarer, pero sin la parte emotiva, que es fundamentalmente la que se encarga de mantener el interés en el juego.
Creo que este análisis ha quedado un poco negativo, y no es que no me haya gustado el juego, porque le he echado bastantes horas. Pero sí tengo que decir que mi experiencia ha sido un poco como una montaña rusa: mientras tenía cosas que hacer, lo he disfrutado. Claro que las veces que no, lo he dejado en segundo plano, esperando a que pasase el tiempo para poder avanzar.
Otra de las cosas que quería comentar es que la localización me ha parecido muy buena, con bromas adaptadas a nuestra cultura. Pero es que, al final, hay tan pocos diálogos que se ha quedado en algo anecdótico.
Si buscáis un juego para echarle unos ratitos y relajaros —a mí personalmente me relaja mucho hacer 200 veces la misma acción—, pues sí os lo recomiendo. Pero si, por otro lado, estáis buscando una aventura náutica o un juego de granjas, tengo que decir que hay bastantes mejores opciones.

Amante de los juegos cozys, pero sobre todo indies. Obsesionada con Portal desde la primera vez que lo jugué. Y cuando no estoy jugando escribo recomendando cositas. Madre de tres gatos.

- Es muy relajante
- El bicho es muy mono
- Le falta bastante contenido
- Se hace repetitivo


