Análisis de qomp

La carta de presentación de qomp es de lo más simple. Qomp, como reza en su página de Steam, «es un pequeño juego sobre la libertad». Sin embargo, aun estando en posesión de un tema tan rico y sugestivo, el juego no contiene una poderosa narrativa emocional, con personajes profundos y memorables, ni supone, por otro lado, una innovación en mecánicas. No, nada de eso. No obstante, con todo, el «subtexto» de esta (imaginativa) obra no deja, en ningún momento, de rebosar grandeza.

Qomp
Lo nuevo de Stuffed Wombat se pronuncia «qwomp».

A hombros de gigantes

Inteligente y estricto sobre el papel, pero no por ello menos amable, qomp, por encima de todo, ofrece una nueva manera de aproximarnos a uno de los grandes clásicos, el Pong. La premisa del asunto es la siguiente: in-game, somos la legendaria pelotita del Pong y, por todos los medios posibles, debemos escapar del yugo de las palas. Tan fácil y sencillo como eso.

De este modo, como decía al principio, el juego, a través de una lucidez francamente envidiable, quiere «hablarnos» acerca de la libertad. Sin embargo, debido a su filosofía de diseño, considero que la obra contiene más predilección por explorar los límites de la libertad y no tanto la libertad en sí. Las directrices del «límite» como concepto, uno quizás no muy tratado en el medio, en qomp se presentan tanto en un sentido literal, por su premisa, como en uno ya más figurado.

Lo interesante de esto, a mi parecer, es atestiguar, desde un inicio, la manera en la que qomp se posiciona sobre hombros de gigantes para dar rienda suelta a su propuesta. Todo lo que aprovecha de la cosecha de juegos como Pong y otros referentes, por supuesto se amolda a una estructura de lo más estimulante en la que germina sin sentar cátedra, pero dictaminando de manera consistente.

Y esto es fundamental porque qomp, a pesar de que más o menos apunta alto, no se las da de importante, sino que, esencialmente, quiere resultar «provocativo».

La disposición agresiva de los mapas es bastante alta, por ello debemos ir con cuidado.

Los confines de un principio

Entre otras cosas, qomp me parece provocativo porque quiere sacar sus mejores cartas desde el principio; no se anda con rodeos, va a por todas. Y, honestamente, es una gozada que así sea. Asimismo, cabe destacar lo siguiente: qomp abre sus puertas en una tradicional partida de Pong. Todos los elementos que pudiésemos reconocer están ahí, vaya. Para que el juego como tal dé inicio, debemos lograr que la pelotita, en esa primera pantalla, sortee las susodichas palas. Una vez conseguido, qomp no tardará en desplegarse ante nosotros como un lienzo en el que expresarnos.

Para alcanzar la anhelada libertad, nuestra pelotita recorrerá una serie de niveles, la mayoría de ellos en scroll lateralrepletos de cautivadores desafíos. Con un diseño cuidado y trabajado, los retos que pueblan los niveles de qomp, aunque aparentemente pobres, están engrasados de maneras ingeniosas y creativas. En líneas generales, los ingredientes que componen los retos van desde esquivar trampas y activar interruptores hasta atravesar zonas de agua y eludir obstáculos reactivos. Y, aunque parezca mentira, también deberemos derrotar a enemigos (incluyendo, ojo al dato, «jefes finales»).

En general, la totalidad de la experiencia no supera las tres horas. Se trata de un título cortísimo, pero intenso, sin tiempos muertos, siempre disfrutable (reitero: no te obliga a esforzarte demasiado, sino lo justo). Cierto es que, al finalizar, hay nuevos retos que podemos desbloquear. Pero el juego no oculta secretos o recompensas extras. Y, por mi parte, no quiero caer en el error de resaltar esto como un aspecto negativo de la obra. Viendo la idiosincrasia que lo rodea, no necesita durar más que eso.

Controlar el timing será la clave en muchos casos.

¿»Ping-Pong Director’s Cut»?

Stuffed Wombat es el responsable de esta maravilla. Sin embargo, cabe señalar que, en este proyecto, también han trabajo figuras tan creativas como Clovelt y, por otro lado, dos de los artistas que participaron en la creación del singular Gato Roboto, Britt Brady y Miroko. No negaré que una de las cosas que más le agradezco a qomp es el hecho de haberme dado a conocer a Wombat, puesto que su forma de entender los videojuegos me ha cautivado hasta lo más hondo.

A Wombat, como podéis comprobar en su página de itch.io, le gusta experimentar en el sentido más puro y literal del término. Todas sus obras incluyendo qomp, claro pecan tal vez de contener fórmulas jugables poco… «depuradas». Aun así, todos sus microjuegos brillan más por la gran frescura de sus ideas y la genuina originalidad que, de un modo u otro, transpiran. Como reza la genial frase que corona su perfil en Twitter, la cual es bastante representativa de su modus operandi, “It’s not a great game, but I do like the idea”. Personalmente, lo de «It’s not a great game» no lo aplicaría al caso de qomp, porque, y tal vez es una calentada señalar esto, lo metería como candidato a GOTY.

qomp
La paleta de colores de qomp solamente cuenta con blanco, negro y grises, dejando el rojo para contadas ocasiones

Conclusión

¿Por qué GOTY? Simple: con lo poco que tiene, qomp hace cosas interesantes. Quizá, para mi gusto, demasiado interesantes, incluso a pesar de que estas “cosas” no luzcan por su cantidad, sino más bien, como comentaba al principio de este texto, por lo que permiten leer y reflexionar entre píxeles. Es verdad que temo ser demasiado optimista y benévolo con Wombat; pero no puedo negar todo el buenhacer que veo detrás de cada decisión tomada.

Otros títulos semejantes quizá ofrecerán más duración, una cuestión que algunos tal vez tenéis en más consideración, pero creo que qomp compensa con densidad, ritmo, precisión y cariño. Ante todo, qomp es un desafío mecánico purista, uno exquisito. Pero también tiene algo de carta de amor hacia los propios videojuegos.

 

Por Carles

Escritor aficionado y, creo yo, artista frustrado. Videojuerguista desde que tengo uso de razón, entusiasta de la narrativa y amante del rol. Estudiante de Filosofía en la Universidad de las Islas Baleares tratando de encaminar mi trayectoria hacia los Games Studies. Radiante de día; alomántico de noche.

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