Cookie Cliker

Cookie Cliker y el triunfo de lo sencillo

Buenos días, tardes y noches, queridos orgullosos. Hoy quiero traeros una sencilla pregunta, ¿está bien qué juguemos a cualquier videojuego? Y la respuesta también os la doy yo: Sí, y de los rotundos. Por ello voy a hablaros de Cookie Cliker y de cómo valoramos este tipo de experiencias.
 
Los videojuegos existen con una finalidad principal: entretenernos. Da igual si hablamos de un juego considerado de culto, una obra de arte, una obra maestra, un GOTY o un sacacuartos de dispositivos inteligentes que bien podría catalogarse de casa de apuestas portátil.
 
Por ello, lo que diferencia uno de otros es el objetivo de público al que alude. Hay gente que somos apasionados, muy apasionados de este hobby tan precioso, por lo que somos más de lanzarnos a la nueva entrega de «X» saga favorita, al juego del autor de nuestra infancia o buscamos experiencias novedosas dentro del campo indie, hastiados de la normalización de mecánicas e ideas que predominan entre los AAA.
 
Pero también existen (y tienen la misma importancia) otros espectros de público. Aquellos que ven los videojuegos como su «cometiempo» de 30 minutos al día, metiéndose en sus teléfonos móviles a farmear ese coleccionable o experiencia. Todos estamos aquí y las desarrolladoras producen videojuegos para cualquiera.
 
Sin embargo, la cuestión que realmente os quiero plantear es la siguiente: ¿Cuántos de nosotros llevamos en este hobby infinidad de años y no tenemos tiempo? Quiero decir, empezamos en esto siendo niños y ahora somos adultos hechos y derechos con nuestro trabajo, familias y prioridades más importantes que sentir el éxtasis de un buen videojuego. El tiempo, amigas y amigos, es una clave imperativa entre los «gamers» veteranos. Una clave que escasea y que debemos medir bien en qué invertirla.
 
Os contaré desde mi experiencia personal el por qué de que Cookie Cliker haya calado tan hondo en mí. En la búsqueda de gestionar mi tiempo con los videojuegos, este me es tan escaso que el simple hecho de desprecintar un juego pendiente al que le tengo muchas ganas o encender una consola que tengo desenchufada es una barrera que ya me frena a la hora de disfrutar. Trabajo desde el ordenador y normalmente juego ya desde aquí por simple comodidad (otro factor importante a la hora de disfrutar de este hobby).
 
Sin embargo, estas últimas semanas están siendo de las veces que más ocupado me encuentro en lo referente a tareas de persona mayor. Y, de repente, apareció Cookie Cliker para decirme: mira, muchacho, me juego casi yo solo, tu único deber es hacerme casito de vez en cuando para que juegue mejor y más rápido, ¿qué te parece? Por supuesto, mi respuesta ha sido la de un «sí quiero» legendario.
 
Este videojuego es tan simple como su logo: una galleta. La experiencia versa en clicar en la imagen de esa galleta para que esta origine más galletas. Cuántas más galletas tengamos, más podremos invertir en mejoras de todo tipo: contratar abuelas para que horneen más galletas, hacer cosechas, socavar en minas de chocolate, crear fábricas de manufactura de galletas, etc. Conforme vamos invirtiendo galletas en esto, más serán las que consigamos por segundo y por «clics» del ratón.
 
Lo que da lugar a una vorágine viciosa de dar galletas para amasar más galletas. Una ciclo infinito que nunca apaga tus ganas de querer más y más galletas. En cierta parte, es similar al proceso de minar cryptos, pero desde una perspectiva puramente lúdica y que, por supuesto, no necesita de tanto tiempo y capacidad de procesamiento.
 
O, dicho de otra forma, este proceso de inversión y recompensa tan fluido genera una sensación de satisfacción constante que se va agrandando conforme adquirimos propiedades o mejoras más costosas. Es una idea simple que se desarrolla en el tiempo sin evolucionar porque no lo necesita; funciona tan bien con tan poco que no podría catalogarla sino de una experiencia puramente redonda.
 
Una vez explicado su funcionamiento entendéis que es un «caramelito» para la gente que, como yo, tenemos un tiempo escaso. Porque fuera bromas, es una bendición el poder gestionar en un minuto lo que precisa de ti un videojuego para no tener que dejar de hacer otras cosas que sí requieren tu tiempo y atención completa.
 
Por supuesto, esto es algo que va con la persona, o mejor dicho, con el momento de la vida de cada persona. Que me pida la cabeza este tipo de juegos ahora no invalida que llegue el domingo y quiera pegarme 4 horas de partida a algo más complejo como un JRPG de PlayStation 4.
 
Porque, a fin de cuentas, lo bonito de este hobby es que tenemos experiencias tan heterogéneas y plurales que podemos disfrutar de los videojuegos sin importar nuestros gustos, estado de ánimo, necesidades o el momento de la vida en el que nos encontremos. Por ello también, es una pena que existan ciertas comunidades que inviertan esfuerzos en etiquetar lo que es un buen videojuego o no, aunque ya sabemos que la mejor arma contra las comunidades tóxicas es anularles el altavoz.
 
No puedo acabar este texto diciendo que sí, orgullosos, mientras escribía estas palabras tenía Cookie Clicker de fondo, farmeando riquísimas galletas de chocolate que no me voy a comer, sino que las invertiré en comprar más laboratorios de alquimia para obtener aún más galletas. Siempre más galletas.
 
Noticias: Incautan misteriosas galletas ilegales. Según la policía estaban malísimas.

Por Marcos Casal

Intentando que no se rompa Orgullogamers mientras todos escribimos.

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