Uncharted 3: La Traición de Drake

¡El mes de noviembre de este 2021 empieza con Nathan Drake celebrando aniversario! 10 años de Uncharted 3: La Traición de Drake.

Uncharted 3: La Traición de Drake es el juego que cerraba una de las mejores trilogías de su generación. Esta tercera entrega siempre ha llevado el lastre de ser comparada con la segunda parte, que suele ser elegida como preferida por fans y crítica. Sí, ‘El Reino de los Ladrones’ dejaba el listón muy alto, pero esta última aventura continua de manera sobresaliente las aventuras de Nate.

Es probable que si tenéis (o habéis tenido) una PS4 hayáis probado la trilogía de Uncharted, ya que el año pasado fue regalada gracias a la iniciativa ‘Play at Home’ de Sony, debido a la pandemia mundial. Habiendo disfrutado en PS3 de los originales, hace poco me pasé del tirón los tres juegos remasterizados en PlayStation 4. Este broche final (hasta la llegada de la cuarta y definitiva entrega) nos llevó a lugares tan emblemáticos como el desierto de Rub al-Jali o la “Atlántida de las arenas”, conocida en el juego como ‘Ubar’, uno de sus tantos nombres. También pudimos conocer a una versión de nuestro protagonista más joven y vivir el momento en el que Nathan conoció a nuestro querido Sully.

Uncharted 3: La traición de Drake - Ubar

Uncharted, el Indiana Jones de los videojuegos

Uncharted nunca ha tenido la pretensión de ser una obra compleja y llena de matices; siempre se ha mirado de tú a tú con los clásicos Hollywoodienses de acción. Lejos de lo que buscaban otras obras, como The Last of Us (el siguiente juego del «perro travieso»), las historias de Nathan Drake siempre han estado enfocadas a la aventura. Casi como un Zelda en la vida real, solo que con nazis. Perdón, ¿he dicho nazis? Sí, en la primera entrega nos metíamos en un bunker abandonado perteneciente a éstos pero, lejos de algún viejo cadáver, no veíamos a ninguno.

Y estoy cien por cien seguro de que, si el juego hubiese estado ambientado en la década de los ’30 del pasado siglo, habrían sido los enemigos principales. O rusos, si se hubiese situado a partir de los años 50. Porque si Uncharted bebe del cine es, sin duda, de Indiana Jones. Nathan es el Indy del siglo XXI: aventurero, sin miedo, siempre teniendo el comentario ingenioso preparado, y adorador de ir en busca de tesoros. La primera entrega apuntaba a que sería un ligón como su contraparte en el cine; por suerte, Elena Fisher ha sido algo más que un interés amoroso, convirtiéndose en un personaje con personalidad propia. También, eventualmente, llegando a ser la relación entre ambos una parte importante en la trama.

La comparación es tal que, en la tercera entrega de ambas sagas, se ve al protagonista de adolescente robando un importante tesoro. Incluso puede verse el diario que ambos suelen llevar encima, con importantes anotaciones, que en el juego es esencial para algunos puzles. Ese aire de aventura y viaje por distintos lugares del mundo, prestados de las películas de Steven Spielberg, es parte del ADN de Uncharted. Por suerte, podemos decir que la cuarta entrega del videojuego es sobresaliente, a diferencia de Indiana Jones 4. Cosas de la vida.

Nate y Sully

«Todos los hombres sueñan, pero no igual»

Uncharted 3 tiene, sin duda, el segundo mejor arranque de la saga; es imposible competir con la escena de Drake despertando en un tren a punto de despeñarse por un acantilado. Ver a Nate y Sully vestidos de gala ya prometía, pero verlos enzarzados en una pelea después de un intercambio fallido era un anticipo de todo lo que estaba por venir. Por primera vez en la saga pudimos meternos en la piel del Nathan adolescente, que ya apuntaba maneras con su pícaro carácter. El inicio del juego también sirvió para introducir a los villanos: Katherine Marlowe y Talbot.

No es un juego que vaya de menos a más. Tiene un inicio trepidante, que pone las cartas sobre la mesa desde el principio, con momentos tan turbulentos como todo el capítulo cinco, que se desarrolla bajo el metro de Londres y sigue siendo una de mis partes favoritas del juego. Aunque pronto empieza a cambiar de ritmo y relajarse, ya que la búsqueda de la ciudad perdida tomará tiempo, cambios de localización y algún que otro puzle.

Uno de los elementos en los que destaca Uncharted 3, es en los personajes secundarios. Un ejemplo lo tenemos en la vuelta de Chloe Frazer, uno de los personajes principales, que esta vez toma un papel poco relevante, ya que antes de la mitad del juego decide retirarse de la aventura. Lo mismo que Cutter, amigo de Nathan y Sullivan; un tipo duro pero muy carismático desde el inicio del juego. El personaje, que tiene gran parecido con el actor Jason Statham, iba a tener un papel mucho más importante en la trama. Por desgracia, Graham McTavish, el actor encargado de darle vida a Cutter, abandonó el desarrollo de Uncharted 3 debido a otros compromisos profesionales. Sin duda, una verdadera lástima, porque podría haber tenido mucho más peso.

Una aventura muy continuista, pero más ambiciosa

La trama se sustenta sobre el trío protagonista: Nathan, personaje principal sin ningún tipo de duda; Victor Sullivan, que vuelve a ser clave, ya que en la segunda entrega pasó muy desapercibido; finalmente, Elena Fisher, que no aparece hasta el episodio 10, pero es imposible no incluirla como protagonista. Al final, el peso de Elena en la saga acaba siendo decisivo en cada entrega. Para mí, es el mejor personaje de toda la trama; imposible no sentir felicidad con el futuro que tiene junto a Nathan al final de ‘El desenlace del ladrón’.

Pese al gran resultado final Uncharted 3 resulta, en algunos momentos, ‘demasiado ambicioso’. No tiene por qué ser algo precisamente malo, ya que estamos acostumbrados a ver situaciones poco realistas (me creo todo el episodio del avión, pero que los personajes hagan tremendo parkour y trepen mejor que Tarzan, no).

Otro momento en el que pusieron toda la carne en el asador es en la persecución del convoy durante los compases finales del juego. Nathan rescatando a Sully mientras los vehículos van a todo trapo. ¿Dónde he visto eso antes? Ah, si… en Indiana Jones y la última cruzada, justo la tercera entrega del arqueólogo más famoso del cine.

Nathan Drake, un nombre grabado a fuego en nuestra memoria

Uncharted nos ha dado muchas horas de diversión pese a que, individualmente, cada juego es bastante cortito. Esto es un hecho que me encanta: un juego con «X» horas de duración que no mete zonas de mapa para alargar el juego artificialmente; aunque sí las vimos más adelante en la cuarta entrega y, por suerte, muy bien implementadas.

Cuando uno acaba de jugar Uncharted 3, no le queda el sabor del juego; le queda el de los tres juegos. Pese a que el primero se queda atrás, al jugarlos del tirón he disfrutado este último mucho más que la primera vez en mi PS3. Al mirar atrás, recordamos todos los momentos vividos junto a Nathan, Sully y Elena, los personajes imprescindibles de la saga, y también otros queridos personajes y momentos de locura. Nepal, Madagascar, Turquí, India… tantos lugares de ensueño visitados…

El Dorado, Shambala, la Atlántida de las Arenas. Ubicaciones que, gracias a Uncharted, podemos ver con tan solo cerrar los ojos. No es una saga de la que hablar en cuanto a calidad técnica (que, por supuesto, derrocha); son juegos que hay que disfrutarlos como una buena película de acción. Saboreando cada segundo de exploración, cada puzle, las relaciones entre los personajes…

El legado que Naughty Dog ha dejado con esta saga es difícil de igualar, aunque es algo que ellos mismos han conseguido en cada generación con sus diferentes sagas. Siempre que queramos aventuras, ahí tendremos a Nate y compañía para revivirlas. Feliz décimo aniversario, Uncharted 3.

 

Por Jorge Ruiz Diaz

Siempre detrás de una pantalla, escribiendo o jugando.

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