Mi historia comienza en enero de 2012. Me acuerdo
perfectamente como entre en la tienda, decidido hacia esa maravilla que iba a
comprar. No me lo pensé dos veces. Saque la cartera y pagué.
 
Al llegar a casa me falto tiempo para meterlo el mi consola
y ponerme a jugar, aun teniendo que esperar a una instalación de 2 GB, mi hype
hacia el momento de pisar ese campo de batalla iba creciendo. Tras unos momentos de
espera, todo comenzó.
 
Multijugador. Partida rápida. Frontera del Caspio/
Conquista. Es algo que perdurara en mi memoria hasta el fin de mis días. De eso
estoy seguro. Tras una extrañamente divertida partida, quede prendidamente
enganchado y enamorado de ese juego. Había conseguido transmitirme una afinidad
que no había conseguido con ningún otro. A continuación pensé: «Si esto solo es
extrañamente divertido, con amigos debe ser fabuloso».
 
No me equivocaba. Tras unas semanas de espera conseguí que
algunos amigos compraran esta obra de arte, y empezar a jugar con ellos. Al
principio éramos malísimos, pero nos reíamos mucho y aun no consiguiendo hacer
nada nos lo pasábamos en grande.
Fuimos mejorando individualmente y ese juego se convirtió en
nuestra religión. Éramos una piña. Éramos uno. Podíamos sentir que cuando
jugábamos juntos podíamos hacer lo que quisiéramos; ser quienes quisiéramos. Éramos
4. Pablo, Ángel, Johan y un servidor. La patrulla «Ola K Ases».
Ese año fue el año que más he disfrutado en lo referido a
videojuegos, puesto que aunque jugaba a muchos otros, ninguno conseguía
ofrecerme lo que este me daba.
 
Como todo lo bueno tiene que acabar, por diversos motivos,
ese juego, al que aun hoy en dia considero mi juego favorito, paso en nuestras
vidas a un segundo plano. Algunos tenían que irse a otras ciudades a estudiar,
otros simplemente lo olvidaron más que yo
.
 
Pero seguía haciendo algo que le agradeceré siempre. Aun en
solitario, cuando tenía un mal día, o necesitaba desconectar, agarraba mi
AEK-971, mataba a un par de guiris, y todo volvía a ser como antes. Las penas
se pasaban, los dolores se calmaban y el tiempo volaba. En el verano de su
segundo año de vida recuerdo pasar varias noches enteras sin dormir, jugando
nada más que con Pablo. Riendo como enanos, y disfrutando como los que más.
Esos fueron los últimos grandes momentos de su vida.
 
Entonces salió la beta de la siguiente parte de esta maravillosa saga, aquel juego que en
principio íbamos todos a comprar pero que finalmente, no convenció a ninguno lo
suficiente. Surgió además el problema de que consola comprar ahora (ya que había
salido la “Next-Gen”).
 Tantos matices y cabos sin atar nos hicieron que finalmente,
esos momentos tan increíbles que vivimos se quedaran en nuestra memoria, y hoy
en día lo agradezco.
 
Son unos momentos que nadie nos podrá quitar, y estoy seguro
que algún día, volveremos a juntarnos los 4 y a retomar esas frenéticas y
absurdamente divertidas partidas en las que no nos importaba nada más. Solo
reírnos y pasarlo bien.
 
Desde entonces he jugado a muchos otros juegos, pero me
atrevo a decir, que sin duda ninguno se ha acercado a transmitirme lo que ese
juego consiguió. Ese juego que llevare siempre en mi corazón. Porque si, me
encantan los videojuegos. Y estoy seguro de que a los que os gusten una décima parte de lo que me gustan a mi, conseguiréis apreciar lo que he querido
plasmaros y habéis tenido un juego especial en vuestra vida.
 

 

Si queridos lectores, estoy hablando de Battlefield 3.
 

Por Fernando

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