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Exploramos el universo de Mike Flanagan, uno de los creadores contemporáneos más relevantes del género del terror que se merece la etiqueta de autor.

En este octubre pre-Halloween os hablaré de la filmografía de Mike Flanagan, uno de los grandes exponentes del género en la actualidad gracias a sus películas y series de televisión. Terror psicológico, casas encantadas, posesiones, fantasmas, vampiros, psicópatas… Flanagan es un cineasta que se atreve con todos los subgéneros. Para explorar más en detalle el universo del director, os dejo mi ranking personal que incluye sus diez proyectos hasta el momento.

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El terror de Flanagan no busca el susto, sino aquello que pone el pelo de punta

Nacido en Salem (“la cuidad de las brujas”) no es de extrañar la predilección de Flanagan por las historias de miedo. Una tradición cultural muy arraigada a su tierra natal que influyó en su desarrollo creativo, junto a su admiración por una eminencia del género como Stephen King. De hecho, parte de su filmografía va a transitar por los elementos clásicos del terror — que tiene como punto de partida la tradición literaria — actualizando sus temáticas y clichés.

Así, el corpus fílmico de Flanagan tiene como prioridad el retrato psicológico de los personajes frente al puro terror, acercándolo más a lo siniestro y lo escalofriante. Es decir, el terror de lo cotidiano. Lo sobrenatural sirve como vehículo para proyectar los miedos más profundos de sus personajes a través de unas temáticas recurrentes que atraviesan su filmografía. Algunas de ellas, como lo fantasmagórico, como espacio liminal entre la vida y la muerte, la figura del doble, el pasado traumático, la familia como centro del horror, o el espacio como personaje y contenedor de lo maligno.

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10 – 9. Absentia (2011) y Somnia (2016)

Siendo la primera cinta de Flanagan, Absentia es una película difícil de valorar. La trama se centra en Callie, una joven adicta rehabilitada que vuelve a casa de su hermana Tricia. Ambas se enfrentan al proceso de desaparición del marido de Tricia años atrás, declarándolo muerto por ausencia. Entonces, comienzan a experimentar apariciones y alucinaciones que les hacen pensar que una criatura les acecha.

Primeramente, la película tiene un punto de partida interesante como la existencia de mundos paralelos y el miedo al abandono. Sin embargo, la puesta en escena, las decisiones en la dirección, los diálogos expositivos y las interpretaciones sobreactuadas gritan “estudiante de cine” por todos lados. Un choque entre lo torpe y lo atrayente que subyace durante toda la cinta. A pesar de sus deficiencias, Absentia se debe contemplar en su contexto como producción indie y como comienzo de la carrera del cineasta. Ésta sirve como ejemplo de la estratosférica evolución de Flanagan y su refinamiento estético. Es inevitable que se encuentre en el último peldaño de la tabla, pero hay que ser plenamente consciente de los porqués.

Por su parte, Somnia se aleja de lo siniestro para adentrase en el terreno de lo fantástico. La historia se centra en un matrimonio que adopta a Cody, un niño con una sensibilidad especial. Pronto, los sueños y pesadillas del chico se manifiestan en la realidad poniendo a prueba la moralidad de sus nuevos padres. El film, pues, explora las posibilidades que ofrece el mundo onírico como catalizador del horror a través de la figura infantil y de la familia.

El trauma y la enfermedad como monstruos cotidianos van a ser los puntos centrales de la película con una estructura re-formulada del cuento fantástico. Aún así, la trama peca de cierta sensiblería melodramática, desmarcándose de otros films de temática parecida y perdiendo originalidad en el proceso. Una película en la que no se aprecia el sello Flanagan por ningún lado.

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8 – 7. Hush (2016) y Oculus (2013) 

Hush es una aproximación clásica al terror de home invasions. La trama sigue a Maddie, una escritora sordomuda que sufre el ataque de un asesino enmascarado. Aislada en su casa del bosque, tendrá que sobrevivir a una noche que le hará volver su pasado. Lo interesante del desarrollo del film es cómo Flanagan consigue trasladar al espectador a la mente de la protagonista mientras utiliza el montaje y el fuera de campo para trasmitir sus limitaciones físicas. Algo que muestra una atmósfera inquietante en las diferentes fases de esta persecución “gato y ratón”. El uso del espacio va a ser importante a la hora de plantear la acción como escenario laberíntico, aunque no aprovecha todas sus posibilidades como sí hará Flanagan en producciones posteriores.

A pesar de que Hush no se hace tan reiterativa como podría serlo gracias a sus 80 minutos de duración, la trama no deja de ser una amalgama de situaciones poco sorprendentes. Aunque supone un gran paso para el asentamiento visual del director.

En este sentido, Oculus es el largometraje más sádico y violento de Flanagan en cuanto a iconografía y temática. Seguimos a dos hermanos que buscan respuestas a la brutal muerte de sus padres, una década atrás. Convencidos de que el culpable es un espejo maldito, ambos se enfrentan a sus peores miedos en busca de la verdad. En un intento de buscar una mayor complejidad narrativa, la cinta está dividida entre pasado y presente, donde el espejo hará que los protagonistas vean realidades alternativas sobre lo ocurrido. Flanagan recurre al motivo del doble como forma de indagar en la psicología de los personajes y sus traumas.

Así, los dos lados del espejo son igual de terroríficos, mostrando una reflexión sobre el maltrato. Algo que logra sin estridencias y con ciertos efectismos con jumpscares e imágenes perturbadoras (la escena de la bombilla es espeluznante), como resultado del entorno violento de los personajes.

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6 – 5. Ouija: el origen del mal (2016) y La maldición de Bly Manor (2020)

El título Ouija: el origen del mal ya es muy revelador en sí mismo. Flanagan fue el encargado de realizar la precuela del film de 2014 que suponía el retorno contemporáneo de la tabla de invocación espiritual. Un “juego” ritual instalado en el imaginario colectivo como portal para lo maligno, que no da mucho margen para propuestas originales. Pues bien, la Ouija de Flanagan resulta interesante debido al equilibrio entre los clichés y un enfoque con personalidad autoral. La trama se sitúa en los años 60’, donde una madre y sus dos hijas se dedican a realizar montajes fraudulentos de espiritismo. Con el uso de una ouija para hacer creíble su engaño, la pequeña es poseída por una entidad demoníaca que aprovecha su inocencia como recipiente maligno.

La infancia como vehículo del mal, la pérdida, el paso a la edad adulta o el límite entre realidad/ficción aportan una diferencia significativa en el mundo de las secuelas. Una cinta que se vale por sí misma y que Flanagan filmó con una puesta en escena propia de los 70’. En definitiva, un homenaje con zooms e imagen granulada.

Siendo una adaptación de la obra de Henry James, Otra vuelta de tuerca, Bly Manor es la segunda temporada de la antología The Haunting producida para Netflix. Una miniserie que sigue la tradición de casas encantadas y relatos de fantasmas. La historia comienza cuando Dani es contratada como niñera de Miles y Flora. Espectros y criaturas empiezan a atormentar a los habitantes de la finca de Bly Manor desatando el terrible secreto del lugar. En contraposición a Hill House, Flanagan apuesta por la emotividad dejando lo estrictamente terrorífico a un lado.

El recuerdo, la nostalgia y la memoria son el epicentro de la serie donde su estructura de cuento narrado y de relato dentro de relato se muestra cercano a lo literario. Una fórmula de líneas fragmentadas con personajes desdoblados, que se hace un poco reiterativa a pesar del esfuerzo por desarrollar el misterio entorno a la mansión, alejado del estilo del director. Algo que no roza la excelencia, pero donde las piezas del puzle terminan encajando. Aunque no busca la comparación con Hill House, esta siempre termina perdiendo.

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4 – 3. Gerald’s game (2017) y Doctor sueño (2019)

Curiosamente, las historias más interesantes de Flanagan provienen de la adaptación. En su repertorio no podían faltar las re-imaginaciones de las novelas de Stephen King. Con Gerald ‘s game y Doctor sueño, Flanagan consolida las narrativas fragmentadas como eslabón indispensable de su sello autoral. Dos largometrajes que, si bien tienen su sitio en este ranking, intercambian posiciones cada vez que las repienso.

La primera se centra en Jessie y Gerald, un matrimonio de mediana edad que planea una escapada romántica. Durante un juego sexual, Gerald muere dejando a Jessie esposada en la cama durante varios días. Poco a poco, ésta empieza a sufrir alucinaciones haciendo un repaso a su matrimonio y a su infancia. Así, Flanagan plantea un viaje al subconsciente de Jessie alterando entre dos espacios: la habitación donde está presa y su mente. Algo que refleja a través de proyecciones, que activan su memoria traumática y la enfrentan a su relación con el abuso sexual cuando era niña.

La cinta tiene una estructura laberíntica sofisticada, a la vez que angustiosa, que adapta a la perfección el monólogo escrito por King; nada sencillo de re-imaginar. Lleno de alegorías e imágenes perversas (la escena del eclipse es inolvidable), Flanagan se mete de lleno en el terror psicológico. Como remate, la impecable interpretación de Carla Gugino da total credibilidad a una historia extraña y conceptualmente perturbadora.

A la calidad narrativa de Gerald’s game se le suma la adaptación de Doctor sueño, la secuela directa de la novela The Shining. Otra historia de conexiones temporales y proyecciones del subconsciente que lleva a Danny Torrance, décadas después de su huida del Overlook, a enfrentarse a un grupo de criaturas que ansían su preciado poder. La ampliación del universo del Overlook se traslada a una persecución contrarreloj para desentrañar el origen y las consecuencias del concepto de “resplandor”. Así, al hotel como villano se le suma Rose “the Hat”, aportando el aura mística que rodea a la película con una icónica Rebecca Ferguson dándole vida. La cinta es una inteligente secuela que recuerda a la tenebrosidad de Kubrick, pero con la minuciosidad del sello Flanagan. Un punto en su contra y otro a su favor donde las comparaciones son inevitables, pero injustas.

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2 – 1. Misa de medianoche (2021) y La maldición de Hill House (2018)

Siendo un asiduo colaborador de Netflix, la excelencia de Flanagan se materializa en sus series de televisión. La última de ellas, Misa de medianoche, es la obra más personal del director donde plasma muchas de sus preocupaciones y sus propios demonios. La trama se sitúa en una isla pesquera donde la aparición del nuevo párroco suscita una ola de milagros y maldiciones. La comunidad cerrada sirve como contenedor de lo terrorífico; se cuestiona la moralidad de sus personajes a la vez que superan sus miedos.

La miniserie es una historia retorcida y milimétrica sobre la muerte, la redención, la culpa, el perdón, la religión y la fe a través de las fórmulas del neovampirismo. Con una estructura derivada de autos sacramentales, la serie se construye a partir de una sucesión de monólogos que van desde lo precioso, lo espeluznante y lo confesional. La serie se siente como una conversación que invita al espectador a reflexionar y a revalidar la forma con la que se aprecia el terror. Seguramente, se trata de una de las series del 2021.

Tanto Misa de medianoche como Hill House no olvidan su punto de partida: la humanidad frente a la monstruosidad. Ambas reflejan una extrema melancolía y dolor, que envuelven a los personajes. Así, Hill House es la obra cumbre de la filmografía de Flanagan recogiendo todo su universo y patrones estéticos y narrativos. Una ficción artesanal de una complejidad y sofisticación inusual a partir del subgénero del real state horror. Seguimos a la familia Crain en dos líneas temporales, en las que vemos sus encuentros con fenómenos sobrenaturales en el pasado y sus consecuencias en el presente. La peculiaridad de la narración es que cada episodio se centra en uno de los personajes (en total siete) encajando las piezas del puzle y desarrollando su psicología de forma detallada.

Hill House, adaptación de la novela homónima de Shirley Jackson, es una miniserie sin fisuras que apuesta por la fragmentación y las naturalezas ocultas. Una vez más, el hogar y la familia son el epicentro del horror. Los personajes se enfrentan a la muerte, la enfermedad mental, la adicción y el sueño como héroes con un destino fatídico. Hill House es una experiencia irrepetible — el ep. 6 es una virguería visual — con múltiples capas de lectura; una obra excelsa de la ficción televisiva contemporánea.

 

Por NuriaVT

Profe de videojuegos y cine de animación. Intentando que la cultura popular entre en la academia y se tome en serio. Amante del cine de terror, aunque los survival horror no los puedo ni tocar. No me llames "cinéfila" porque no me gusta repartir carnets. También me podéis leer en Grupo RIRCA.

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