Lágrimas de hielo es el título del nuevo relato enviado a la redacción de orgullogamer. Como cada miércoles, viajamos al mundo de los videojuegos a través de la lectura.

«Lágrimas de hielo»

Muy buenas a todos. Otro miércoles más llegamos puntuales a la cita con la literatura. En esta ocasión nos acompaña Gaerwenill, autora de «Lágrimas de hielo»  y nos invita a adentrarnos en este fascinante relato para contarnos la aventura transcurrida en los mundos de…ah!! eso tendréis que descubrirlo vosotros mismos. La solución, al final del relato. Os dejo con Gaerwenill.

Lágrimas de hielo
Hace más de cinco años que el
joven príncipe Arthas nos visita, la amistad que le une a mi señora Jaina es ya
más que comentada entre las gentes de Stormwind.
Sus salidas a caballo, sus
cacerías, excursiones y escapadas nocturnas habían hecho de mi señora, el
príncipe Arthas, Strum su escudero y yo «Lardane» un equipo
inseparable.
Cinco años…cinco años y aún sigo
poniéndome nerviosa aguardando la hora de su llegada, aún sigo temblando al oír
los cascos de su caballo, aún sonrío al recordar su voz…aún le amo…..
Estoy loca lo sé, sé que es un
imposible, él es de sangre noble y yo una plebeya, él es un futuro rey y yo una
simple criada, él es un héroe y yo….una simple mortal.
No podemos olvidarnos de
ella….tan perfecta, amable, simpática, valiente, mortal con la magia y ágil
con la espada, con una melena que recuerda a los campos de trigo de Westfall,
sus ojos azules como las aguas del lago Elune’ara, tan solo con su voz puede
hacer estremecer a cualquier hombre, solo hay que fijarse en la guardia, cada
vez que ella camina por alguno de los aposentos, no pueden evitar seguirla con
la mirada, incluso el más atrevido ladea un poco la cabeza para poder seguir
admirando su belleza al alejarse.
¿Qué puedo ofrecerle yo? nada,
¿cómo iba a fijarse en mi teniendo a su lado a un ángel en la tierra? Una unión
que haría feliz a todo Azeroth, tengo que olvidarlo, tengo que dejar de pensar
en él, es como querer abrazar a la luna, un imposible….
-Lardane ¿todavía así?
Mi señora Jaina, ha entrado en
mis aposentos y ni siquiera me he dado cuenta de ello, estaba soñando despierta
como siempre.
-Disculpad señora, ahora mismo
acabo de arreglarme.
-Jajajaja ,¿ahora mismo? tiene
que ser ya querida mía, el príncipe ya está en el jardín, impaciente con un
regalo para ti-comenta con un tono burlón.
-¿Para mí?-sorprendida, eufórica
y torpe, al oír esto y darme la vuelta rápido para ver la cara de mi señora,
mis pies se cruzan entre ellos, haciéndome caer sobre mis posaderas
-Jajjajajaja ¿estás bien mi niña?
– me pregunta con una mirada entre divertida y preocupada, tenemos la misma
edad pero siempre se refiere a mi como «mi niña» cariñosamente.
-¿Acaso te extraña que el príncipe tenga un detalle contigo? Después de todo lo
que tienes que aguantarle cuando se pone fanfarrón contándote sus batallitas.
-¡¡¡¡¡¡¡Pero si a mí me
encantan!!!!!!!-mi énfasis me delata, la suerte que tengo es que mi señora sabe
que los que no hemos vivido ciertas aventuras, es lógico que caigamos
embrujados ante dichos relatos.
Salimos corriendo del castillo y
allí esta él…Alto, fuerte, una sonrisa que me hace estremecer, vestido con
ropajes menos ostentosos que de costumbre para un príncipe, pero con un porte
que lo hace destacar entre cualquier otro hombre.
-¡Vaya, vaya! ¿Qué tenemos aquí?
si es mi pupila preferida-Arthas es paladín, alumno del gran Uther, quien, al
ser amigo de mi padre, me protege y enseña como a una alumna más, siendo que a
nosotros no nos está permitido ese tipo de aprendizaje, ya que solamente los
nobles pueden ser paladines.
-Siento haberos hecho esperar
alteza, no me di cuenta de la hora, os pido mil disculpas-me tiembla la voz, el
cuerpo, noto como me sonrojo e intento que al bajar la cabeza en una reverencia
mi pelo consiga tapar todo mi rostro.
-¿Todavía así ?¿alteza? Lardane,
son muchos años ya…te dije hace tiempo que por favor estando nosotros 4 no me
trataras como al príncipe sino como al hombre.
Al oír «hombre» me
pongo más nerviosa si cabe, un escalofrío recorre mi cuerpo y no puedo ni
articular palabra.Se acerca a mí y con cuidado, poniendo su dedo índice en mi
barbilla me levanta la cara para que le mire, sus ojos verdes como las
esmeraldas se clavan en los míos como si pudieran desnudar mi alma.
-Anda no seas tonta y mira-gira
mi cabeza hacia la derecha-¿ves ese corcel blanco? es tuyo
-¿para mi? yo…pero….no
teníais por que……
-Si que tengo porque hacerlo, el
tuyo siempre se queda atrás y Strum siempre tiene que ir a por ti, aunque creo
que en el fondo le gusta ir a buscarte, así tiene un momento para estar a solas
contigo ¿verdad viejo amigo?
-Mi señor….yo….-Strum no sabe
ni que decir. Jaina y Arthas siempre bromean sobre la buena pareja que hacemos
y mi señora me comenta a menudo que Strum siente algo más que una amistad por
mí.
-Su nombre es Luna-me dice
mientras cogiendome levemente por el hombro me lleva hacia su regalo-es una de
mis mejores yeguas y quiero que la tengas tú.
-No sé qué decir…..mi
señor…..
-Pues no digas nada, móntala y
salgamos a probar si es tan veloz como me han asegurado.
-Si, mejor salgamos ya que a la
hora de la cena tenemos que estar de vuelta ¿qué sería  de un banquete si el invitado de honor
llegara tarde?
Pasadas unas horas regresamos al
castillo y nos fuimos a los aposentos a cambiarnos, Jaina y Arthas a ponerse de
gala y yo mis ropajes de sirvienta.En la cena, la mirada de Arthas cambia al
recordar la masacre de Stratholme.
-En aquel momento juré venganza y
por los dioses que la cumpliré-su voz cambia, se vuelve entre triste y
fiera-aunque tenga que vender mi alma no permitiré que la plaga continúe….
La charla se convierte en
discusión, los temas a tratar cada vez son mas duros, oscuros, se habla de muerte,
pueblos enteros envueltos en llamas, malditos….La noche llega a su fin, los
invitados se despiden, semblantes serios, miradas llenas de miedo, susurros y
en unos pocos segundos un silencio sepulcral.Hace rato que no veo a Arthas, por
lo que supongo que se habrá marchado con los demás invitados, pero allí esta;
ni en mis sueños habría podido imaginar verle así, apoyado en su maza cabizbajo
pensativo en el quicio de mi puerta.
-Mi señor….
-Shhh, no digas nada, yo no he
estado aquí-me dice dulcemente mientras me acaricia la cara con su mano
desnuda-y jamás he hecho esto-
Se acerca a mi, sus ojos no se
apartan de los míos, levanta mi barbilla y me besa ,me rodea con su brazo y me
aferra contra él como si tuviera miedo de que nos separaran….para siempre.
-Me marcho mañana y no se…
-Arthas…..no…..
-shhhhhhhh, aunque me encanta oír
mi nombre de tus labios, no digas nada , hace tiempo que deseaba hacer esto y
como no sé lo que pueda encontrar en mi viaje, quería llevarme esto conmigo.
Vuelve a besarme, esta vez
apasionadamente.
-No olvides que debajo del
príncipe hay un hombre, y ese hombre te pertenece te ha pertenecido y te
pertenecerá siempre…adiós amada mía…siento que esto haya pasado en estas
circunstancias créeme….
Mis ojos se llenan de lágrimas,
él recoge una con uno de sus dedos y la besa
-Esta es el agua bendita que me
dará poder para enfrentarme a lo que quieran los dioses que tenga que
enfrentarme.
Dicho esto, se da la media vuelta
y se marcha, un silencio se apodera de mi mente, de mi corazón, una sensación
de que jamás volveré a verle…no puedo pensar en eso, no puedo perderle, ahora
no. Al alba, están los barcos preparados para la partida, lo sé, no debo
hacerlo, si me cogieran sería peor que cualquiera de los males a los que puedan
enfrentarse, pero tengo que intentarlo, tengo que decirle tantas cosas. Pasan
varios días y el hambre y el cansancio hacen mella en mi, escondida detrás de
unos barriles caigo rendida. Me despierto sobresaltada, no sé cuánto tiempo ha
pasado desde que me dormí, si han sido horas, días…tengo que salir de aquí. A
bordo solo quedan los marineros que están con sus faenas en cubierta. Salgo
como puedo sin ser vista, cojo uno de los caballos del muelle y parto sin saber
a donde. 
Hace frío. el sol se refleja en el blanco suelo, la nieve me ayudara a
poder seguir las huellas de la patrulla que ha acompañado a Arthas donde quiera
que haya ido, son recientes, tengo suerte, podré encontrarle. Empieza a nevar,
con el frío casi no noto mis manos que se sujetan a las riendas con fuerza,
como si en ello me fuera la vida….en ello me va la vida….Los caballos están
apostados en la entrada a una cueva, estalactitas de hielo me reciben como si
las fauces de una fiera me invitaran a ser el postre de un suculento banquete….Tengo
miedo, oscuridad, unas voces que susurran en algo que no entiendo, creo que el
frío me ha afectado más de lo que creo y mi cabeza no responde a la razón.
Un olor fuerte y extraño invade
toda la estancia, al arroparme miro al suelo y descubro…¡¡sangre!!Huellas de
una batalla, pisadas, piezas de armaduras, armas, pero ni rastro de los
cuerpos, ni de Arthas…De repente llego a una cámara enorme, iluminada por una
luz azul que dibuja sombras tétricas en las paredes, alguien de rodillas
apoyado en una espada, en el centro, mirando al suelo, una melena larga y
blanca como la luz de la luna.
Entonces me doy cuenta, la espada
sobre la que está apoyada aquel hombre es Frostmourne, la espada maldita la
cual otorga un inmenso poder, pero a cambio corrompe el alma, y el hombre que
la sujeta es…no….por favor…
Me acerco un poco más y mis
miedos se convierten en la mayor de la tristeza jamás sentida por nadie…es
Arthas. Sin querer suelto un quejido, me pongo a llorar y él se gira
bruscamente, como el movimiento de un lobo que acaba de oler a su presa.
-¿Quién eres?-su voz suena a
muerte
-Arthas, soy yo, Lardane ¿Qué has
hecho?-le digo mientras me acerco y sin parar de llorar
-¿Que he hecho? Lo que juré
hacer, ahora tengo el poder para vengar todo el mal que se ha cometido, todo lo
que corrompe esta tierra.
-Pero tú, tu ahora eres el
corrompido, deja esa espada y vuelve conmigo, te lo suplico
-¿Contigo? ¿Qué puede ofrecerme
una simple sirvienta mortal? Ahora soy invencible…corre, huye y cuéntale a los
tuyos lo que aquí has visto, te dejaré vivir para que la gente sepa lo que se
avecina en este mundo lleno de pestilencia y muerte.
-Por favor Arthas, no puedo vivir
así ¿Qué hay de lo de la otra noche? ¿no recuerdas nada?
-Si, claro que recuerdo y esa
charla fue lo que me abrió los ojos, de esa noche no recuerdo nada más…
-Entonces si no recuerdas nada
más, no merece la pena vivir, pero moriré en el intento de que vuelvas a ser el
que eras…
Corriendo con todas mis fuerzas
me acerco a él y pongo la mano sobre la espada, un frío mortal entra por mis
dedos y me sube por el brazo, el dolor es intenso pero quiero arrancarle la
muerte de entre sus manos.
-¡No la toques insensata, este
poder es mío y ni tu ni nadie podrá arrebatármelo!
Diciendo esto levanta la espada y
mientras la clava en mi corazón, mi último aliento sirve para decirle cuanto le
amo y le he amado.
Por unos segundos su mirada
cambia, vuelvo a ver esos ojos color esmeralda tras esa luz mortal que
desprenden ahora que ya no es él.
-Lardane…-su voz vuelve a la
normalidad -¿Qué he hecho?……
Oscuridad….silencio…no siento
dolor…solo paz…morir entre los brazos de mi amado, los dioses saben que
intenté que volviera, pero la sed de venganza es mayor que el poder del amor.
Cuenta la leyenda que de esa
lágrima derramada por  Arthas y  que al caer al suelo se convirtió en hielo,
surgió una de las armas más poderosas de todo el reino, un cetro de hielo que
consigue que quien lo porte se convierta en el mago más poderoso jamás visto.
También cuenta otra leyenda, que
Jaina fue en busca de su sirvienta y de su buen amigo, casi hermano Arthas y
encontró dicho cetro…pero eso es solo otra de tantas leyendas.
Relato basado en >>el universo Warcraft<<

Por Mario Landflyer

Doctor en Filosofía. Campeón del mundo de futbolín. Mira la magia de mi melena. Practico el deporte y la cultura. Rey Emérito de Orgullogamers.

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