The
Witcher 3: Wild Hunt llegó a nuestras manos hace ya la friolera de 3 años. Ese
mismo año, aquel magnifico 2015, compartió escenario en lo más alto en cuanto a
estandartes de calidad con Metal Gear Solid V: The Phantom Pain y Bloodborne, a
día de hoy para mí los tres mejores juegos de la generación. Pero The Witcher 3
tenía algo especial que a día de hoy sigue sorprendiendo.



Geralt de
Rivia
y sus historias tenían ante sí el difícil reto de superar al mítico The
Elder Scrolls V: Skyrim
, un juego que hoy en día se sigue jugando (y
vendiendo). El fuerte de Skyrim era la libertad de acción por un mundo plagado
de situaciones en las que te tendrías que posicionar: ¿Capas de la Tormenta o
Legión Imperial? ¿Hombro lobo o vampiro? 
¿Guerrero, mago o arquero? ¿Perdonar la vida o matar? Skyrim deja al
jugador crear su propia historia, que el personaje sea un avatar de nuestras
acciones y decisiones. Esto, como no puede ser de otra manera, afecta al
desarrollo de la trama, la cual pierde calidad frente a la libertad, es algo
irremediable. Aquí es donde entra The Witcher 3. A la historia del brujo le
preceden 8 novelas y 2 juegos, y esto es algo que se deja patente desde el
minuto uno. Sin apenas presentación de personajes que interaccionan entre ellos
de la misma manera en la que lo hacen los que se conocen de toda la vida. Como
si de una bufanda se tratase, la historia se va tejiendo desde el último punto
en el que se dejó la otra vez, no se empieza desde 0. Esto quiere decir que, si
no estás al día con la saga de Geralt, tanto novelas como videojuegos, o lees
el glosario que ofrece el propio videojuego o estarás un poco perdido, pues la
trama es el eje principal de este The Witcher. Pero no vengo a hablar de las
bondades argumentales de The Witcher 3 ni de los puntos fuertes que tiene
respecto a otros títulos. Quiero comentaros algo que me ha impresionado en mi
redescubrimiento de la obra y a lo que bautizado como: realismo fantástico.

Pongámonos
en situación: sin entrar en muchos detalles, el motor argumental del videojuego
es la búsqueda de Ciri, la hija adoptiva de Geralt, su destino, que es
perseguida por la Cacería Salvaje (unos tipos muy malos muy malos) que quieren
de ella su poder (sí, Ciri es especial). Esto nos lleva a las tierras de Velen,
una tierra en la que predominan las ciénagas, el olor a putrefacción y la
muerte. Llegamos a Velen en mitad de una guerra que enfrenta a los Reinos del
Norte
con el poderoso imperio de Nilfgaard, y esto es algo que repercute
directamente en el terreno, dónde nos encontramos bosques destrozados por la
guerra, zonas plagadas de cadáveres muertos y personas ahorcadas en la mayoría
de los árboles. The Witcher 3 no se corta un pelo al mostrar las miserias de la
guerra. Vemos aldeas vacías tras el paso del ejército de Nilfgaard o tras el
paso de los Reinos del Norte, si han sido acusado de traidores. Vemos pobreza a
mansalva, con un Geralt que en cada contrato que el brujo acepta debe regatear
hasta una mísera moneda de oro enfrentándose a los dilemas morales que le
expone el aldeano de turno. Los aldeanos no son en absoluto ajenos a la guerra,
y con comentarios, canciones o dichos podemos intuir de qué lado están. Pero no
todo lo ruin que vemos en Velen es a causa de la guerra. Geralt es un brujo,
esto es, un humano que ha mutado su cuerpo mediante pociones y cosas muy
chungas para dejar de ser un humano y ser un mutante, alguien sin sentimientos
(o eso dicen). Esto levanta ampollas entre los aldeanos y muestran un racismo
extremo hacia su figura. Geralt es increpado cuando entra a una taberna o
cuando pasea por las calles de cualquier ciudad. No obstante, como todo en el
mundo, también hay gente que no le increpa y que habla bien de estos brujos.
Por cierto, Geralt es célebre por las tierras de Velen. Es un reputado brujo,
pero ni con esas se libra del racismo pertinente.
«Las miserias de la guerra se notan en nuestro viaje»
Pero el
racismo en The Witcher 3 es algo exclusivo hacia los brujos. Por supuesto,
existe racismo entre los humanos y el colectivo que comprende a enanos, elfos y
demás criaturas con raciocinio. Por otro lado, el colectivo de las hechiceras
es también perseguido, y prácticamente por la misma razón por la que se siguen
a los demás colectivos: ser unos seres extraños con habilidades especiales. Así
pues, las brujas, tienen un trato diferente según se relacionen con los
mencionados Reinos del Norte o con el reino de Nilfgaard. Para los primeros, en
un principio, las hechiceras son libres dentro de su territorio. Esto es algo
que cambia cuando los adoradores del Fuego Eterno llegan a Novigrado y cuentan
con el favor rey Radovid. En este momento, las hechiceras y magos son
perseguidos y quemados en la hoguera. Por otro lado, en el imperio de
Nilfgaard, no se persigue a la magia, pero sí controlan a las hechiceras y las
reclutan para el ejército, lo que se traduce en que no son libres. Las
relaciones son demasiado profundas como para abarcarla en un único artículo,
pero para que tengáis una idea. The Witcher 3 muestra un mundo feo, donde el
odio, el racismo y la envidia campan a sus anchas. Y todo esto se nos escupe de
la manera más cruenta a la cara cuando ponemos un pie en Novigrado. Allí, al
llegar a la plaza principal del pueblo, asistimos como son quemados en la
hoguera dos conocidos de Geralt. El primero de ellos se trata de un doppler que
llevaba años usurpando la identidad un peso pesado de la ciudad y haciendo de
esta un lugar más seguro en el que vivir. La segunda era una hechicera que
Geralt conoció tiempo atrás. Toda esta escena la contemplamos con un Geralt que
mira impotente, sin poder hacer nada. Y es que esa es la base principal de The
Witcher. Como diría nuestro amigo Solid Snake: “No soy un héroe, nunca lo fui y
nunca lo seré”. Geralt no es el héroe que va a salvarnos del mal. Geralt es una
especie de mercenario que trabaja por dinero asesinando monstruos. Es cierto
que a veces le pueden las causas justas, pero no se inmiscuye en ellas salvo
que se vea obligado por una fuerza mayor.
Tal es la
crudeza que se vive en The Witcher 3 que, en los primeros compases de la
historia, sin salir siquiera del prólogo, podemos decidir el destino de un
joven, que bien puede quedar impune o bien terminar en la horca. Todo esto
sucede a raíz de nuestra visita al cuartel del imperio nilfgaariano. Allí, el
tipo que está al mando, antes de negociar con nosotros deja caer que está
esperando a un enano que les ayude a arreglar armaduras y forjar armas. Si
volvemos al pueblo y prestamos atención, podemos ver a un enano que está
maldiciendo en frente de su casa quemada. Si nos acercamos a él, nos contará
que en el pueblo le llaman traidor por ayudar al imperio invasor en lugar de
negarse y apoyar a los Reinos del Norte. Se excusa diciendo que de algo tiene
que comer y que de otra manera hubiera terminado en la horca. Nos pide que
busquemos al causante del incendio a cambio de unas monedas, a lo que Geralt
acepta, pues recordemos que no suele tener ni un duro. La búsqueda nos lleva a
una casa, y en ella, un joven que apesta a alcohol. Tras la conversación con el
culpable del incendio, podemos hacer dos cosas: la primera de ellas, llevarle
ante el enano. La segunda es aceptar su dinero y hacernos los locos con el
enano. Si elegimos la primera de las opciones, el joven terminará ahorcado pese
a sus suplicas. Un duro final.

«A Geralt siempre le persigue la muerte»
Pero sin
lugar a duda, la trama que hace a este juego más real y crudo que el resto de
su género, es la historia que concierne al Barón Sanguinario. Se nos presenta
un personaje al que una terrible fama le precede (de ahí su nombre) pero
rápidamente descubrimos que son solo habladurías fantasiosas creadas a raíz de
un malentendido que el hombre ha decidido aprovechar en su favor. El Barón, de
nombre Phillip, es un ex soldado que negoció con el imperio de Nilfgaard para
situarse en una posición cómoda y quedarse ahí. Con fama de manejar sus
dominios con mano de hierro, conocemos a un hombre que siente un gran cariño
hacia su familia y hacia todas las personas de las que se rodea. Su trama está
muy ligada a lo que acontece en torno a las Moiras, así que paso a contar esta
primera parte.

Las Moiras
son tres hermanas que viven en un pequeño pueblo situado en una ciénaga, en
Velen. Estas hermanas, cuyo aspecto es vomitivo, se dedican a ofrecer
protección a las aldeas adyacentes a cambio de sacrificios o favores. Geralt
llega a la susodicha aldea, la cual está repleta de niños cuidados por una
mujer ya casi anciana. Niños huérfanos por la guerra que no tienen donde ir y
por los que la mujer profesa un gran amor. Al preguntar por Ciri, la mujer no
suelta prenda y nos insta a largarnos. Geralt consigue convencerla tras una
serie de “artimañas” a modo de misión no muy relevantes en este momento. La
mujer, de nombre Anna, convoca a las Moiras, pues fueron ellas las que trataron
con Ciri. Le piden a Geralt que a cambio de la información vaya en ayuda de
unos aldeanos cercanos. Así pues, el brujo se encamina a la mencionada aldea
para ayudar a los aldeanos, los cuales son muy pobres y viven atemorizados por
las Moiras. Le piden que vaya a una colina a terminar con un espíritu maligno.
Cuando llegamos hasta él, nos encontramos con que dicho espíritu está confinado
ahí por una maldición de las Moiras. En nuestro poder está elegir si acabar con
él o liberarlo. Si elegimos la primera de las opciones, las Moiras se
terminarán comiendo a los niños de la aldea y la mujer que los cuidaba
terminará trastornada. En caso de la segunda, los niños serán liberados. En mi
caso, liberé al espíritu. De vuelta a la aldea, el aldeano que nos encargó la
misión se corta una oreja a modo de pago hacia las Moiras. Geralt le pregunta
por qué hacen eso y por qué no dejan ese lugar, a lo que el aldeano le responde
que son sus tradiciones y que un extranjero no va a comprenderlas.

Volviendo
con la trama del Barón, este nos pide que busquemos a su esposa e hija que han
desaparecido tras unos días de borrachera propia. Cuando Geralt investiga las
habitaciones encuentra dos hechos relevantes. El primero de ellos es que la
hija odia a su padre por el trato que las da. El segundo de ellos es que tuvo
una pelea muy dura con su mujer. Probablemente el Barón le propinó una paliza
y, a causa de ello, decidió abortó y decidió huir. En Barón confirma las
sospechas de Geralt, pero nos dice que, si queremos saber de Ciri, le ayudemos
a encontrarlas, que se siente muy arrepentido.

Tras una serie
de sucesos relacionados con el espíritu de la hija abortada, se nos revela que
la mujer que cuidaba de los niños en la aldea de las Moiras era la mujer del
Barón. La hija, por cierto, está en Oxenfurt, sin querer saber nada del padre.
Nos dirigimos a la aldea con un pequeño destacamento de los hombres del Barón.
Vemos que la aldea está siendo asediada por bestias de toda clase. Cuando
terminamos con ellas, encontramos a Anna transformada en una bruja del agua,
pese a que no nos ataca. El Barón y la hija (que también descubre el paradero
de su madre y nos acompaña en estos momentos) nos piden que ayudemos a su
madre. Geralt, sin entrar en muchos detalles, consigue anular la maldición,
pero obviamente tenía truco. Anna se está muriendo y nada que podamos hacer va
a ayudarla. Finalmente, con el dolor que tal pérdida supone, el Barón nos dice
que pasemos dentro de unos días a por el dinero acordado. Cuando vamos a por el
jornal que nos corresponde, encontramos al Barón ahorcado.
«Un final quizás no tan inmerecido»
Esta
crudeza de The Witcher 3 es de la que quería hablar. Una trama como la del
Barón mezcla el alcoholismo, la violencia de género, el aborto, el canibalismo
todo ello dentro de un contexto de guerra y sus miserias. Precisamente las
miserias del ser humano son lo que más destaca dentro de la obra. En The
Witcher 3 no hay lugar para los grandes héroes movidos por el altruismo. No hay
lugar para las épicas hazañas narradas por un bardo en una taberna idílica. Lo
mejor que podemos encontrar en las tabernas es a borrachos jugando a las cartas.

The
Witcher 3 es todo un reflejo de la sociedad actual pero ambientado en un mundo
de fantasía. Una fantasía tan bien llevaba que, como es lógico en cualquier
lugar, tiene más de malo que de bueno. Deja atrás los parajes idílicos que se
nos vienen a la mente cuando pensamos en la fantasía para dar paso a unos
paisajes que, por lo general, se alejan de esos pensamientos. Guerra y pobreza.
Egoísmo y racismo. Un protagonista al que no le tiembla el pulso si tiene que
cortar la cabeza a un humano en beneficio propio. En definitiva, The Witcher 3
no tiene pelos en la lengua a la hora de mostrarnos un mundo dentro de un
contexto tan mísero como lo es el de la guerra y sus penurias.
«The Witcher está lejos de mostrar belleza en su mundo»

Por Daniel Viñambres

He escrito dos libros con mis desgracias. Soy sociólogo y redactor a tiempo parcial. Miyazaki y Kojima os como los huevos. También soy un borrachuzo.

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