Horizon Zero Dawn enamora por su historia y gráficos, pero arrastra vicios conocidos. ¿Vale la pena pagar por esta aventura de Guerrilla?
La compra de un nuevo juego siempre provoca ilusión, esperanza de disfrutar una nueva aventura, horas de vicio que esperamos sean entretenidas y que demuestren que la inversión hecha en su compra sea merecida. Esta entrada no es un análisis al uso, sino una opinión de aquello que ha transmitido un título que llevamos siguiendo en los últimos años: Horizon Zero Dawn, la nueva aventura de Guerrilla.
Una nueva aventura ha caído: Horizon Zero Dawn. Uno de los últimos videojuegos que me ha llamado muchísimo la atención. Excelente el trabajo desarrollado por el equipo de Guerrilla. El nuevo motor gráfico que han creado es crema pura, con una historia tan bien escrita… tan bien hilada… haciéndonos disfrutar la aventura al máximo. La jugabilidad que nos ofrece es maravillosa, su acción, el avance en sus misiones… ¡Qué más os podría contar que no hayáis leído o visto ya!
Como os comento, ya habréis leído y visto análisis de este título en multitud de webs dedicadas al sector. Por lo que a mí respecta, me gustaría hablar sobre las sensaciones, la verdadera experiencia, aquello que la historia me ha llegado a transmitir y si merece la pena invertir nuestros ahorros en comprarlo.

Empecemos por el final. ¿Merece la pena el gasto en la inversión?
A mi modo de ver, es uno de esos títulos de obligada compra. Me encantan este tipo de aventuras en tercera persona y os mentiría si dijese que no lo he disfrutado una barbaridad. Su apartado gráfico es simple y llanamente increíble. El solo hecho de ir de aquí para allá por su extenso mapeado es una delicia, disfrutando de sus paisajes, su flora… sus riscos… Saboteando una máquina y cabalgando con ella por las llanuras de su mapa… Lo dicho, es una verdadera pasada.
Por otro lado, la historia que nos presenta atrapa desde el minuto uno. Una historia que te mantiene atento desde el primer instante, queriendo conocer más… Invitándonos a seguir avanzando para entender todo aquello que presenciamos y que no terminamos de entender. ¿Qué demonios pintan unas máquinas tan avanzadas dentro de un mundo tan primitivo? Poblados acechados por máquinas extrañas, autómatas que campan a sus anchas cerca de las aldeas, robots de muerte que contrastan en demasía con todo aquello que nos rodea.
En una industria, la del videojuego, donde casi todo está ya inventado, destaca la originalidad de esta historia. Por este motivo llamó tanto la atención en su día… Y por eso se disfruta tanto jugándolo.
Pero a pesar de ello, a pesar de la originalidad y la novedad que nos ofrece la historia, el juego recuerda demasiado a juegos ya jugados con antelación: Assassin’s Creed, Tomb Raider, The Witcher 3… Sus mecánicas, su ambientación, el sigilo, la acción, su protagonista… Demasiados puntos en común con aventuras muy recientes. Detalles que nos asombraron en su momento y que se repiten de nuevo en esta aventura.
De Assassin’s Creed coge lo mejor y lo peor. Aquellos asesinatos con daga oculta marcaron un antes y un después: ocultos en las sombras, en carros de heno esperando el momento para reventar cuellos, apuñalar corazones o lo que hiciese falta. Este tipo de asesinatos se repiten una y otra vez en la aventura, adquiriendo lo peor que tuvo aquella primera historia de Altaïr: lo repetitivo que se hacía el juego.
De Tomb Raider toma la idea de protagonizar la aventura con un personaje femenino, con carácter y personalidad. Una protagonista que nos enamora desde el minuto uno, destacando su determinación, sus deseos de conocimiento. Aun así, no termina de estar a la altura de nuestra querida Lara Croft, y más tras sus dos últimas aventuras, en ese gran resurgir.
Sin olvidar los parajes que hemos visitado a lomos de Sardinilla en compañía de Geralt de Rivia en The Witcher 3 y que parece que volvemos a visitar otra vez, a lomos de un caballo mecánico, eso sí… pero demasiado parecidos entre sí.
Por otro lado, tal y como comenté a mis compañeros de redacción tras jugar por primera vez al Zelda: Breath of the Wild, estaba claro que las mecánicas de esa maravilla iban a hacer mucho daño a todo lo que viniese después. Y efectivamente, así es.
El plano vertical que se disfruta en esa aventura es algo que comenzaremos a ver de continuo a partir de ahora. ¿Quién no ha visto una ladera en el Horizon y no la ha intentado escalar habiendo jugado previamente al Zelda: Breath of the Wild? Todos, ¿verdad? A partir de ahí, un control que parecía exquisito, unas dinámicas que te parecían perfectas… comienzan a parecer torpes y lentas. Acostumbrados como estábamos a escalar montañas, se siente pena al tener que subir laderas a base de saltitos, intentando avanzar por lugares inaccesibles donde el juego no lo permite y que terminan un poco por desesperar.
Aun así y a pesar de los parecidos con aventuras tan recientes… el juego en sí es una barbaridad. Entretenido, largo… desafiante… Con una doble línea de historia en su misión principal que te invita a ir de aquí para allá para completarlo en su totalidad. Misiones secundarias suficientes para ser completista y que consiguen que el dinero gastado en el título te mantenga durante horas y horas sentado frente a la pantalla para poderlo terminar.

Eso sí, dos peros muy grandes le pondría yo a esta aventura.
Por un lado, eché en falta mucho más tiempo de control al personaje en su niñez. Me hubiese gustado aprender mucho más de ella: sus miedos, sus deseos, sus rencores. Me hubiese gustado aprender junto a Aloy todo tipo de mecánicas que se usan una y otra vez durante la partida. Nos las muestran en forma cinemática, que está bien… pero se me hizo muy corta esa etapa, demasiado rápido para entender la evolución, el crecimiento, la formación de la personalidad de Aloy. En resumen, me hubiese gustado verla crecer, conseguir logros de manera conjunta… cogerle más cariño al personaje en sí.
Y por otro lado, yo hubiese puesto un final alternativo. Un final alternativo bien pronto en la aventura, uno de esos finales que solemos denominar el final malo. ¿Dónde? Aquellos que no lo han jugado, dejad de leer aquí…
Porque vamos a ser realistas: toda una niñez completamente sola, tan solo con la compañía de una especie de tutor/protector, con los miembros del poblado Nora tratándola como una apestada, sin culpa alguna, negándole la palabra o como mucho insultándola sin parar… ¿Para qué cuando llega el día importante, el día en el cual ella demuestra que siempre fue una de los suyos, incluso muy superior, una elegida para la gloria o el fracaso, la adoren como una deidad? Vamos, no me jodas. Todo eso me pasa a mí y la noche previa a la prueba quemo el poblado entero con todos sus habitantes dentro.
Un final que me hubiese parecido perfecto tras todas las injusticias que acababa de presenciar. A tomar por el culo la civilización Nora, sus dioses, los parias y la madre que los parió. Un par de horas de partida ideal para aquellos que, como yo, no tuvimos otra opción que colocar en las posibles respuestas que te ofrece la aventura… contestaciones nacidas del rencor.
Aun así y a pesar de las pequeñas críticas constructivas que lo podrían mejorar, os invito a jugarlo si tenéis la oportunidad, a precio reducido, claro está. Porque a pesar de ser un juego notable, incluso excelente en algunos de sus aspectos… su carácter repetitivo resta puntos en posible calificación final.
Comienzo a despedirme ya… No sin antes comentar algo respecto al epílogo final… Aconsejaros que ni lo veáis. Una historia bien terminada, una aventura con principio y final. No necesitaban crear ese posible final alternativo dando pie a una continuación, simplemente porque no es necesario, la historia no lo precisa, no cierra líneas abiertas ni nada más. Esperar media hora en los créditos finales para ver semejante final, creedme cuando os digo que me creó malestar.
Espero que os haya entretenido la entrada… Y para todo lo demás… Masterc… Digo… @orgullogamer.
Chuni Jesús @chunitin

La sabiduría humana se encuentra en estas dos palabras… Esperar y confiar. Conde de Montecristo. Redactor con la e rota del teclado en Orgullogamer.

