Ágape Short Films - Portada

La historia detrás de Ágape pretende hacer reflexionar a todo aquel que la vea.

En esta casa, aparte de videojuerguistas también somos amantes del cine. Por ello, hoy os anunciamos la presentación de un cautivador cortometraje denominado Ágape.

Ágape Short Films se trata de un humilde proyecto compuesto por la creativa ilusión de cuatro estudiantes de Comunicación Audiovisual, Patricia Villalón, Víctor Couto, Inés Casal y Nicolás Álvarez. (Aunque es menester señalar que, además, el equipo técnico cuenta con muchos más colaboradores y colaboradoras.) Todos ellos están a punto de terminar el grado y tienen mucho que compartir a nivel artístico; quieren forjarse un nombre y, asimismo, darse a conocer.

Por ello, este grupete de estudiantes tan majo ha confeccionado una campaña de financiación colectiva para poder sacar adelante su pequeña producción, Ágape, un particular cortometraje con el que confían acceder al mundo profesional. En palabras del equipo, el proyecto Ágape se trata de una obra «interesante, reflexiva, visualmente atractiva y [además] entretenida». De ir todo sobre raíles, el cortometraje «se presentará en numerosos festivales».

Ágape Short Films - Logo

El relato de un espacio intemporal e irreal

Y ¿sobre qué versa el susodicho cortometraje? Sea pues, el proyecto Ágape pretende trasladar al espectador hasta un singular pueblo cuya sociedad, digamos, yace «congelada en el tiempo». Siendo un lugar considerado como «el paraíso» por algunos de los habitantes, este pueblo aparentemente tranquilo es el hogar de Marah, una mujercita de lo más risueña y feliz. Marah es de los personajes más importantes en el repertorio. Asimismo, es la primera persona en el pueblo en tener una hija.

Enia, la hija de Marah, será la piedra angular sobre la que se erigirá la trama de este cortometraje. Su llegada al pueblo, asegura el equipo, «hará que se compliquen las cosas». Porque durante su proceso de crecimiento, la niña desafiará su entorno social con preguntas que harán tambalear el sentido común preestablecido. El cortometraje, así, aspira a ser, entre otras muchas cosas, provocador; y, en palabras de Patricia Villalón, se podría decir que, de igual modo, apunta a ser «una fábula de cómo el ser humano descubre la vida y cómo actúa en consecuencia».

Legado visual

Por otra parte, las referencias visuales que han ayudado a confeccionar este cortometraje, según expone el equipo de Ágape Short Films en su dossier, han sido obras del tipo El Molino y la Cruz (2011) de Lech Majewski, Madre! (2017) de Darren Aronofsky, y, como no, Midsommar (2019) del fantástico Ari Aster. Grandes películas todas ellas, sin duda. He de añadir también que, a un nivel personal, leyendo la presentación del proyecto, he tenido alguna que otra reminiscencia al juego de Silent Hill. En especial en cuanto a tono se refiere (y teniendo en cuenta, sobre todo, las ideas que, de una manera u otra, quieren presentar).

El peso de un mensaje

Más allá del entramado visual, los guiños no son pocos: la mayoría de personajes, por no decir todos, poseen nombres cuyo origen reside en remotas narraciones de la Antigua Grecia y, de igual forma, en el Antiguo Testamento. Cada pieza de este puzle está posicionada para que tenga una razón de ser. Así, Villalón, en nombre de todo el equipo, declara que el mensaje que pretenden construir quiere converger en «una obra que, con todo, haga pensar»; quieren ofrecer una historia que, en definitiva, «haga valorar ciertos aspectos de la vida o, incluso, ponerlos en duda».

 

Por Carles

Escritor aficionado y, creo yo, artista frustrado. Videojuerguista desde que tengo uso de razón, entusiasta de la narrativa y amante del rol. Estudiante de Filosofía en la Universidad de las Islas Baleares tratando de encaminar mi trayectoria hacia los Games Studies. Radiante de día; alomántico de noche.

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