Muy buenas queridos lectores de Orgullogamer, hoy les presentó la primera entrada de lo que será la categoría «Debajo del radar», una sección donde escribiré críticas sobre distintas películas que a mi gusto son excelentes y nunca tuvieron el empuje mediático para ser vistas, o simplemente no tuvieron «punch» en carteleras.

He ido al cine en cuantiosas oportunidades, en las cuales muchas de las veces he salido de ahí con sensaciones muy particulares. En ocasiones es inspiración, en otras inverosimilitud, y en distintas incluso conmoción. Pero es muy rara la vez en la que salgo feliz de la sala. Y uno de esos momentos, fue cuando avisté Moonrise Kingdom.

Estrenada en Julio del 2012, Moonrise Kingdom
resaltó por su singular estilo de comedia y
elaborado guion
Esta producción dirigida por Wes Anderson, nos lleva al epicentro
de una isla fantástica llamada New Penzance, donde dos jóvenes de 12 años, un
niño scout (Sam) y una chica librófila (Suzy), escapan de sus monótonos estilos
de vida  para recorrer el largo del país
lleno de paisajes naturales y costas vírgenes, que culmina en un viaje que los lleva
a conocerse a sí mismos, y encontrar el amor de por medio.

El estilo del director norteamericano desde el filme
«The Royal Tenenbaums» es ampliamente denotado como un estilo de
comedia, con unos toques negros en ocasiones, pero divertido para quienes
llegan a encontrarle el sentido. Repiques afables muy tenues los incrusta al
fondo de una historia que en sus bases objetivas, es muy depresiva. Pero las
constantes intrusiones humorísticas cambian de perspectiva todo el panorama
cinematográfico.

Sin embargo, la belleza de esta cinta radica en la inocencia
de ambos muchachos. Las pláticas tan sencillas que tienen, mientras se
desarrollan en un ambiente natural y casto, así como la fantasía que tiene cada
pubescente al tratar de descubrir su lugar en el mundo,  incluso la adyacente interacción que poseen y
que gradualmente finaliza en el enamoramiento puro de dos adolescentes
cándidos.

La ponderación de los colores es uno de los toques únicos de
Wes Anderson
Pero también, otro de los ejes preponderantes a lo largo de
la película es la delicadeza de los colores en cada una de las secuencias.
Todas las tonalidades impensables tienen cabida, ya que se diluyen
paulatinamente de acuerdo al ambiente escénico. En una atmósfera lluviosa y
peligrosa, el matiz se equidista en los azules grisáceos, mientras que en otra,
soleada y alegre, se denotan los amarillos con sus ramas consecuentes, los
dorados hacen un compás hermoso con los verdes álgidos.
Los paisajes en el filme son una esplendidez visual, y se le sacó
el máximo provecho al estado americano de Rhode Island,
donde tomó lugar el rodaje.

No obstante la incorporación de vestimentas de los
personajes rompe el ciclo, y por si mismo provoca que los colores pasteles y
brillantes se adhieran de manera exótica al 
éter dramático secuencial. La inclusión y diversificación de los
pigmentos aprecia y se adecua de manera perfecta a lo largo del filme. Como por
ejemplo, lo aceitunado del uniforme militar de Sam junto a lo naranja rosado de
la puesta de sol.

La amalgama de distintos pigmentos culmina en la creación
de panoramas y ambientes extraordinarios.

En conclusión, Wes Anderson manufacturó un rodaje de
proporciones inimaginables, ya que la integración de actores con una vasta
experiencia en el cine de la academia como Bruce Willis, Bill Murray y Edward
Norton hacen de la vista una experiencia cinematográfica armoniosa, y digna de
concentración para los detalles. Por lo que el hecho de ser nominada solamente
al mejor guion en los Oscares, la convierte en una proyección muy subestimada…

Por Redacción Orgullogamers

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