El ultimo titulo de Rockstar
tenía dos metas que alcanzar con su lanzamiento: ser el mejor juego de la
generación y brindarnos una historia memorable. Una vez acabado, puedo decir
que ha alcanzado dichas metas

Hace unos meses escribí un
artículo relacionado con >> Red Dead Redemption 2 y The Witcher 3 <<. En él, exponía
los puntos fuertes de la obra de CD Projekt RED y los puntos que tendría que
abatir el juego del lejano oeste para arrebatarle el trono al brujo Geralt. Y
es que, si en algo destaca The Witcher 3 es en la historia que cuenta y, sobre
todo, en su mundo. Pero no hemos venido a hablar aquí por enésima vez de mi
idolatrado brujo, ahora toca hablar del forajido del momento. Ahora toca hablar
de Arthur Morgan y el mundo de Red Dead Redemption 2.
Y es que el mundo del oeste de
los creadores de GTA está, simple y llanamente, vivo. Cada acción tiene una
repercusión que se mantiene en el tiempo. ¿Has robado en esa farmacia? Vuelve
con el tiempo, aún se te recordará por ello. ¿Has pegado a alguien en plena
calle de un pueblo? Ya puedes huir, los vecinos no tendrán compasión por ti. Ni
los vecinos ni nadie. El juego, desde el minuto uno nos está diciendo alto y
claro: este no es tu sitio. Ya no pintas
nada aquí. Márchate.
Somos delincuentes. Debemos escondernos y sobrevivir.
Tenemos una banda que es todo lo que tenemos en el mundo. Vivimos por y para
ella, y nada nos importa más. Pero esto no se hace pesado, para nada. RDR2 nos
hace partícipes de la vida de Arthur Morgan y de la camadería para con nuestros
compañeros. Desde el líder espiritual Dutch hasta Keiran y su reciente
incorporación
, pasando por Hosea, Charles, Sadie, Bill, Javier, Mary-Beth o
Karen. Todos los personajes son importantes. Todos tienen algo que contarnos,
una historia propia. Todos se preocupan por todos y todos se relacionan con
nosotros de una manera diferente. Estos momentos de camadería los vivimos,
sobre todo, en las fiestas. En determinados momentos de la trama, cuando
regresamos a nuestro campamento después de alguna misión, nuestros amigos (sí,
amigos) tienen montada una fiesta. Podemos beber, cantar, escuchar historias,
bailar… podemos movernos por la fiesta como lo haríamos en cualquier otra
fiesta, viendo qué acontece a nuestro alrededor. Pero no os confundáis, lo vivimos
como Arthur, no como el jugador. Probablemente, cuando termine la fiesta y nos
vayamos a dormir, al día siguiente Arthur habrá escrito unas nuevas líneas en
su diario, y aquí entra lo que considero el elemento narrativo más importante
del juego.
El diario de Arthur es una
ventana a sus pensamientos más profundos. Morgan es una persona normal, como tú
y como yo, y no siempre actúa de acuerdo con sus pensamientos. En su diario
podemos ver qué piensa realmente de las personas con las que se junta. Podemos
ver como él mismo se da cuenta de que ya no tienen cabida los tipos como él en
el nuevo mundo. Quiere volver al oeste, al salvajismo, pero no puede. Quiere
llevar una vida normal, amar como cualquier ser humano ama, pero no puede.
Arthur no tiene odio, pero tampoco es una buena persona. Podemos pasarnos el
juego haciendo buenas acciones, ayudando a los demás y mejorando nuestra barra
de honor al máximo, pero nada de eso ocultará lo que realmente somos: unos
asesinos. Y es que el tono de grises en la historia de nuestro forajido es
amplio. No hay bien ni mal. No somos buenos ni malos y, en caso de tener que
decantar la balanza, somos lo peor que uno se puede echar en cara. Y Arthur lo
sabe y nos lo cuenta. 
Pero si algo es Red Dead
Redemption 2, es una historia de ocaso. A diferencia con la trama que se nos
cuenta en The Witcher 3, donde somos un héroe con una misión, aquí somos un
antihéroe sin ninguna misión. El juego comienza con el fracaso de un golpe,
dando comienzo al fin de nuestra historia. Porque nuestro paso por el lejano
oeste no es más que eso, un epílogo prolongado. Una historia de deshonra en la
que un grupo de forajidos tratan de buscarse un hueco en un mundo al que ya no
pertenecen y cometen todo tipo de atrocidades en su intento por huir de él. Sin
éxito. Porque Red Dead Redemption 2 también es una historia de fracasos. Una
historia basada en la esperanza que genera un líder carismático y el hecho de
no tener nada a lo que aferrarte. Una historia cocinada a fuego lento, a fuego
muy lento, pero que poco a poco se va desmontando hasta quedarse reducida a
cenizas. Una historia cuyos momentos épicos nacen de la más asquerosas
escombreras
que os podáis imaginar y, dichos momentos, están más relacionados
con la supervivencia que con el honor. Arthur Morgan no es ningún salvador pese
a ser el bueno del cuento.
Y es que es cierto que la historia
que han escrito los chicos de Rockstar no es la mejor que podemos vivir en un
videojuego. No obstante, creo que es lo mejor que ha escrito Rockstar. Y lo
creo por la forma en la que se nos cuenta. Red Dead Redemption 2 es la mejor
definición de lo que distingue a videojuegos y otros productos, como las
películas o las series. Pienso que este juego es lo que mejor representa la fusión
de la trama con el jugador y el jugado. Voy a explicar esto un poco mejor. Por
trama, obviamente, entendemos la historia y todo lo que rodea a ella. Por
jugador entenderíamos, obviamente, el que está a los mandos, el que consume
esta trama. Finalmente, por jugado, entenderíamos al avatar con el cual estamos
jugando a dicha historia, en este caso Arthur Morgan. La conjunción que se
produce en este juego es perfecta entre jugador y jugado. Esto se debe,
principalmente, al ya mencionado diario y también al sistema de honor. Sabemos
como piensa Arthur y como se relaciona con el entorno, pero estos pensamientos
y esta relación se forjan a través de nuestros actos. Me explico: ¿Vemos a un
señor con un mapa y queremos dicho mapa? Podemos o bien robárselo o bien
matarle para conseguirlo. Si elegimos lo segundo, es posible que Arthur escriba
en su diario que simplemente lo mató. Arthur, al igual que el jugador, es consciente
de sus actos y el mundo que le rodea reaccionará a éstos. De esta manera, el
jugador comienza a actuar como cree que lo haría el jugado, sin caer en la cuenta
de que el jugado es un reflejo de nosotros mismos. Me podéis decir que esto lo
hemos visto en otros juegos como Fallout, The Elder Scrolls o cualquier juego RPG
en el que manejemos a un avatar con total libertad de acción, pero en Red Dead
Redemption 2 esto es diferente. Y es diferente porque tenemos un pasado sólido.
Porque Arthur es un personaje sólido. Sólido pero, a su vez, malaebale. También
es diferente en tanto que la historia que se nos quiere contar está mucho más
encorsetada, y la historia va a ser la que es, sea como sea nuestro Arthur. Porque
de Arthur sabemos que es leal, pero no ciegamente. Arthur cuestiona y actúa
según sus criterios.
——– NO LEAS ESTO
SI NO HAS LLEGADO AL EPÍLOGO ——–
Por todo esto, por todo lo que
hemos construido con Arthur, no me gusta la decisión de Rockstar para el epílogo.
La historia de Arthur es perfecta, sobre todo, por su último capítulo. Arthur
abre los ojos y ve que Dutch ha perdido el norte. La tuberculosis que sufre,
hace que quiera dedicar los pocos días de vida que le quedan a ayudar a los
demás. Da dinero a la gente sin importarle cuanto. Hecha a Strauss del
campamento porque piensa que es una rata. Insta a John a dejar el grupo e irse
con su mujer e hijo. Le dice a Dutch que piense con la cabeza pero, a su vez,
sigue al hombre que se lo ha dado todo hasta que ya es insostenible su locura.
Si hemos forjado un Arthur bueno, este muere diciendo que ha intentado hacer lo
mejor. Que por lo menos lo ha intentado. Con la muerte de Arthur, ponemos el
punto final al epílogo que supone toda la historia de Red Dead Redemption 2. Un
final que veíamos venir y que hemos ido (des)construyendo. Por todo esto, Arthur,
nuestro Arthur, pasa a la historia como un hombre caído en desgracia que
intentó enmendar todos sus errores.

En el epílogo del juego manejamos
a John Marston, en lo que supone el enlace con Red Dead Redemption 1. Un epílogo
que puede ser entendido como un prólogo, pues aquí la historia deja de tener
una visión pesimista y un tono de final que sí tenía la trama original, para
contarnos una breve historia de esperanza y de nueva vida. Una historia de
futuro. Esto me encanta, claro. Narrativamente es de lo que mejor hace el
juego, pero rompe lo que tanto he alabado: la conjunción entre jugador y
jugado. Porque Marston no es Morgan. Porque no somos nosotros. Porque cuando
John escribe en el cuaderno de Arthur, algo se 
nos mueve dentro al ver la mala letra y los malos dibujos de John. Sabemos
como es John y sabemos qué le pasará después, por ello, me da rabia que cuando
acabamos el juego y podemos movernos libremente, no llevemos a nuestro personaje,
nuestro Arthur, y llevemos a uno con el que no tenemos tanta afinidad. No es
que critique este movimiento, simplemente me da rabia. Y lo hace por algo tan
simple como la ropa: con Arthur elegimos nosotros como viste, con John ya
sabemos cual es su vestimenta predilecta. A John no le sienta bien la boina que
llevaba con mi querido Arthur.
——– PUEDES
SEGUIR LEYENDO ——–
En definitiva, la historia de Red
Dead Redemption 2 es una historia de debacle y de barco hundido que intenta inútilmente
salir a flote, con un protagonista que piensa y siente por sí mismo y, a su vez,
se comporta como el jugador quiere. Red Dead Redemption 2 no inventa la rueda,
pero sí la perfecciona. Por todo ello, por la forma en la que el personaje se
integra en el juego, es por lo que creo que Rockstar ha conseguido que vivamos
una historia
en lugar de contarnos una historia.
 «Somos ladrones en un mundo que ya no nos quiere»

Por Daniel Viñambres

He escrito dos libros con mis desgracias. Soy sociólogo y redactor a tiempo parcial. Miyazaki y Kojima os como los huevos. También soy un borrachuzo.

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