Análisis de Huntdown: prepárate para acabar con los maleantes de la ciudad y acabar con la corrupción.

Destacar a día de hoy en el vasto mercado de videojuegos indie es tarea ardua para los pequeños estudios, aunque no imposible. Además, destacar siendo un juego en 2D tiene aún más mérito, y decenas de títulos son la prueba de ello: desde el título patrio Blasphemous, Hollow Knight, Gris, Little Nightmares o Cuphead han conseguido atraer al público y conseguir un merecido reconocimiento. Aún así, sigue habiendo títulos muy divertidos y que tienen algo que ofrecer en un mundillo saturado de ofertas. Así llegamos a un pequeño título creado por el estudio Easy Trigger Games, que se enfrentó a un lanzamiento en mayo de 2020 marcado por los primeros meses de la pandemia del COVID-19, y que tal vez pasó más desapercibido de lo que merece. Es por eso que hoy os traemos el análisis de Huntdown.

Análisis Huntdown

“El crimen es una enfermedad. Él es el remedio”

Tomando prestada la frase del póster oficial de Cobra, la película de culto protagonizada por Sylvester Stallone, tenemos definición para nuestro papel en el juego. La premisa para liarnos a disparos como si fuera un día normal en EE.UU es sencilla: el futuro es un caos bajo el dominio de las pandillas callejeras, y la policía no tiene suficiente poder para controlarlas. Ahí entramos nosotros en nuestro rol como cazarrecompensas. Para desempeñar este papel podremos escoger entre tres personajes, cada uno con un arma complementaria única: Anna Conda -humana-, John Sawyer -ciborg- y Mow Man -androide-.

Siempre que cae en mis manos un juego de disparos en dos dimensiones, siento la necesidad de compararlo con la saga Metal Slug, el referente indiscutible de diversión en el género. Partiendo de la base, algo que tienen en común es su jugabilidad ágil y repleta de enemigos en pantalla. Pero desde el principio podemos encontrar multitud de diferencias en su gameplay, ya que se nota muchísimo el amplio número de referencias que Huntdown ha ido cogiendo de diferentes lugares.

Análisis Huntdown

Jugabilidad que premia no ir a lo loco

Si algo destaca nada más comenzar a jugar -por supuesto, en una comparación con Metal Slug que, a veces, se puede tornar injusta- es la dirección de disparo: solo podremos apuntar a izquierda y derecha. En la primera toma de contacto se antoja muy limitado, ya que multitud de juegos disponen de la posibilidad de apuntar en varias direcciones y a diferentes grados para acabar con todo lo que se cruza en pantalla. Pero, a poco que te adentres en las calles plagadas de neones, entiendes el porqué de tal decisión.

Huntdown no es un juego que nos incite a ir disparando a diestro y siniestro; se toma su tiempo para que podamos esquivar ataques y atacar nosotros en el momento preciso sin sufrir daños -o, al menos, minimizarlos-. Aquí es donde entran en juego las coberturas, ya sea escondiéndonos dentro de edificios o utilizando diversos objetos tras los que ponernos a cubierto. Esto le da al juego un toque más estratégico -dentro de lo posible, porque a veces no nos dará tiempo ni a pensar-, ya que se premia la habilidad para esquivar ataques, escondiéndonos o agachándonos en el momento exacto. En algunos momentos tocará también tirar de reflejos, ya que mientras nos disparan, otros enemigos pueden acercarse y atacarnos desde cerca -aunque estemos escondidos-, por lo que ocultarnos no nos valdrá.

Como curiosidad, este sistema de coberturas no es precisamente nuevo, ya que juegos de la época de Super Nintendo, como el no muy recordado ‘Blackthorne’, ya lo incluían en 1994.

Análisis Huntdown

Jugando con el entorno

Nuestro personaje se mueve a una velocidad estándar para este tipo de juegos, pero cuenta con un movimiento de deslizamiento que abarca varios usos: llegar más rápidamente a una cobertura, esquivar disparos y golpear a enemigos cercanos. Este «todo en uno» es perfecto para movernos de una forma dinámica por el escenario y así poder esquivar diversos ataques.

Además, el escenario cuenta con algunos elementos que nos pueden ayudar si sabemos cómo utilizarlos a nuestro favor, como los barriles explosivos, con los que podemos quitarnos de en medio a varios enemigos de un plumazo si los hacemos estallar en el momento adecuado.

Análisis Huntdown

Guns, pero no ‘Roses’

Si algo debería caracterizar un juego de disparos es la posibilidad de hacernos con un buen arsenal de armas a nuestra disposición, algo en lo que Huntdown cumple sobradamente. Por supuesto, iremos avanzando a la par que el juego, y la progresión en poder destructivo de las nuevas armas irá en paralelo a la dureza de nuestros rivales. Solo podemos llevar dos armas a la vez, y toca estar pendiente en todo momento de la munición que nos queda, ya que se irá consumiendo rápidamente sin que nos demos cuenta.

Empezamos con armas básicas: pistola, escopeta o incluso un bate de béisbol -esta última solo funciona a corta distancia-, pero conforme avanzamos en los diferentes distritos de la ciudad, se nos presentará la oportunidad de hacernos con lanzamisiles, armas de energía o, incluso, una ‘ciberkatana’ con la que rebanar a los enemigos como si fueran un trozo de pan.

Todo este armamento lo conseguiremos derrotando a enemigos, que irán cambiando según las diferentes zonas del juego. Aquí es donde se nota la evolución en la dificultad, ya que en las primeras zonas serán, básicamente, rivales bastante débiles a los que podremos derrotar sin mucho esfuerzo, aunque no deberíamos subestimarlos cuando hay varios en pantalla. Nos encontraremos variaciones, como los que van subidos en moto. El desafío irá subiendo su exigencia progresivamente, empezando por simples pandilleros y terminando por ‘ninjas’ armados hasta los dientes.

Cabe mencionar que los jefes finales de distrito son bastante originales, así como la pelea final del juego, divertida y desafiante para llegar a ser el punto álgido perfecto en esta corta aventura.

 

Gráficos y sonido: cumplen, aunque sin destacar demasiado

Huntdown entra rápidamente por los ojos con esa estética caótica y decadente de futuro distópico tantas veces imaginado. Y, a decir verdad, en todo momento resulta muy vistoso, pero se echa en falta un toque aún más personal, que lo haga distanciarse del resto de propuestas, como el arte de Hollow Knight o Cuphead. Para los más puristas, el juego cuenta con un filtro que imita la calidad de los televisores CRT, algo que se agradece si le damos uso en un televisor de gran tamaño, donde puede llegar a resaltar demasiado el conjunto de píxeles.

En cuanto a sonido, más de lo mismo, pero aumentando el problema: sintetizadores a lo largo de la aventura con ese aire de los ochenta que impregnaban películas de acción como ‘Cobra’, y que encajan perfectamente con la ambientación. Pero, una vez acabado el juego, no recordaremos -posiblemente- ninguna de las melodías que nos han ido acompañado en nuestra labor de cazarrecompensas.

¿Recomendable?

Sin ninguna duda, si os gustan los juegos 2D, es una de las propuestas más entretenidas de los últimos años, a pesar de su corta duración. Cuenta con el componente de la rejugabilidad, ya que presenta cuatro niveles de dificultad, y el normal -que viene por defecto- ya nos puede dar quebraderos de cabeza en ciertos momentos, sobre todo a los jugadores no tan hábiles. Este modo aprieta, pero no ahoga. Sin embargo, para dominar ciertos tramos y podernos pasar el nivel sin morder el polvo -lo cual tiene recompensa-, tendremos que repetirlo más de una vez y aprendernos al dedillo los movimientos de los rivales, en especial los de los jefes finales. Además, podemos ir cambiando de protagonista en cada partida, y así aprovechar las diferentes características que presentan estos.

También encontraremos diferentes coleccionables que nos harán completar el juego al 100%, por lo que su vida útil puede ascender considerablemente. Como recomendación personal, es un juego que se presta muchísimo a jugarlo en compañía, ganando enteros en diversión y siendo en plan perfecto para un fin de semana con amigos. Además, está disponible para consolas y para PC, por lo que no será un problema encontrarlo disponible.

 

Por Jorge Ruiz Diaz

Siempre detrás de una pantalla, escribiendo o jugando.

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