Una nueva entrega, un nuevo relato para la sección más solidaria de la página. De nuevo tenemos el placer de traeros un relato de Carlos Falcón.

«Yo contra el barrio»

Muy buenas a tod@s y bienvenid@s de nuevo a una entrega más, a una nueva cita con las letras. Un nuevo relato recibido que formará parte del libro que estamos preparando. La cosa se está alargando bastante. Esta primera fase está casi concluida. Aún faltan dos relatos que tengo apalabrados con dos amigos. Una vez los tenga publicados, empezaremos a ver como organizamos el tema de las ilustraciones que acompañarán al libro. 
Va a ir despacio. No puedo fijar fechas aproximadas de publicación, pero seguimos adelante. Ahora que llega el verano quiero coger todos los relatos recibidos y darles una vuelta, un repaso, una revisión y corrección. Luego faltan las ilustraciones, maquetar y publicación. También voy a necesitar un prólogo. Ya tengo a alguien en mente para hacerlo, pero aún no está nada decidido. Y por supuesto una portada acorde. Tengo una idea en mente, a alguien que me gustaría que participara, ya os iré contando.
En fin. Que gracias de nuevo a todos por participar, que os pido paciencia por la lentitud del proceso y que seguimos trabajando en el proyecto.

Ahora os dejo con el relato del compañero Carlos Falcón. Espero que os guste. Un saludo.

Fight for your Life 
         Elegiría
a Ryu. Siempre me había gustado más Ken, pero si iba a perder, al menos lo
haría con estilo.
        
         Todo
empezó hace un par de días, estaba desesperado por mis problemas económicos, a
un paso de la bancarrota, cuando encontré un tweet que llamó mi atención: «SFII
Todo o Nada, convierte 1000€ en 8000€». Entré en un grupo privado, unos
cuantos mensajes de ida y vuelta y aquí estoy, listo para solucionar mis
problemas a base de combates virtuales.
         El
local estaba en los bajos de un hotel de lujo, todo muy elegante y desbordante
de estilo. Nunca pensé que mi afición a ese juego que marcó toda mi juventud me
llevaría a pisar un sitio como este, de los que salen en las películas de Bond
y sabes que jamás podrás acercarte ni para realizar fotos.
         Un
tipo trajeado, con pinta de croupier, nos explicó las normas mientras
descendíamos por las recargadas escaleras. El juego era el SFII original, el de
SuperNintendo. Nada de las versiones sacacuartos que sacaron después, las
cuales yo también piqué y compré una tras otra. Si el tiempo llegaba a 0 y no
había KO, los 2 jugadores quedarían automáticamente fuera del torneo. Sólo
habría un ganador final, el cuál se quedaría con todo el dinero, los demás, serían
eliminados. Me pareció que se le escapaba media sonrisa al comentar ese último
detalle, pero yo sólo pensaba en qué me gastaría toda esa pasta que iba a ganar
en cuestión de minutos.
         El
salón del torneo era enorme, con una zona oscura en un lateral, donde me
parecía distinguir a gente sentada en amplios butacones. En el centro, una
pantalla gigantesca con imagen por sus 2 caras, algo que no había visto en mi
vida. Frente a cada cara de esa pantalla, una silla bastante sencilla para el
despliegue de medios que allí había. Y apoyado en cada silla, el mítico mando
con los botones en 4 colores como el que había desgastado yo en mi casa durante
años. No pude evitar esbozar una sonrisa nostálgica. También había varias cámaras,
unas enfocando a la pantalla, otras a cada asiento del jugador y una a lo
lejos, como para tomar una panorámica. Además de ganar pasta fácil, (pensé),
mañana seré una estrella de Youtube.
         -Por
favor, tomen asiento.- Dijo fríamente el «croupier». -Vamos a
comenzar.
         Elegí
a Ken, y el chico sentado frente a mí, a Blanka. Esto va a ser pan comido
(pensé). Y además te voy a partir la cara mirándote a los ojos, algo que nunca
había podido hacer antes, ya que evidentemente, se suele jugar con tu oponente
al lado. Bueno, menos los gilipollas de ahora que sólo juegan on-line y nunca
saben la cara que tiene su rival. Asco de generación perdida, ¿qué hay mejor
que restregarle la victoria a tu oponente en toda su cara?
         El
combate fue rápido y le gané los 2 rounds casi sin esfuerzo. ¿En serio pensaba
ganarme con Blanka? Además lo finalicé como a mi me gusta, dando el último
golpe con un ShoRyuKen magistral. No podía ser más perfecto. El chico frente a
mi puso cara de circunstancias, mirando al suelo derrotado. Yo le sonreí con
suficiencia. Iba a dedicarle un «jódete» a lo lejos, pero ya lo había
humillado bastante.
         Entonces
se le acercó el «croupier» por detrás sin hacer ningún ruido,
sujetando un cubo metálico. Esto va a ser la repera (pensé). Ahora de postre un
cubo de agua por la cabeza, castigo al estilo «Humor Amarillo», y ya
tenía la carcajada asomando en el borde de mis labios.
         Pero
no. El tipo (que lo hizo todo mirándome a los ojos), le colocó de repente el
cubo bocabajo en la cabeza. Durante un segundo, quedó de lo más cómico. Hasta
que súbitamente vi surgir un cuchillo a través del cuello del chaval. El chorro
de sangre llegó hasta mis pies. Y mientras el carnicero (ya la imagen de
croupier se me borró de la mente) sujetaba el cubo donde se ahogaban los
estertores del pobre chaval, noté como algo húmedo y caliente empapaba mis
vaqueros. Me había meado encima. Y no apartó su mirada de mí hasta que el otro infeliz
dejó de patalear y lo dejó caer al suelo como un saco lleno de basura.
        
         -Jugador
1 eliminado, que pase el siguiente- dijo sin el más mínimo temblor en su voz. Y
unos aplausos que me devolvieron a la realidad surgieron de la zona oscura del
salón. La verdad de todo aquel montaje llegó a mi mente como un calambrazo.
Nosotros éramos un espectáculo para los que estaban allí en la penumbra. Para
vernos morir por un puñado de Euros que seguramente ellos ni se agacharían a
coger si los vieran tirados en el suelo. Y yo era parte de ese circo grotesco.
         Hice
intención de levantarme, pensando cuánto tardaría en subir aquellas escaleras
que antes me parecieron tan lujosas y ahora deseaba saltarlas de tres en tres.
Pero una voz tras de mí me dijo serenamente. -El que se levanta de la silla,
también está eliminado.- El lenguaje nunca fue mi asignatura favorita, pero
comprendí al instante que lo de eliminado no era ninguna metáfora, y que en el
tweet que me había llevado allí, lo de «todo o nada» era un poco más
literal de lo que podía haber imaginado.
         Entró
una chica y tomó asiento. UNA CHICA. Joder, en serio, que cojones hacía una
chica metida en esta mierda !! Antes de que pudiera reaccionar ya había elegido
a su personaje: Guille. Yo me quedé mirándola en estado de shock. Pensé en
gritarle para que supiera lo que allí estaba pasando realmente, pero como en
esas pesadillas asfixiantes, no pude articular palabra. Y se me olvidó un pequeño
detalle, si no eliges luchador, la máquina termina eligiendo por ti. Y la
máquina me regaló… a Zangief.
Quizá en otro entorno más amable me
habría resultado simpático y casi irónico. El Ruso y el Americano, Rocky contra
Drago, la guerra fría tan molona de las pelis de los 80 llevada a su máxima
expresión. Pero no. Cuando la máquina me eligió a Zangief, lo que me dio por
pensar era que me quedaban 198 segundos de vida. Iba a morir jugando a mi
jodido juego favorito con un personaje de mierda al cuál odiaba.
         El
primer round no tuvo historia. Zangief es lento de cojones y la chica me
mantenía a distancia con patadas cada vez que trataba de acercarme. Tras
perder, sabía que me quedaba poco en este mundo. ¿Sabéis eso que dicen de que
cuando vas a morir ves pasar tu vida ante tus ojos? Bueno, en mi caso lo que vi
fueron partidas al SFII. Como pasaba las tardes jugando con mi hermano una y
otra vez hasta que teníamos agujetas en las muñecas. Y siempre nos apostábamos
lo mismo: el que perdía…pagaba. Nada económico, algo tan simbólico como
satisfactorio, un capón con todas las de la ley. Y el perdedor no podía
defenderse ni rechistar, era la norma.
        
         Cuando
regresé a la realidad, miré a la chica frente a mí, se le veía triunfante, con
una sonrisa de suficiencia que me revolvió las tripas. Y algo en mi cabeza hizo
«click». La miré fijamente, me encogí de hombros… y puse el mando
sobre mis muslos. Ella se quedó helada. Yo estaba tirando la partida sí, pero
si ella no venía por mi y el tiempo se acababa, los 2 estábamos eliminados. Se
pasó los 30 primeros segundos lanzando ataques a lo lejos, yo cogía el mando,
daba un pequeño salto para esquivarlos, y volvía a soltar el mando. Y la volvía
a mirar encogiéndome de hombros. Oí como un murmullo procedente de la zona
oscura de la sala. Seguro que aquellos cabrones lo estaban pasando de lo lindo,
en unos segundos verían como la palmaban 2 estúpidos más. La chica no pudo más
y se lanzó a por mi como loca, apenas quedaban unos segundos y ambos teníamos
toda la energía. El problema de tirarte contra Zangief a lo loco, es que como
te pille, te manda al otro barrio con 3 golpes bien dados, que es exactamente
lo que sucedió. Ahora estábamos empatados, y a ella la sonrisa se le había
borrado y la había convertido en una mueca de funeral. No sabes cuanta razón
tienes al poner esa cara guapita (pensé). Tu funeral, y sonreí como un jodido
maníaco.
         El
último round fue un paseo. ¿El motivo? La chica se había derrumbado, y no
atinaba ni a sujetar bien el mando. La derroté con un perfect, algo que en mi vida
había hecho con semejante tronco de personaje. Por un momento imaginé a
Gorbachov bailando el Kalinka para celebrar tan grande victoria para la patria.
No me dio tiempo a disfrutarlo, porque al momento vi aparecer al carnicero tras
la chica. Esta vez, bajé la mirada. Volví a oír los puñeteros aplausos y los
pataleos contra el suelo. Dios que puta locura es esta. Y aunque no tenía la
culpa, me sentía como que era yo el que estaba pasando a cuchillo a mis
rivales.
         Uno
tras otro, siguieron pasando caras ante mí. Un chico asiático que no debía
tener más de 16 años. Un gordaco que eligió a Honda y casi pierdo por el ataque
de risa histérico que me dio. Un tipo trajeado que parecía que venía
directamente de vender seguros o de un banco. Para ser sincero, tenía tal pinta
de estúpido y relamido que a este tuve el placer culpable de mirarlo cuando
llegó su hora. No me juzguéis, poneos en mi lugar si tenéis huevos.      
 -Ha
llegado la hora de la gran final.- Comunicó ceremoniosamente el, bueno, ya
sabéis quién.
         De
repente, las luces se atenuaron, y una especie de panel descendió del techo,
hasta separar las posiciones de los jugadores, de manera que no podría ver
quién se sentaba al otro lado. Me recordó a los programas esos de televisión en
los que dos personas hablaban con un muro ridículo en forma de carta gigante
que los separaba. En otro momento me habría descojonado, pero no, ese no era el
momento.
         Elegiría
a Ryu. Siempre me había gustado más Ken, pero si iba a perder, al menos lo
haría con estilo. Quienquiera que estuviese al otro lado eligió a Ken, no podía
ser de otra manera.  ¿Acaso siendo
adolescente, cuando vi la peli Contacto Sangriento, dudé en algún momento que
en la final se enfrentarían VanDamme (Dux) y Ton-Po?  Pues no.
         Como
esperaba siendo la final, el combate fue durísimo. El 1er round lo gané al
borde del final, con la energía al mínimo. El otro tío era tan bueno como yo. A
ver, no es que el juego tenga 1000 técnicas, pero cuando eres bueno, sabes que
no te va a ganar el típico «machacabotones» que se tira a por ti sin
tener ni puta idea. Eso me jodía muchísimo en su momento. Pero el que tengo al
otro lado del muro, no sé, ojalá tuviese otro día para jugar con él y comentar
la última peli de Marvel mientras  nos
picamos. Lamentablemente, uno no podrá ver si la próxima de Spiderman era un
bluff o no.
         El
2º round me descoloca. He jugado un millón de veces combates entre Ken y Ryu, y
pensaba que tras ganar el primero, el segundo sería más sencillo. Pero ni de
coña. El tío ha reconocido todos mis trucos y me los esquiva casi antes de que
empiece a hacerlos. Es casi como si supiera lo que pienso. Fallo cuando lo iba
a arrinconar y tras saltar sobre mí, me liquida con un combo…cuando los
combos no existían. No niños, los puñeteros combos no han estado siempre ahí.
Puede que estuviese a unos segundos de morir, pero la partida era digna de
retransmitirse on-line. A mí al menos, me hubiese flipado verla.
         Al
comenzar el 3er y último round empiezo a notar barullo a lo lejos. Parece que
nuestros espectadores huelen que la sangre va a llegar pronto y eso les excita
sobremanera. 
Round, three, FIGHT !! 
         Y
en ese momento, la pared que nos separa empieza a subir lentamente. NO JODER,
pensé. No quiero pasar por esto una última vez. Ese cabrón del otro lado ya me
cae bien incluso sin verlo. Mientras hago retroceder a Ryu, echo un rápido
vistazo hacia abajo y veo sus pies. Unas Nike blancas salpicadas por
sangre…igual que las mías. Es evidente que ha tenido que pasar por el mismo
trance que yo para llegar aquí. Maldita sea colega, ¿qué coño te ha llevado a
meterte en esta mierda?
         Le
lanzo un Hadoken sin mirar a la pantalla, oigo que él hace lo mismo. Lo hacemos
3 veces más. Necesito ver quién está ahí. Intuyo que él también lo necesita,
porque la «guerra de Hadokens» desde lejos sigue sonando. Es
divertido hasta que fallas una vez y te comes el del otro. Yo no iba a fallar,
y sabía que él tampoco.
         La
pared ya llega a la altura del pecho. Lleva unos vaqueros y una camiseta.
Parece una perfecta fotocopia mía, y el caso es que no me sorprende. Debe ser
otro freak treintañero de los videojuegos, que se ha negado a envejecer y que
la sociedad le diga que esto son cosas de niños, que se dedique a cosas más
serias. Me vino a la mente una frase que dice: «No dejas los videojuegos
cuando te haces viejo, te haces viejo cuando dejas los videojuegos». Muy
bonita sí, me gustaría ver aquí al genio que se le ocurrió :-).
         Y
todo se precipitó…
         El
tiempo se acababa, y ya me disponía a ir a por él en plan Kamikaze, cuando la
pared subió del todo.
         Al
otro lado de la pared, mi fotocopia, que pensaba como yo, que sentía como yo,
que moriría como yo.
Que moriría por mí…
         Mi hermano.
         No
podría decir cuánto tiempo pasó, sé que serían segundos en realidad, que es lo
que duraba cada asalto, pero si me preguntáis, os diría que fueron varios
minutos. Me quedé helado, como nunca en mi vida. ¿Sabéis esos sueños en los que
intentas correr o gritar pero no puedes moverte ni articular palabra? Pues lo
mismo. Con todo el cuerpo como si fuera a estallar de la presión interna por
culpa de la sangre, lanzada a manguerazos por un corazón que sabía que le
quedaba poco para latir e intentaba dar su último recital. Y aún así… sin
poder mover ni un maldito músculo.
         Draw Game. Apareció en la pantalla. Mi hermano se
había quedado igual de inmóvil que yo, y el tiempo del 3er round había
terminado. Era raro llegar al 4º round en este juego, aunque a veces se daban
casos.
 FINAL ROUND FIGHT !!
         El juego nos apremiaba a seguir, pero ninguno
de los dos pudimos reaccionar. Sabíamos que todo había acabado. De repente, la
pantalla quedó congelada y el maestro de ceremonias emergió de entre las
sombras diciendo:
         -Damas y caballeros, sabemos cuáles son las normas, pero
debido a lo excepcional de esta final, permitiremos a los luchadores llevar a
cabo este último round. ¿Qué les parece?-
         Los vítores y aplausos que llegaron de la zona donde se
adivinaba al selecto público, dieron al carnicero la respuesta que esperaba.
          -No obstante, para
evitar que estos bravos participantes, tengan la poco noble tentación de ser
pasivos y dejarse ganar, qué cosa tan fea- sonrió el hijo de puta -Tomaremos
una última determinación- Chasqueó los dedos, y al momento se situaron junto a
mi hermano y a mí, unos tipos portando armas que apuntaron hacia nuestras
cabezas. -Si alguno se intenta dejar ganar o no se mueve, mataremos al otro de
inmediato-. Y volvió a sonreir. El cabrón sabía que éramos familia, y que
alguno de los dos se dejaría derrotar para salvar al otro. Y eso no era lo que
esperaban sus amiguitos. No había elección…
         El juego volvió a funcionar, y mi hermano y yo volvimos al
combate, como nunca, como siempre. Arriesgándonos al límite, contestando cada
golpe con una esquiva perfecta y una contra aún mejor. Ahora quedará cursi
decirlo, pero fue precioso.
         Quedaban 5 segundos y a cada uno nos restaba una brizna de
energía. Ryu en el borde de la izquierda, Ken en el borde de la derecha, el
escenario de Bison al fondo. Nos miramos en un fugaz instante, y supimos al
momento cómo iba a acabar.
         Corrimos a la vez hacia el centro de la pantalla y lanzamos
en el último segundo un ShoRyuKen que sonó tan jodidamente perfecto que era
como si los mismísimos luchadores hubiesen salido de la pantalla y nos lo hubiesen
gritado a la cara. En ese, instante un fogonazo de luz me dejó cegado. Habían
iluminado la habitación tan súbitamente que tardé unos segundos en volver a
enfocar bien la pantalla. Y en ella, allí estaban Ryu y Ken…tumbados en el
centro, uno frente al otro.
         La ovación que oímos fue atronadora. Si no fuese por lo
bizarro de la situación, me hubiese puesto a saludar al tendido, cual artista o
torero. Pero volví a la realidad, mi vida o la de mi hermano podía haber
terminado en ese momento.
         -Bravo, bravo, bravo !!- Se dirigió aplaudiendo hacia
nosotros nuestro ya «viejo» amigo, -Ha sido sin duda algo memorable,
digno de nuestra selecta organización. Tanto de hecho, que por primera vez en
nuestra corto tiempo de existencia, vamos a abrir la posibilidad de redención
para dos de nuestros honorables participantes-. El tío hablaba como si esto
fuera algo «normal», como si no hubiésemos llegado ahí engañados y
por la puñetera necesidad económica. Pero no podíamos hacer nada, salvo callar
y esperar. La cantidad de gente con armas en la sala se había multiplicado sin
nosotros ser conscientes de ello.
         -Estimado público, les ruego presten atención a las
pantallas mientras nuestros guerreros se dirigen al «callejón», no
pierdan detalle, todo será retransmitido en directo.- Si la ovación anterior
fue atronadora, el sonido que nos llegó ahora de la maldita gente en la
penumbra, bordeaba lo ridículo. Era una mezcla de risas histéricas, gritos,
golpes, algo que rozaba lo animal, no podría describirlo de otra manera.
         -Acompañadme.- Y con su chasquido de dedos los
«asistentes» armados nos hicieron gestos de que le siguiéramos. Sólo
pude abrazar a mi hermano durante un par de segundos antes de que nos empujasen
hacia unas escaleras que volvían a bajar. Esta vez nada de elegancia, una
escalera de metal vieja y oxidada, olor a humedad, goteras y telarañas nos
acompañaron los 3 o 4 pisos que descendimos. Al llegar abajo, una gran puerta
metálica como de almacén abandonado indicaba el final, junto a ella, dos
taquillas que recordaban a las de los institutos americanos.
         -Nadie había tenido el privilegio de llegar tan lejos,
enhorabuena.- Nos dijo mientras tiraba un fajo de billetes al suelo. Al final,
parece que saldríamos de esta con algo de dinero en el bolsillo.
         -Tras esa puerta, hay un callejón, en realidad varios
callejones, llenas de digamos «trabajadores» de nuestra organización.
No hay armas de fuego, son abyectas e indignas. Pero el principal objetivo de
nuestro personal, es evitar que quien traspase esas puertas llegue al final del
recorrido, cueste lo que cueste. Si lo conseguís, seréis libres de proseguir
con vuestras rutinarias y patéticas vidas.
         -Sonará ridículo, pero ¿podemos negarnos?.- Pregunté como si
hubiese la más mínima posibilidad de escapatoria.
         -Oh sí.- Respondió. -Firmasteis para un torneo de
videojuegos, y eso ha terminado, esto es un plus. No sé si querréis negaros,
pero sólo es un plus.- Su sucia sonrisa cínica me hizo hervir la sangre. Y me
acercó mi teléfono móvil. Estaba sonando la canción «Carrie», el tono
de llamada personalizado que le tengo asignado a mi novia (sí vale, es una
cursilada, pero yo no me he metido en vuestra vida). Intenté hablar con ella,
pero a ella no le llegaba mi voz. No se le entendía bien, estaba histérica.
Lloraba, y tiritaba y con la voz entrecortada le entendí algo de que la habían
secuestrado y la tenían atada en un sitio sucio y húmedo. Que por Dios que la
sacaran de allí, que había dos tipos enormes que…y se cortó la llamada. Miré
al puto carnicero y cuando estaba a punto de arrancarle su jodida cabeza,
señaló hacia las taquillas y dijo:
         -Si queréis que ella también salga viva de aquí, vuestros
trajes están ahí mismo, buena suerte hermanos.- Se giró y comenzó a subir las
escaleras como si nada. Me daba igual todo, iba a acabar con él ahí mismo, pero
los putos guardas armados volvieron a interponerse. -JODER, JODER, JODER-. Dije
entre dientes mientras me dirigí a las taquillas. Mi hermano ya había abierto
una de ellas. Sacó de su interior una especie de traje de Kárate sin mangas.
Era totalmente azul. Me miró con una sonrisa pícara. Sacudí la cabeza mientras
abría la mía. -Putos locos.- dije. En mi taquilla había exactamente el mismo
traje, pero rojo por supuesto. Nos pusimos los trajes, parecía que habíamos salido
de un festival de cosplay de tres al cuarto. Los trajes, pese a todo, nos
quedaban como un guante.
         -No queda otra.- le dije mientras empujaba la puerta y me
llegó un asqueroso olor a humo y alcohol. ¿El panorama? Pues lo que imaginaba,
un sucio callejón con farolas rotas cuyas luces parpadeaban, graffitis en las
paredes, periódicos y vasos de plástico por el suelo…
          -Qué me dices, ¿me
echas una mano a patear unos cuantos culos Billy?- Él, por supuesto, entendió
la referencia, y chocándome el puño me dijo: -A por ellos Jimmy.- Y me sonrió
como hacía años que no hacía.
         A lo lejos me pareció ver a un par de tíos con bates de béisbol,
y a otros más se les oía gritar y gruñir más lejos aún. Que Dios les ampare si
piensan que eso les va a proteger de nosotros sabiendo que tienen a mi novia al
final de todo. Novia que también fue de mi hermano en un principio, pero eso no
viene al caso. Ya nos peleamos alguna vez en su día por ella, pero lo hemos
superado. Cosas de familia. Y ahora vamos a superar esta mierda. Juntos como
nunca. Como siempre.
         Pero esa es otra historia, y como decían en «La
Historia Interminable», merece ser contada en otra ocasión…

        
Por Carlos Falcón
Relato basado en >> Final Fight – Street fighter – Double Dragon <<

Por Mario Landflyer

Doctor en Filosofía. Campeón del mundo de futbolín. Mira la magia de mi melena. Practico el deporte y la cultura. Rey Emérito de Orgullogamers.

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