Carrie

Mientras nos recuperamos de la resaca de Halloween, hoy recordamos una de las más grandes películas de terror: Carrie. Un film que cumple esta semana 45 años y que desafía al paso del tiempo.

Una de mis citas obligatorias en Halloween es revisionar Carrie, una de mis películas favoritas de todos los tiempos. De nuevo fascinada e hipnotizada por su forma y su historia, esta vez me paré a pensar en la fecha de su estreno: 1976 ¿Cómo puede ser que esta virguería tenga ya 45 años? Fue una sorpresa que me llevó a plantearme el realizar este humilde repaso/homenaje a la película de Brian De Palma, una obra cumbre del cine de terror.

Carrie es un film que sigue dialogando con el presente a pesar de haber pasado 45 años desde su estreno, gracias a la universalidad de su temática y a la versatilidad de su puesta en escena, que aún sigue sorprendiendo. Además, es un buen ejemplo de la voluntad del cine de terror por reflexionar acerca de la evolución de la sociedad y sus problemáticas; algo que, rotundamente, la convierte en uno de los grandes clásicos del género.

Infierno

La última secuencia de la película es sorprendente al igual que pesimista.

La significación y el contexto de Carrie

Los 70’ fueron una década de cambio de paradigma en la industria cinematográfica. El interés por alejarse de las convenciones del cine clásico propició la aparición de nuevos autores jóvenes con una visión menos rígida de fondo y forma. Cineastas como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola o Brian De Palma forman parte de esta corriente denominada «Nueva Ola Americana», o «New Hollywood», que explora en su filmografía una aproximación a temáticas consideradas tabú y contraculturales. Muchas de estas películas giran entorno a la violencia, la sordidez de la sociedad o la identidad sexual.

En este contexto se ubica Carrie (1976), dirigida por Brian De Palma y considerada una película de culto del cine de terror. Siendo una adaptación de la polémica novela homónima escrita por Stephen King en 1974, la cinta adentra al espectador en una historia donde se mezclan envidias adolescentes, maltrato psicológico, puritanismo religioso, fuerzas sobrenaturales y sed de venganza. La trama se centra en Carrie White (Sissy Spacek), una joven que soporta burlas constantes de sus compañeros de instituto. Además de sufrir abusos físicos de su ultraconservadora madre religiosa (Piper Laurie). Mientras su sufrimiento se agudiza cada vez más, ésta comienza a desarrollar poderes telequinéticos desafiando a todo aquel que suponga una amenaza.

A pesar de su éxito posterior, el propio King fue el primero en no confiar en su obra. Inspirado en su entorno más cercano en su etapa como profesor de instituto, la crueldad del universo que había creado era suficientemente terrorífica y realista para enfrentarse a él. En definitiva, un universo adolescente femenino destructor, inseguro y complejo que muchos tacharon de simplista en su momento.

Con un presupuesto de apenas 1.800.000$, la producción de la película tuvo un inicio caótico. Primeramente, el proceso de casting involucró a George Lucas en un intento de mezclar audiciones de Star Wars con las de la película de Carrie. Siendo Betsy Slade la opción de De Palma para interpretar a Carrie, Sissy Spacek insistió concienzudamente para conseguir el papel; incluso, una vez conseguido, se convirtió en una huraña antisocial durante el rodaje para meterse en el estado mental de Carrie; al igual que Piper Laurie, quien no estaba nada convencida de la representación de Margaret White hasta, prácticamente, empezar el rodaje. Curiosidades aparte, el proceso creativo tardó en arrancar por conflictos con la productora y la visión «compleja» del director. Cambios en el desenlace y en la estructura original de King supusieron varios quebraderos de cabeza, aunque el resultado fuese más efectivo.

carrie - rodaje

Detrás de las cámaras de uno de los travelings circulares más agobiantes de la historia del cine.

De la ducha al baño de sangre

El desarrollo argumental del film se construye a través de la reflexión sobre la maldad y la crueldad, así como de los peligros del fanatismo religioso y de la represión sexual (principalmente, femenina). La identidad de Carrie y la manifestación de sus poderes sobrenaturales son el hilo conductor donde la violencia – explícita, simbólica y emocional – está presente en cada escena. Una violencia estructural que en el film se asimila a la no-aceptación de aquello que no es “normal” y, por tanto, “monstruoso”. Así, el largometraje de De Palma hará que nos cuestionemos nuestros propios valores morales y el sadismo sistémico mientras presenciamos a Carrie White vivir su propio infierno en la Tierra.

Incluso la matanza que ejerce Carrie sobre sus agresores ha sido interpretada como un acto inmoral. Ella también ejecuta, mata y hace sufrir; una respuesta violenta que pone en entredicho la ética de la propia protagonista. Carrie es víctima, pero también es perpetradora. No en vano «If only they knew she had the power…» es el tagline que corona el poster de la cinta. Una llamada de advertencia para aquellos agresores que, sin ser conscientes de las consecuencias de sus actos, siguen ejerciendo daño. «Cuidado con quien te metes…», viene a resumir la frase.

La visión de De Palma sobre la significación de la historia y su impacto sociocultural aún están en el punto de mira. Empezando por la escena a cámara lenta del vestuario, con las chicas desnudas, que va cruzando el plano y que culmina en la primera menstruación de Carrie, detonando el conflicto. Una escena que inicia la controversia sobre la misoginia del director y que roza el erotismo que colisiona con la realidad. Sin embargo, la secuencia refleja una complejidad mayor: la perversidad ligada a la adolescencia femenina. Una observación que hace la socióloga Alison M. Kelly*, otorgando a la cinta unos valores de representación del rol de las chicas adolescentes que van desde la destrucción de la autoestima e identidad, pasando por sus estereotipos de malvada a inocente. Todos ellos están personificados en Carrie, Sue y Chris y marcarían sus correspondientes arquetipos en la ficción posterior.

*The Films of Stephen King: From Carrie to The Mist (Palgrave Macmillan, 2008)

carrie - religion

La casa de los White es un símbolo de reclusión.

La maestría detrás de una cruel secuencia

No obstante, si por algo es recordada Carrie es por el impecable trabajo psicológico de su puesta en escena. La película destaca por su virtuosismo visual, que desdobla el punto de vista y consigue una inmersión completa dentro del microcosmos de Carrie White. Recursos técnicos y estilísticos novedosos en el cine de la década como el split field diopter, el slow motion o la pantalla partida construirán el terror psicológico a través de la sugestión y de la expectativa como parte de la evolución de la protagonista. Asimismo, el director artístico, Jack Fisk, utilizó la casa de los White como símbolo de represión a través de ángulos desiguales, iconografía religiosa y espacios reducidos.

De esta forma, De Palma no pretende asustar, sino impactar con la extrema crueldad y la claustrofobia de las imágenes y de los hechos, evitando los jumpscares, tal y como hizo en sus largometrajes anteriores, Hermanas (1973) y El Fantasma del Paraíso (1974), aunque refinando su estilo en Carrie. Se trata de una decisión del director que resulta arriesgada dentro del propio género, pero que enfatiza su discurso de manera más audaz y efectiva; todo ello mezclado con trucos visuales desenfrenados, como la elección de los esmóquines o el castigo de gimnasia. Un espíritu rebelde que muestran su director y el montador, Paul Hirsch.

Una muestra de ello es la magistral secuencia del baile, desde la llegada al recinto hasta el retorno a casa de Carrie. La «escena del cubo» es una de las secuencias mejor narradas de la historia del cine, con una enorme complejidad narrativa, estética y técnica. Una escena que comienza con un soberbio plano secuencia en dolly de 7 minutos y que adelanta el fatídico desenlace, además de todos aquellos que estarán involucrados. En un montaje semi-onírico nos adentramos en la mente de Carrie en el éxtasis de su felicidad mientras, en paralelo, vemos la perversidad de sus enemigos y la bondad de sus aliados, Sue, Tommy y Mrs. Collins. Todo unido por la BSO compuesta por Pino Donnagio que, como homenaje a Psicosis, de su amigo Bernard Herrmann, incorpora violines estridentes hasta la cruel conclusión.

La matanza realizada en pantalla partida y la icónica imagen de Sissy Spacek rodeada de fuego – quien hizo su propio stunt – culminan una escena salvaje e inhumana. Como demuestra este ejemplo, ésta fue una producción complicada y arriesgada. Concretamente, esta secuencia fue realizada en un set «líquido» (es decir, con paredes móviles) para garantizar la seguridad del equipo y la extrema pulcritud de la puesta en escena. Las imágenes de Carrie juegan con lo terrorífico de lo cotidiano, como también lo es su temática: la respuesta contra el bullying y la anulación individual.

carrie - cubo

La secuencia del cubo es una muestra de la maestría visual de Carrie.

Carrie después de 1976

El legado de Carrie va mucho más allá de su estatus de icono. También se han realizado algunas adaptaciones a lo largo de los años con variopintos resultados. El más reconocido es el remake de 2013 protagonizado por Chloë Grace Moretz  y Julianne Moore. Dirigida por Kimberly Pierce, esta película se quiso enfocar como una versión con un punto de vista femenino trasladando el argumento a la actualidad. Dos aspectos que son loables y que sí están presentes en la cinta; como ejemplo de ello la re-imaginación realista de la escena de la menstruación. Sin embargo, la falta de personalidad y el efectismo CGI no se pueden equiparar a algo insuperable como lo es la película del 1976.

Otras producciones fallidas fueron la TV movie de 2002 con poca sorpresa, calidad y un final que redime al personaje de forma absurda. O la infumable secuela The Rage: Carrie 2 (1999) donde se sacan de la manga a «la hermana perdida» de Carrie como protagonista. Sin embargo, la producción que se lleva la palma es la adaptación de Carrie: The Musical creada por el guionista de la película original, Laurence D. Cohen, en 1988. Un libreto con canciones originales que sigue la historia desde las duchas hasta el colofón de la escena del cubo. Sin duda, una propuesta que cuesta imaginarse, pero que debe una enorme bizarrada.

Asimismo, se ha anunciado una miniserie que parece estar en proceso de producción por parte de FX, aunque lleva estancada varios años.  Esperemos que llegue a mejor puerto que sus predecesoras.

 

Por NuriaVT

Profe de videojuegos y cine de animación. Intentando que la cultura popular entre en la academia y se tome en serio. Amante del cine de terror, aunque los survival horror no los puedo ni tocar. No me llames "cinéfila" porque no me gusta repartir carnets. También me podéis leer en Grupo RIRCA.

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